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Entre otras muchas cosas, también ha servido para profundizar aún más en la desigualdad mundial: COVID-19, EL VIRUS DE LA POBREZA

José María Sánchez

La pandemia provocada por el coronavirus suma ya cientos de miles de víctimas mortales y millones de infectados en el mundo, pero su avance también está agravando la desigualdad y la pobreza. El confinamiento impuesto para evitar la expansión del virus ha paralizado las economías y, como es habitual, los más afectados son las personas más vulnerables. Muchas se han quedado sin trabajo. Sin un sueldo, y si no tenían ahorros, es complicado poder afrontar los gastos mensuales, como el alquiler, la hipoteca, las facturas o incluso la compra de comida.

Instituciones internacionales prevén que la desigualdad y la pobreza serán aún más evidentes en los próximos meses. Por ello, los gobiernos han anunciado ayudas y políticas contra la pobreza. El impacto de los meses de confinamiento ha sido desigual para la población según su nivel de ingresos. Los que menos ganan, y en consecuencia los que menos pueden ahorrar, se han encontrado con una crisis inesperada de un día para otro. Esta difícil situación se suma a la pobreza que había dejado la última crisis económica, que empezó en 2008.

La Organización Mundial del Trabajo (OIT) ha pronosticado para este año la pérdida de 12 millones de empleos a tiempo completo en Europa, de manera definitiva o temporal. En otras partes del mundo, según la ONU, existe el dilema de trabajar, arriesgando la salud o perder completamente los ingresos. Estas situaciones empeoran la precariedad de los que ya viven en peores condiciones, obligando a millones de personas a depender de la caridad para alimentarse y tener acceso a suministros. Asimismo, las desigualdades también se manifiestan en la salud. Las personas que viven en barrios de nivel socioeconómico más bajo han sufrido en mayor número los contagios de Covid-19. En muchos casos no tienen más remedio que vivir confinados en apartamentos pequeños con muchas personas.

Esta nueva realidad que ha traído consigo la Covid-19 ha trastocado los planes de todo el mundo, tanto en el terreno personal como en el laboral. Un gran ejemplo de ello lo encontramos en la directora de la Fundació Trobada, Noelia Hernández, máxima responsable del único albergue que existe en el este de Mallorca. Hace apenas unas semanas, la directora de este albergue comentó a este medio los grandes cambios que se habían producido en su trabajo desde que la pandemia entró en nuestras vidas, haciendo un especial hincapié en el engrosamiento de la lista de espera del centro, la cual se había triplicado en estos últimos meses. Todo esto ha provocado que el trabajo en la Fundació Trobada se haya vuelto mucho más complejo que de costumbre, algo difícil de superar después de muchos años complicados a causa de las secuelas provocadas por la crisis del año 2008.

“Además de las medidas preventivas en relación al Covid, están siendo unos meses especialmente difíciles por tener que adaptarnos a nuevos ritmos para acompañar a las personas usuarias de nuestro servicio, las citas tardías a otros servicios, los trámites de solicitudes diversas de tipo telemático, etc. Todo ello conlleva que se ralenticen todos los procesos”. Pero eso no es todo. Y es que más allá de la lentitud vinculada a numerosos trámites administrativos o a la evidente saturación del servicio, existen otros conflictos que se han visto sumamente agravados con la llegada del coronavirus.

“Este año apenas hemos tenido usuarios que hayan encontrado trabajo en estos últimos meses; de hecho, nos hemos encontrado con muchos casos en los que hubiera sido relativamente fácil poder realizar una inserción laboral aunque fuera de temporada, y a consecuencia de la epidemia, sacar adelante todo esto casi se ha convertido en una misión imposible. Del mismo modo, otro trabajo añadido ha sido el acompañamiento psicológico, el cual ha sido muy intenso en estos últimos meses, ya que nos hemos encontrado con muchas personas que han tenido (y tienen) que gestionar otras dificultades en su vida como haber perdido su hogar, su familia, tener otras enfermedades, etc.”, señala la directora del albergue manacorí.

¿Cómo gestionar una pandemia?

Si nos centramos exclusivamente en la realidad balear, existe un organismo del Govern que en estos últimos ocho meses se ha dedicado de forma casi exclusiva a gestionar los daños producidos por la pandemia en las islas. Hablamos del IMAS (Institut Mallorquí d´Afers Socials), una entidad que pertenece al departamento de Derechos Sociales del Consell de Mallorca. Durante todos estos meses, las medidas del IMAS se han dividido en aquellas que buscaban mejorar la economía familiar, que tan maltrecha se ha visto por el virus, así como otras medidas que están destinadas a proteger a la ciudadanía de la epidemia.

Dentro de este último grupo de medidas, el IMAS ha sacado adelante algunas medidas que nos son más que reconocibles (reducción de aforos en los centros de inclusión, contratación de nuevos espacios para el realojo de colectivos vulnerables) junto con otras medidas más excepcionales, como la gestión de determinadas residencias por parte del IMAS hasta que la pandemia llegue a su fin. Un sinfín de acciones que se antojan como cruciales para salvaguardar la salud pública en un contexto tan delicado como el actual. Por si todo eso fuera poco, y como bien hemos señalado antes, esta entidad perteneciente al Consell de Mallorca también ha implementado nuevas normativas que buscan minimizar el impacto de esta crisis en el terreno de la economía doméstica. El presidente del IMAS, Javier de Juan, nos explica cuales son exactamente esas nuevas medidas.

“Desde la pasada primavera, hemos ampliado el Servicio de Housing First y Housing Led, dos programas pioneros que pretenden fomentar la inserción social de las personas sin hogar a través del acceso a la vivienda. Es decir, les facilitamos un hogar y les ofrecemos al mismo tiempo un acompañamiento. Asimismo, también hemos creado una línea de subvenciones dirigidas a los ayuntamientos, para ayudar a los servicios sociales de todos los pueblo de la isla a hacer frente a la crisis social derivada de la situación sanitaria”. Por otro lado, el IMAS tampoco se ha olvidado de uno de los colectivos más afectados por esta epidemia: la tercera edad. “En lo que respecta a las personas mayores, habilitamos la novena planta de la residencia de la Bonanova para usuarios no positivos de otros centros residenciales o bien personas que necesitasen ingresar de urgencia en la red asistencial, y ahora hemos redoblado esfuerzos para poner a disposición de todas las residencias de la isla, tanto públicas como privadas, un nuevo centro residencial para usuarios positivos en coronavirus pero que no necesiten de ingreso hospitalario”.

Todo esto (y mucho más) son solo algunas de las acciones que el IMAS ha llevado a cabo durante estos últimos meses. Una labor, que como bien señala, Javier de Juan, no hubiera sido tan satisfactoria sin la mutua colaboración entre las diferentes instituciones. “La coordinación entre instituciones permitió dar una respuesta rápida y eficaz, como requería el momento. Sin la colaboración de la Consellería de Salut, hubiera sido imposible realizar más de 10.000 PCR a usuarios y trabajadores, lo que ha permitido detectar casos asintomáticos que no se podrían haber localizado de otra manera.”, asegura el jefe del IMAS.

Las verdaderas víctimas de la Covid-19

Ancianos, personas con discapacidad, menores y personas en riesgo de exclusión social. Estos son los sectores más afectados por el virus, un hecho que conoce bien tanto el IMAS como la Cruz Roja. Desde hace un siglo y medio, la Cruz Roja lleva a cabo una intensa labor con todos y cada uno de los colectivos anteriormente citados, todo ello en virtud de su compromiso con las personas más vulnerables.

Uno de los colectivos que mejor representan a esas personas en riesgo de exclusión social son los inmigrantes, que en este último año han llegado más que nunca a nuestras islas, alcanzando cifras históricas según la delegada del Govern, Aina Calvo. Unos números que en realidad tienen bastante sentido, si nos atenemos a los múltiples conflictos que aún perviven en gran parte de África y Oriente Próximo. De hecho, el Covid-19 ha sido tan solo la puntilla que se ha sumado a un gran número de conflictos ya existentes, como la falta de alimentos y agua o los conflictos armados, problemas que por desgracia, siguen estando a la orden del día en determinados puntos del planeta.

La coordinadora autonómica de Cruz Roja en Baleares, Juana Lozano, considera que estos números no tienen nada de extraordinario, ya que el fenómeno migratorio siempre ha estado presente. “Los flujos migratorios han existido siempre, y actualmente constituyen una parte inherente al mundo y economía globalizados. Es más, las migraciones de seres humanos han sido siempre el motor de la historia y del desarrollo social”. Según Lozano, el perfil de los inmigrantes que llegan a las islas es sumamente variado, lo que de alguna manera explica la difícil situación de los migrantes. Por otro lado, parece que el perfil de los no inmigrantes afectados por la crisis es algo más concreto. “Desde el punto de vista de los residentes, existen principalmente tres tipos de víctimas producidos por esta crisis: pequeños autónomos que no han podido abrir sus negocios, personas pendientes de cobro de ERTES e individuos que trabajaban en economía sumergida”, afirma la coordinadora autonómica de Cruz Roja Baleares.

El gran número de afectados por la crisis de la Covid-19 ha provocado que organismos como el IMAS o la Cruz Roja se vean desbordados desde el inicio de la pasada primavera, algo que parece no tener fin al menos en los próximos meses, donde el contexto económico podría agravarse aún más ante el más que previsible aumento de desempleados. Sobre este tema nos habla también Juana Lozano. “La atención que tiene prevista Creu Roja para estos próximos meses no dista mucho de la mantenida en los primeros meses de la pandemia y confinamiento. Es y será una atención, si cabe, todavía más integral; para la institución va a ser muy difícil mantener el mismo impulso económico que durante el primer semestre del año, donde se dieron un elevadísimo número de atenciones y se cubrieron un gran número de las necesidades identificadas a través del Plan RESPONDE, que Creu Roja ha puesto en marcha y que ha supuesto la mayor movilización de recursos y de personas de su historia”.

Sobre este asunto también se pronuncia Javier de Juan, presidente del IMAS. “Por el momento, el IMAS ha prorrogado hasta final de año la Renda Mínima de Inserció (el equivalente al Ingreso Mínimo Vital propuesto por el Gobierno central), del mismo modo que tenemos previsto convertir aquellos alojamientos extraordinarios en recintos propios del IMAS. Asimismo, también tenemos previsto aumentar las plazas de alojamiento para todas las personas sin hogar, así como acrecentar el importe de las subvenciones a todos los Ayuntamientos y organizaciones que cumplan con sus funciones sociales”.

Un futuro que depende de la pandemia

Organismos internacionales, instituciones y gobiernos han anunciado medidas para mitigar la crisis. Millones de euros se destinarán a ayudar a los sectores que más han sufrido por el confinamiento y a financiar la investigación científica para lograr una vacuna contra el coronavirus. Sin embargo, falta ver si las ayudas llegarán rápido y si serán suficientes. Sobre estas ayudas habla la directora de la Fundació Trobada, unas ayudas que la entrevistada considera esenciales de cara a los próximos meses.

“La verdad es que no querría estar en la piel de quien tiene que tomar decisiones tan relevantes como todas las que se vinculan a frenar el impacto de la pandemia. Estamos ante un escenario inusual y sumamente complejo, es difícil saber que prioridades son las más importantes, ya que todo cambia muy rápido. Eso sí, yo tengo claro que la situación pasa por una buena gestión de los recursos: más ayudas económicas, más centros especializados, etc. Creo que es un buen momento para reflexionar sobre el paradigma de nuestra construcción socioeconómica, y valorar si cabe la posibilidad de que esté obsoleta, para así andar otro camino que ayude a mejorar determinados aspectos de nuestra sociedad”. Poco más se puede añadir a esta reflexión. Ahora solo toca salir adelante y adaptarse con rapidez a todos los posibles contratiempos que vayan surgiendo. No parece muy difícil, ya que al fin y al cabo, esto es lo que siempre ha hecho la humanidad. Adaptarse y progresar en la medida de lo posible.

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