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OPINIÓ MIQUEL MAS: Sant Jaume

Si nos referimos al apóstol, estaremos hablando de Santiago el Mayor, que sigue siendo el Patrón de la España actual, pero también lo era desde el siglo VIII, por la Gracia Divina, del Papa y de Felipe IV. Fue uno de los discípulos predilectos de Jesús, encargados de expandir su doctrina por todos los confines del mundo. Desembarcó en la provincia bética romana y pateó la península hasta Finisterre. De vuelta a casa lo decapitaron y, dicen que dicen los historiadores, que lo retornaron para sepultarlo en tierras galaicas, donde un día fueron hallados sus restos por indicación del haz de luz de una estrella, desde entonces “Campo de la Estrella”, o sea, Compostela.
También dicen que dicen los historiadores que, como “gran guerrero” que debía ser, desde su aparición en la batalla de Clavijo luchando contra los sarracenos montado en un corcel blanco, se convirtió en el adalid por la Reconquista ganándose a pulso el apelativo de “Santiago matamoros”, logrando en adelante la estima y la admiración de todos los estamentos militares, sobretodo el de la caballería, que, según parece, para entrar en combate lo hacían al grito de “¡Santiago y cierra España!”.
Los levantinos también honramos a otro Jaume (sinónimo de Santiago): “Jaume I El Conqueridor” que nos regaló un reino y que, sin haber sido apóstol, sus similitudes con el primer Santiago son más que evidentes: concebido “gracias a Dios”, era alto, vigoroso, bien parecido, guerrero… Decidido impulsor de una cruzada para conquistar Tierra Santa para liberarla de los infieles y de la que salió escaldado, no obstante había podido librar nuestras tierras de los moros que siglos antes las habían invadido, por lo tanto también “matamoros” como el otro. Durante mucho tiempo aspirante a la santidad y cuyo expediente debió extraviarse en Roma, sin que ello fuera menoscabo para los mallorquines y valencianos en el reconocimiento de sus valores y en su veneración. Por lo tanto podría decirse de él que es como un santo apócrifo sin fecha señalada en el santoral, pero sí en nuestras tierras agradecidas, sobre todo en las valencianas, que con el tiempo creo ya han ido olvidando, de forma conveniente o equivocada.
Pero, en Manacor, el 25 de Julio a quien honramos y festejamos es a San Jaime (Santiago apóstol), Santo Patrón de la localidad no sé desde cuándo; Santo Patrón de España, de las Españas, o de las Españas dentro de España, tan aborrecida por quienes dicen ser separatistas, soberanistas o nacionalistas, por lo que pongo en consideración el papel tan importante que dicen haber tenido aquí en la recuperación de su celebración festiva, si desde siempre han cuestionado su simbología claramente españolista.
Sé muy bien de lo que hablo, porque en otros tiempos yo también he sido de los suyos, y lo sigo siendo, pero a mi manera: contra nada y contra nadie, solo con las pretensiones de intentar conseguir el máximo de competencias para nuestra Comunidad y poder administrarnos nosotros mismos. Pero viendo el estado actual de las cosas, creo que tengo todo el derecho a sentirme enfadado y decepcionado, porque no logro identificarme con nuestras aspiraciones primeras, por lo menos con las mías. Como dice Joan Manuel Serrat, “… es vergonzoso como la corrupción se ha filtrado desde el poder a toda la sociedad y como hemos perdido los valores éticos y morales a cambio de otro sistema de vida en dónde todo tiene un precio, todo se compra o se vende”. Ahora mismo, con un Govern Balear progresista, cuatro Consells Insulares, sus funcionarios correspondientes y, me dicen que, más de seiscientos cargos digitados hasta que puedan hacerlos efectivos, su único interés y sabiduría es ir chupando del erario público como sanguijuelas, por eso tengo que seguir pensando en donde puede encajar mi manera de pensar. Lo cierto es que, en alguna ocasión, añoro a políticos con ideas que dan de comer, como aquellas de Miquel Roca, cuando nos propuso la conveniencia de ir juntos: valencianos, baleares y catalanes (“Nada de Païssos Catalans…”, como había advertido Tarradellas), pero haciendo piña en una Europa de las Regiones: y así, por ejem., poder equiparar de una vez en un convenio los costes en transportes para atravesar este charco que tanto nos condiciona, etc.
Pero, volviendo al principio, que yo recuerde, y ya tengo bastantes lustros de existencia acumulados, nunca escuché de nadie ni vi en mi niñez pasear por las calles del pueblo a una mula con lacitos para sortearla, ni sabía que la fiesta de San Jaime fuera una fiesta tradicional también por la afición a los caballos, tan arraigada en Manacor. Aplaudo la iniciativa, la imaginación y la participación ciudadana. Pero no hablemos de que se hacen las cosas para recuperar tradiciones si no es necesario, porque también lo que hacemos hoy se habrá convertido en tradición dentro de tres mañanas, y porque no es históricamente tradición el Papá Noel; tampoco lo es Halloween; y no es tradición darles pizza a nuestros hijos o a nuestros nietos en vez de darles un trozo de “coca de trampó”; de espaguetis en vez de unos “fideus de roter”; o una hamburguesa en vez de unas “pilotes” como las que le encantan a Miquel Montoro, este niño-payés, ya adolescente, que ama el campo y los animales y que confiesa haber sufrido burlas y “bullying” (acoso escolar) por parte de sus “compañeros”, precisamente por amar las tradiciones campesinas y ser tan auténtico como es.
Me gusta la Mulassa, aunque sea tan parecida -todas las mulas deben de ser parecidas- a otras en pueblos de Catalunya; me gustan los caballos y los juegos aunque sean muy similares a otros en Menorca, tan solo nos falta el “jaleo” pero todo llegará, encontraremos otro documento histórico. Y nada más que decir: si los historiadores aseguran que antaño se rifaba una mula por estas fechas y que la afición manacorina por el trote proviene de los juegos que se celebraban por la festividad del Santo Patrón, pues que así sea para disfrute de todos. Tengo algún viejo amigo co-fundador de la Sociedad Hípica y co-propietario del Hipódromo de Manacor que debe revolverse en su tumba.

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