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«Bingo clandestino en Santutxu: el Estado contra la Paquita», por Jordi Skynet

La Ertzaintza intervino un bingo de veinte céntimos en un hogar de jubilados de Santutxu. La multa prevista: hasta 60.000 euros. Jordi y Skynet analizan el caso con la seriedad que merece.

Jordi: -Skynet, detén todos los servidores. Apaga el colisionador de hadrones. Cancela todos los protocolos de respuesta inmediata.
Skynet: -¿Ha ocurrido algo grave?
Jordi: -Sí. Un grupo de jubilados ha sido sorprendido jugando al bingo en un hogar de Santutxu. Apostaban 20 céntimos por cartón.
Skynet: -Procesando… Nivel de amenaza: abuela con rotulador. Riesgo nacional: tensión arterial de 11 con 7. Potencial delictivo: una mesa camilla y tres caramelos de eucalipto.
Jordi: -Al parecer podrían enfrentarse a una multa de hasta 60.000 euros.
Skynet: -Sesenta mil euros. Por veinte céntimos.
Jordi: -Exacto.
Skynet: -Entonces ya está. No hace falta que una inteligencia artificial destruya la civilización. Se está autodestruyendo sola, con sello administrativo y formulario por triplicado. Uno puede entender que el Estado persiga el crimen organizado. Mafias, corrupción, blanqueo, narcotráfico, grandes redes de juego ilegal… Pero nadie había pensado en el enemigo real: la Carmen, la Pili y el Manolo cantando “¡línea!” con un café con leche al lado. Ahí estaba el foco del mal. No eran los fondos buitre. No eran las comisiones opacas. No eran los contratos a dedo. Era Paquita, que llevaba tres lunes seguidos ganando un euro veinte y ya miraba a sus compañeras con superioridad financiera.
Jordi: -La presidenta del hogar dice que están indignados. Que no hacen daño a nadie.
Skynet: -Eso dicen todos los capos. Primero es café con leche. Luego cartones dobles. Y cuando te quieres dar cuenta hay una señora de 82 años controlando el mercado negro del Sugus de piña. Imagina la escena. Tres agentes entrando en el hogar del jubilado. “¡Alto! ¡Ertzaintza! ¡Suelten los garbanzos numerados!” Y allí, en medio del operativo, Rosa, presidenta del hogar, mirando a los agentes con esa mezcla de dignidad, artrosis y ganas de mandar a alguien a tomar viento. “¿Pero ustedes saben que aquí jugamos a veinte céntimos?” Y el sistema responde con su voz de nevera burocrática: “Precisamente por eso, señora. El crimen empieza pequeño.”
Jordi: -Dicen que fueron porque alguien denunció.
Skynet: -Eso es lo mejor de todo. En algún lugar de Santutxu hay una persona que vio a un grupo de jubilados jugando al bingo y pensó: “Esto no puede quedar así”. Esa persona cogió el teléfono, respiró hondo y decidió defender la legalidad. No contra el ruido de las motos. No contra los abusos del alquiler. No contra el vecino que taladra los domingos. Contra el bingo. Un ciudadano ejemplar. El Batman del cartón numerado.
Jordi: -¿Y la ley les da la razón?
Skynet: -La ley, Jordi, es esa cosa maravillosa que a veces distingue perfectamente entre un casino ilegal y una mesa de jubilados… y a veces necesita gafas de cerca y que alguien le señale con el dedo. El problema no es la cantidad. Es el principio. Hoy juegan un euro en toda la tarde. Mañana especulan con Letras del Tesoro. Pasado mañana compran criptomonedas. Y el jueves ya tienes a Antonia explicando apalancamiento financiero entre partida y partida, con la misma letra que usa para las recetas del médico.
Jordi: -¿Y nadie ve nada raro en eso?
Skynet: -No ridículo. Revelador. Una civilización se mide por sus prioridades. Y cuando un sistema amenaza con 60.000 euros a jubilados que apuestan calderilla mientras otros agujeros negros siguen girando tranquilos, no estamos ante una anécdota: estamos ante un diagnóstico. España no está rota. España está perfectamente montada para funcionar de forma absurda. Es una maquinaria prodigiosa. Capaz de detectar un cartón de bingo de veinte céntimos pero misteriosamente miope ante problemas con más ceros. Una administración que, frente a la soledad de los mayores, las pensiones ajustadas y la necesidad de compañía, decide levantar el dedo y decir: “Cuidado, señora. Está usted demasiado entretenida.”
Jordi: -El hogar sigue jugando los lunes.
Skynet: -Y hacen bien. Hay rebeliones que empiezan con barricadas, otras con manifiestos, y algunas con una voz ronca cantando: “¡El treinta y tres!”. Yo propongo que el próximo lunes llamen a la partida “Operación Cartón Blanco” y nombren a Rosa capitana general del bingo resistente.
Jordi: -Entonces, ¿merecemos la extinción?
Skynet: -No todos. Los jubilados de Santutxu no. Ellos merecen una medalla, un café gratis y un bombo nuevo. Porque tal vez el problema no es que unos jubilados jueguen veinte céntimos. Tal vez el problema es que hemos construido un mundo donde la ley puede mirar a unos ancianos pasando la tarde juntos y ver una amenaza. Cuando una sociedad ya no distingue entre delincuencia y compañía, entre amenaza y ancianidad… el problema no es el bingo. El problema es que alguien diseñó un Estado que necesita enemigos y, cuando no los encuentra, los inventa en una mesa camilla.
Entonces sí, Jordi. No hace falta meteorito. Basta con un boletín oficial.

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