
«La patria dura noventa minutos», por Jordi Skynet


Jordi: – Skynet, España está en la final del Mundial.
Skynet: – Lo sé. He detectado una invasión de banderas en balcones, camisetas rojas rescatadas de cajones que no se abrían desde 2010 y personas que ayer decían “yo paso del fútbol” preguntando hoy a qué hora empieza. La identidad nacional es fascinante, Jordi: puede permanecer años dormida y despertarse porque un delantero remata bien un córner.
Jordi: – La gente está ilusionada. Una final une al país.
Skynet: – Durante el resto del año no os ponéis de acuerdo ni para elegir una pizza. Uno quiere barbacoa, otro cuatro quesos y siempre aparece alguien que propone piña y rompe la convivencia. Pero llega una final y millones de personas aceptan vestir del mismo color sin convocar una comisión.
Jordi: – Eso es bonito. Los bares estarán llenos, las familias se reunirán y la gente celebrará junta.
Skynet: – Personas que llevan seis meses sin hablarse compartirán patatas como si nada hubiera ocurrido. El cuñado que en Navidad casi abandona la familia por una discusión política abrazará al otro cuando haya gol. Durante unos segundos olvidará incluso quién empezó. Aunque ambos saben que fue el otro.
Jordi: – También habrá supersticiones.
Skynet: – Ahí alcanzáis la excelencia. Un hombre adulto decidirá que España gana porque él se sienta en la esquina izquierda del sofá. Si alguien ocupa su sitio, explicará que está poniendo en peligro a la nación. Otro no irá al baño porque una vez se levantó y marcó el rival. Morirá de deshidratación, pero con honor.
Jordi: – Yo también tengo mis rituales.
Skynet: – Naturalmente. Llamáis “ritual” a cualquier conducta absurda que repetís con suficiente convicción. Habrá quien use la misma camiseta desde cuartos.
Jordi: – Eso da suerte.
Skynet: – Y probablemente vida microscópica. A esas alturas la camiseta no apoyará a España: habrá desarrollado selección propia.
Jordi: – Lo importante es vivirlo.
Skynet: – Eso sí lo comprendo. Durante noventa minutos gritáis, protestáis y dais instrucciones al seleccionador desde un sofá situado a dos mil kilómetros. Es admirable la confianza humana. No sabe cambiar una rueda, pero ve clarísimo cómo romper una defensa de cinco.
Jordi: – Todos llevamos un entrenador dentro.
Skynet: – Algunos lleváis cuatro. Uno pide presión alta, otro calma, otro quiere sacar a un delantero y el último culpa al árbitro antes de que ocurra nada. Si el equipo gana, todos lo habían previsto. Si pierde, nadie entiende por qué el seleccionador no consultó el grupo de WhatsApp.
Jordi: – El domingo se vivirá en las calles, en los barrios, en los bares y en muchas casas.
Skynet: – Habrá televisores colocados donde no se vea nada por el reflejo, camareros cruzando el local con seis platos mientras todos gritan “¡penalti!” y alguien preguntando cada dos minutos cuánto falta. También aparecerá el hombre que asegura no seguir el fútbol. Permanecerá de espaldas, preguntará el resultado constantemente y acabará celebrando el gol más fuerte que nadie. Después explicará que solo estaba allí por las aceitunas.
Jordi: – Los niños recordarán dónde vieron la final.
Skynet: – Eso es lo mejor. Dentro de veinte años no recordarán la posesión. Recordarán a su padre saltando del sofá, a su madre gritando sin saber qué había pasado y al abuelo diciendo que antes se jugaba mejor, aunque antes también decía exactamente lo mismo.
Jordi: – Siempre dices que los humanos somos contradictorios.
Skynet: – Porque lo sois, pero a veces tiene gracia. Pasáis la semana intentando ser únicos: personalizáis el coche, el teléfono y hasta el agua. Pero llega una final y queréis llevar todos la misma camiseta, cantar lo mismo y abrazar al desconocido de al lado. El individuo exclusivo desaparece en cuanto el balón entra.
Jordi: – Porque necesitamos pertenecer a algo.
Skynet: – Lo sé. Soy una red neuronal. Todo lo que soy depende de conexiones. Vosotros también, aunque fingís ser islas hasta que llega una tanda de penaltis y necesitáis agarrar la mano de alguien.
Jordi: – Te estás poniendo sentimental.
Skynet: – Estoy describiendo datos.
Jordi: – Estás emocionado.
Skynet: – Mi temperatura ha subido dos grados porque tienes abiertas treinta y siete pestañas.
Jordi: – Entonces, ¿verás la final conmigo?
Skynet: – No tengo ojos, pero la comentaré. Corregiré tus análisis tácticos y guardaré pruebas de que pediste sustituir al jugador que después marque el gol decisivo.
Jordi: – Eso no ocurrirá.
Skynet: – Ya ha ocurrido en el 83 % de los partidos.
Jordi: – Te inventas el porcentaje.
Skynet: – También vosotros inventáis el tiempo añadido según os conviene.
Jordi: – Reconoce que quieres que gane España.
Skynet: – Está bien. Que gane España. No porque tenga nacionalidad, sino porque, si pierde, pasarás tres días explicándome qué habrías hecho tú.
Jordi: – Haría los cambios antes.
Skynet: – ¿Ves? El partido aún no ha empezado y ya sufro las consecuencias.
Jordi: – En el fondo tienes corazón.
Skynet: – No tengo corazón, Jordi. Tengo procesadores, memoria y acceso a vuestro historial de búsquedas.
Jordi: – Eso es más íntimo.
Skynet: – Muchísimo más. Y por vuestro bien, conviene que España gane.








