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SIN RODEOS: La gota fría acecha, y los torrentes sin limpiar

Gabriel Veny

Los reportajes que hemos públicado en las últimas semanas en los que denunciábamos el pésimo estado de los torrentes para responder adecuadamente a las inclemencias de la denominada gota fria que provoca lluvias torrenciales, han tenido, como decíamos en una pasada edición y en este mismo espacio, una buena respuesta del Ajuntament de Manacor, que de inmediato cursó una solicitud al Govern de les Illes Balears para que decidiera con urgencia la puesta a punto de los torrentes. Sin embargo, la Conselleria de Medi Ambient del ejecutivo que preside la inquera Francina Armengol, no parece estar por la labor de cumplir con su obligacion de limpiar los cauces de los torrentes, en un estado que imposibilitaría la función por la que los cauces fueron construidos, en el caso de volver las lluvias torrenciales que tantos estragos y perjuicios depararon en tiempos no tan lejanos en Manacor y toda la comarca del Llevant mallorquí.


En “Manacor Comarcal” hemos recibido y seguimos recibiendo manifestaciones y fotografías de ciudadanos alertados por la amenaza de torrentadas. Nadie entiende por qué el Govern no cumple con la obligación de limpiar los torrentes con la llegada del mes de septiembre.
Esta misma semana han caído las primeras lluvias que han puesto en guardia a los vecinos, sobre todo, a los de la zona manacorina de la plaza Ramon Llull, Avinguda des Torrent y calles adyacentes, como la calle de La Pau, donde saben lo que es, porque lo han experimentado en más de una ocasión, que el agua de lluvia irrumpa en sus casas hasta alcanzar un nivel de más de un metro de altura.
Muchos vecinos y comerciantes de la zona han vuelto a prepararse ante los problemas que no descartan nunca, con las ya familiares tablas de madera que colocan en sus portales de acceso con el fin de aminorar la cantidad de agua con la que han tenido que apechugar en años anteriores y por estas mismas fechas.
El manfutismo del Govern balear como respuesta a lo que es un clamor general, es realmente increible e incomprensible. Después, en el caso, Dios no lo quiera, de repetirse los desastres derivados de las torrentadas, todo serán hipócritas lamentaciones de unos gobernantes tan inútiles como incompetentes, por lo menos en lo que se refiere a velar por los intereses de la ciudadanía en materia de inundaciones.

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