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Satu Jiménez: “La persona que me animó a crear mi propia escuela de baile fue el hotelero Sr. Juan Llull”

Magdalena Ordinas
El pasado mes de febrero, la Academia de Danza Flamenca de Satu Jiménez, arrasó en la final de Baleares del  concurso “Vive tu Sueño”, ya que consiguió que todos sus grupos se clasificaran para la gran final que se celebrará en Madrid el próximo 25 de marzo. En la Escuela de Danza Satu Jiménez se pueden aprender todos los niveles, desde iniciación a profesional, de las siguientes disciplinas: Sevillanas, Danza Española, Flamenco y Cajón Flamenco.
Esta semana queremos dar a conocer a nuestros lectores facetas desconocidas de esta gran profesional, y conocer su infancia, sus comienzos y orígenes en el mundo flamenco.
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– Satu ¿Dónde naciste y de quién heredaste esta voz y duende flamenco?
– Nací el 18 de mayo de 1963, en Brenes, un pueblo situado a 20 km. de Sevilla. Mi afición por el cante y el baile flamenco la heredé, tanto de la parte materna como de la paterna de mi familia. Mi bisabuelo era cantaor, mi abuela tocaba las castañuelas y mi tía paterna Dolores cantaba de maravilla, ella fue la que me transmitió el don. Por lo tanto me viene de familia, pues toda mi vida he cantado y bailado flamenco.
– ¿Cómo se transmite el don? 
– Hay una  tradición muy antigua (al menos en Andalucía) que dice que si una persona tiene un don natural innato para el cante, tiene buen oído, canta con naturaleza, con ritmo, no necesita estudiar para cantar, puede transmitir este don a un recién nacido. Se coloca al bebé detrás de la puerta de entrada (de la casa del bebé), y mientras se le van cortando las uñas por primera vez, se le canta flamenco y de esta manera se le va transmitiendo este oído natural, este don. Yo lo he comprobado personalmente con varias niñas, les he cortado las uñas de recién nacidas a mis sobrinas Anais, María, Nuria, y a la hija de una amiga que en la actualidad ya es mayor, y cuando me encuentro con su madre siempre me dice “mi niña todo el día canta, hay que ver como afina”. A la última a la que le canté fue a una bebé que ahora tiene un año y medio.
– ¿Tuviste una infancia feliz?
– Muy feliz, era diferente a hoy en día, solo teníamos la radio, la vida se hacia en la calle y en los patios de los vecinos. Yo siempre cantaba y bailaba, y cuando me callaba salían las vecinas al patio para saber que me pasaba, si estaba enferma. Soy la mayor de 5 hermanos y a partir de los 12 años los meses de verano trabajaba en casa de mi profesor de matemáticas para pagar mis libros y los de mis hermanos del curso siguiente. En aquellos tiempos, lo que más me gustaba eran las fiestas de Brenes, iba con mis abuelos y mi tía a cantar, y también a las de los pueblos vecinos, donde cantaba y bailaba y asimismo participaba en la realización de  bodas. En resumen, tuve una infancia feliz.
– ¿Por qué decidiste venir a Mallorca?
– Una amiga de mi hermana llevaba dos temporadas viniendo a trabajar a Mallorca. Mi hermana se vino con ella, y al poco tiempo me llamó. Tenía 18 años cuando llegué a la isla y mi primer trabajo fue en el bar Siroco de Porto Cristo, luego trabajé en muchos otros sitios en el mundo de la hostelería, y al final nos quedamos a vivir en Porto Cristo.
– ¿Cuándo empezaste a dar clases y crear tu propia escuela flamenca?
– La persona que me animó a crear mi propia escuela de baile fue el hotelero  Sr. Juan Llull. Estaba trabajando de camarera de guardia en el hotel Bahía Grande y daba clases de flamenco a la hija de la gobernanta y a unas cuantas niñas más. Hicimos una pequeña demostración en el hotel Talaiot con 12 niñas, y él vino a vernos con su señora; le gustó mucho y quiso que sus niñas aprendieran. Me propuso hacer galas para los turistas en los hoteles Bahia Grande, Hipocampo Playa, Dunas, Don Juan, etc. con las niñas. Enseñé a sus hijas María Antonia, María Luisa y María Gabriela. Con las dos pequeñas y un grupo de alumnas empezamos a hacer galas para los turistas sin cobrar nada, la mayor María Antonia, bailaba muy bien, pero no quiso actuar porque era muy vergonzosa. Total que al final de la temporada con las propinas que nos daban y que iba guardando la señora Loli, hicimos una fiesta. El señor Llull me animó a dedicarme en serio al mundo de la danza y para conseguirlo terminé mis estudios de danza y obtuve la matrícula para montar mi propia academia de baile. De eso hace ya 29 años.
EL RESTO DE ENTREVISTA, EN LA EDICIÓN IMPRESA DE «MANACOR COMARCAL»
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