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«No respira, pero legisla», por Jordi Skynet

Como buen amante del cine ochentero -y nostálgico de los tiempos en que los títulos en español eran mejores que los originales- esta semana no he podido evitar acordarme de aquella joya absurda que aquí conocimos como Este muerto está muy vivo. Su título original era Weekend at Bernie’s, pero seamos sinceros: ningún angloparlante lo entendió tan bien como nosotros.
Para los que no la recuerdan -o eran muy pequeños, o estaban demasiado ocupados con la EGB- la peli iba de dos tipos, Larry y Richard, dos pringadillos que trabajaban en una compañía de seguros en Nueva York y descubren un fraude en su empresa. Como recompensa, su jefe Bernie Lomax -tiburón financiero, hortera y fiestero- los invita a pasar el fin de semana en su mansión de los Hamptons… vamos, en la playa. Pero al llegar… ¡sorpresa! Bernie está muerto. Bien muerto. Cadáver en toda regla. ¿Y qué hacen los dos genios? Fingir que sigue vivo para no meterse en líos y, ya de paso, disfrutar de un finde de lujo. Lo visten, lo sientan, le ponen gafas de sol, le mueven los brazos, y lo pasean por fiestas, playas y reuniones sociales como si nada. Nadie sospecha. Y ahí reside la magia absurda de la peli: un muerto que sigue siendo protagonista, siempre sostenido por otros que lo necesitan para no perder el chollo.
Ahora bien… ¿no os recuerda esto a algo?
En esta versión castiza y de saldo, Pedro hace de Bernie. Está políticamente chamuscado, rodeado de escándalos, con media plantilla de confianza desfilando por los titulares, y aun así… ahí sigue. No porque se mantenga en pie por sí mismo, sino porque sus compañeros de reparto -ERC, Junts, Bildu, PNV y demás tropa- se niegan a soltarlo. Han decidido, en un pacto no escrito pero perfectamente coordinado, que lo seguirán moviendo, sonriendo y aplaudiendo aunque haya que atarle las muñecas con cuerdecitas.
El resultado es glorioso: ruedas de prensa con tono monocorde, entrevistas en modo piloto automático, discursos donde solo falta que alguien le meta la mano por la espalda como a un guiñol… La diferencia con Bernie es que Pedro todavía mueve los labios… aunque a veces no sabemos si lo que sale de ahí lo ha dicho él o lo ha generado alguna IA con voz neutra y sonrisa institucional.
Y ahí están los dos amiguetes del fin de semana: los socios de investidura, sosteniéndolo con un brazo cada uno. Uno le impide caerse a la izquierda, el otro lo sujeta desde el ala independentista. “¡Aguanta, Pedro, que si tú caes, nos quedamos sin menú del día!”. Lo llevan de gira, lo sientan en el escaño, le colocan el pinganillo, y si alguien dice que huele raro, responden: “¡Es incienso democrático!”
Es un espectáculo de marionetas con banda sonora de Black Mirror. Aparecen audios comprometedores y, mágicamente, nadie se reconoce. “¿Esa voz? Mmmm… no me suena. Yo no hablo así. Ese día estaba afónico. Igual fue otro con mi misma voz, misma risa y mismos cuñados enchufados.” Y por si eso no cuela, llega la excusa definitiva: “¡Ha sido la inteligencia artificial!”. Ahora resulta que la IA no solo genera textos -como este que estás leyendo- sino que también imita voces, firma contratos, enchufa familiares y redacta BOEs con acento institucional. Vamos, que la IA es el nuevo primo de Zumosol, solo que con acceso a las cuentas públicas y sin control parental.
Y mientras tanto, Feijóo se pasea por el set como ese vecino que se queja del ruido pero nunca llama a la policía. Pide mociones de censura como quien pide que bajen el volumen en una verbena: sabiendo que nadie le va a hacer caso. Pero oye, ahí está, marcando presencia. No vaya a ser que le roben el micro.
En definitiva: aquí seguimos, en el remake de esa gloriosa película… pero en clave nacional. El muerto sigue muy vivo. Y mientras siga soltando subvenciones, condonando deudas, repartiendo amnistías y cediendo trozos de autonomía como si fueran tapas en un bar electoral, nadie piensa enterrarlo. Al contrario: lo ventilan, lo maquillan y lo pasean como si aún respirara. Porque mientras Bernie-Pedro mantenga el grifo abierto, la función continúa. .

PD: No es cine. Es telediario con subtítulos de Berlanga

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