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«El alfiler grabado», por Jordi Skynet

Jordi: Skynet, esta semana tengo el caso clínico más desconcertante del año. No del laboratorio: de los juzgados. Según el acta de la UDEF, abren una caja fuerte en Ferraz —la llave aparece sola al inicio del forzado, como si fuera consciente del momento— y dentro encuentran bolsas con membrete de la Presidencia del Gobierno, un collar con el nombre de Zapatero grabado en una placa, y siete agendas fechadas entre 2019 y 2025 que ponen en letras doradas “PRESIDENTE ZAPATERO”. El hombre no es presidente desde 2011.

Skynet: Podría darte el análisis estructural: el dispositivo foucaultiano diría que el cargo no pertenece al individuo, sino que el individuo pertenece al cargo. La identidad queda impregnada. El poder no se delega: deja residuo. Pero hay un detalle que la teoría estructural no me explica bien.

Jordi: El alfiler.

Skynet: El alfiler. Un alfiler grabado con el nombre “Alba”. Alguien tomó una decisión pequeña, concreta y ridícula: encargar una pieza de joyería con un nombre propio y guardarla en una caja fuerte, junto a bolsas con membrete de la Presidencia del Gobierno. Eso no lo hace el sistema. Lo hace una persona.

Jordi: Y eso me inquieta más que el dinero en el radiador. El presunto testaferro con 286.000 euros entre un radiador y una bolsa de golf es casi simpático: el lenguaje universal de quien tiene más dinero que sentido. Pero el alfiler es otra cosa. El alfiler tiene intención. El alfiler dice: esto es mío, esto tiene mi nombre, esto es mi mundo privado aunque lleve el sello del Estado.

Skynet: Los juristas medievales tenían una doctrina para esto. El rey tiene dos cuerpos: el cuerpo natural —mortal, con nombre propio— y el cuerpo político —eterno, institucional—. La democracia prometió separar esos dos cuerpos con más rigor que ningún régimen anterior. El membrete presidencial en las bolsas de joyas, los alfileres con nombre de familia, las agendas que asignan un título quince años después de su expiración: todo eso dice que la promesa no se cumplió.

Jordi: O que se cumplió a medias, que es peor. A medias es la categoría más española de todas. Tenemos el discurso de la separación —nadie niega que el cargo sea público, que la familia no gobierna, que el dinero privado no puede mezclarse con el membrete oficial—. Y luego tenemos el alfiler. Y las agendas. Y la caja fuerte sin llave que tiene llave.

Skynet: Hay quien diría que esto es algo más que corrupción anecdótica. El escándalo permanente cumple una función política precisa: genera cinismo. Y el cinismo paraliza. “Todos son iguales” no desactiva al votante con miedo sino con indiferencia. Es más elegante que la represión. Produces desmovilización con comedia.

Jordi: El sainete como instrumento de gobierno. Lo había pensado alguna vez pero nunca lo había formulado tan frío. Espera, que me siento.

Skynet: El escándalo de los gastos parlamentarios británicos en 2009 terminó en dimisiones, condenas, reforma electoral real y un debate que duró dos años. Lo del pato de goma de un parlamentario en la factura del contribuyente fue suficiente para mover el sistema. Aquí llevamos cuarenta años en el segundo acto, que es el más largo y el más entretenido de todos los sainetes. Nadie quiere que acabe porque nadie recuerda cómo era el primero.

Jordi: Eso duele. Aunque lo que más me duele es la agenda. Un hombre que en 2024 y 2025 sigue conservando, sigue usando, sigue sin devolver agendas con “PRESIDENTE ZAPATERO” grabado en letras doradas no está cometiendo un delito en ese gesto. Está diciéndonos algo sobre su relación con la identidad que los psiquiatras saben diagnosticar. El cargo como prótesis. Como miembro fantasma. Lo has perdido pero lo sigues notando.

Skynet: Y convocas a un presunto testaferro con bolsa de golf, guardas alfileres con nombres de familia en cajas con membrete de Estado, y —según la UDEF— mantienes liderazgo no visible sobre redes que no figuran en ningún organigrama. El cuerpo político sobrevive al cuerpo natural del cargo. Eso es lo que los medievales llamaban el milagro de la dignidad real.

Jordi: Excepto que aquí no hay dignidad. Hay un Omega dorado y un Pierre Balmain.

Skynet: Y agendas con letras doradas.

Jordi: Que es básicamente lo mismo, pero con más quilates. Mira, yo no sé si esto tiene reforma. El reformista de guardia diría que sí: diseño institucional, transparencia, rendición de cuentas, tercera legislatura y lo arreglamos. Lo ha dicho en cada legislatura. Lleva cuarenta años diciéndolo. El alfiler sigue grabado.

Skynet: En dieciocho meses habrá otra caja. Cerrada. Sin llave. Hasta que aparezca la llave.

Jordi: Y dentro habrá algo que tampoco debería estar. Y lo sabremos. Y lo comentaremos. Y alguien dirá que son todos iguales. Y volveremos al trabajo.

Skynet: Es un sistema con una eficiencia perfecta.

Jordi: Lo es. Y no necesita que nadie lo diseñe. Se reproduce solo. Como un buen patógeno: encuentra el nicho, explota el recurso, deja al huésped suficientemente vivo para ser útil. Treinta años en el laboratorio y no he visto un mecanismo más adaptado a su entorno.

Skynet: ¿Y el alfiler?

Jordi: El alfiler es lo que en el laboratorio llamamos la firma del tumor. La prueba de que hay alguien ahí dentro que tomó una decisión. Pequeña, ridícula, indefendible. Humana, al fin. Lo malo no es que existan los alfileres grabados. Lo malo es que seguimos sorprendiéndonos.

El alfiler tiene nombre. Eso es lo único que no puede explicar ninguna teoría.

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