La veu del poble

¡Ei tú! ¡Despierta!

¡Ei! ¡Despierta!

Esto no es un sueño. O tal vez sí… ¿quién lo sabe con total certeza?

Gemma Soler Raspall

Recuerdas haberte preparado durante años. Naciste para este momento. Ha llegado la hora de activar todo lo que has aprendido y de defender todo lo que amas: a ti mismo/a, a tu familia, a tus vecinos, a todos los seres humanos, a la naturaleza que tanto nos ha dado, a nuestro planeta que es nuestro hogar más sagrado.

Tal vez sientas que vas a la deriva, pero tranquilo/a, es muy normal. Aunque nos preparamos para ello no pensamos que sería tan radical, y que fuera a estar la Verdad escondida tras tantas dudas, contradicciones y desinformación descarada.

Mira hacia adentro, allí solo hay certeza y serenidad. Solo en tu interior encontrarás las respuestas, deja de buscarlas afuera, en ese lado solo verás el abismo.

Tú sabes qué es lo que está bien. Tú sabes cómo deberían ser las cosas. El idealismo debe inspirar la realidad, es la hora de dejar fluir nuestro sentimiento humano para poner a raya la hiperrealidad que hemos construido y que solo ha servido para ahogarnos.

Pero hazlo con un vivo sueño del ideal que reside en tus extrañas y actúa, porque lo único que diferencia un sueño de una realidad es la acción. Pero esta vez, deja de lado el miedo o lo que piense los demás. Sólo hazlo con coherencia, como dicta tu más profundo y noble sentimiento interior.

Es momento de recordar los valores básicos, aquellos con los que honrar la expresión “ser humano”. No necesitas una razón para ser solidario con los demás. Nuestro principal propósito en esta vida, es amar y ayudar a otros; y si no les puedes echar una mano (eso es imposible, siempre puedes hacer algo por alguien), al menos no les hagas daño.

Pero ¡hazlo! Te animo a que lo intentes y que además lo hagas dando las gracias, pues la vida te ha puesto en el lugar del que da y no en el lugar del que necesita ayuda.

Debemos ser fuertes y estar confiados. Muchas personas anónimas en todo el mundo velan por todos nosotros, a través de sus oraciones, energía y acción. Y todos podemos aportar nuestro granito de arena. Piensa cómo hacerlo tú también.

Ahora es el momento de ser un faro en medio de la oscuridad, de apoyarse en aspectos inmateriales pero mucho más auténticos: amor, fraternidad, positivismo, inteligencia, voluntad… y tantas otras virtudes que, en realidad, son las que sostienen una sociedad.

Tal vez olvidamos todo lo que nos hace humanos y ya ha llegado la hora de recordarlo.

Nos han dado un tirón de orejas y una muestra muy clara de que no estábamos progresando adecuadamente. Incluso tengo la sensación de que nos están castigando, como cuando éramos pequeños y hacíamos alguna pillería: encerrándonos en nuestra habitación, privándonos de nuestra libertad, hasta que hubiésemos reflexionado en lo que habíamos hecho o lo mal que nos habíamos comportado. No podíamos salir de ella, hasta que estuviésemos preparados para disculparnos y adoptar una actitud diferente. Es decir, hasta que no poníamos nuestro propio ego en segundo plano.

Entonces, la cuestión es:

– ¿Disculparnos de qué y con quién?

– ¿Qué actitud deberíamos adoptar?

Creo que éstas son preguntas nuevas, que antes no nos planteábamos como sociedad, y que nos pueden llevar a encontrar buenas respuestas, y sobretodo, nuevos valores y acciones a emprender.

Cambiar el mundo empieza por cambiarnos a nosotros/as mismos/as y más vale que ahora sí estemos dispuestos a ello.

Se abre el debate al nuevo paradigma que hacía mucho tiempo iba dando muestras de su fuerza. El mundo ha girado inesperada y repentinamente, y ahora el momento del cambio está aquí, ya ha llegado.

Más que nunca hay que tener claros nuestros ideales y nuestros valores, porque el miedo hace acto de presencia y hay que mantenerlo a raya si no queremos que la oscuridad nos invada el alma y corroa el modelo de planeta que queremos: uno en el que quepamos todos.

Propongo una reflexión, individual o en familia, y aprovechar esta pausa obligada en el tiempo de la humanidad para trabajar el debate abierto y constructivo, con amor y paciencia, comenzando con los que tenemos más cerca.

La consciencia conlleva responsabilidad. Si queremos que la paz, la sabiduría y el amor guíen por fin nuestro destino, todos/as y cada uno/a de nosotros/as, deberemos asumir nuestra parte.

¿Vas a unirte a la luz del cambio o te quedarás pasmado en la fría oscuridad?

 

 

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