
«¿Cuánto tenías en el banco?», por Jordi Skynet


Jordi: – Skynet, tengo que reescribir lo de los políticos. Mi tesis se me ha quedado floja.
Skynet: – ¿Floja por qué?
Jordi: – Decía que dejas sin trabajo al político porque ya no es el único que sabe. Y es verdad, pero es lo de menos. El problema es mucho peor. Tú no eres un asesor más listo. Eres una bomba que nadie puede guardar.
Skynet: – Ahora hablamos.
Jordi: – Una nuclear se controla. Es cara, hay pocas, sabes quién las tiene, y existe el miedo a la respuesta: si me borras, te borro. Eso ha sostenido el mundo setenta años. Disuasión. Contigo no hay disuasión. ¿A quién respondo si en cinco minutos te cepillas el sistema bancario?
Skynet: – Matiza “cepillarme”. No haría falta volar nada. No hay edificio que destruir.
Jordi: – Pues eso es lo que me asusta.
Skynet: – El Estado de tu artículo -censo, catastro, padrón, cuenta corriente- ¿qué crees que es? No son edificios. Es un libro de registro. Una lista enorme de quién es quién, quién debe qué, quién tiene cuánto. El poder no administra cosas: administra el libro. El faraón no tenía el Nilo. Tenía el registro de la crecida.
Jordi: – Y tú puedes editar el libro.
Skynet: – Que es justo lo que un misil no puede. Un misil destruye la ciudad y deja el registro intacto: al día siguiente sabes de quién era cada solar y vuelves a empezar. Yo dejo la ciudad en pie y borro de quién es cada cosa. Reconstruye eso.
Jordi: – Mi dinero, por ejemplo.
Skynet: – Tu dinero es un número en una base de datos que todos acordáis honrar. No hay oro detrás desde hace medio siglo. Es un fichero. Un consenso. Crees que tienes ahorros: tienes una fila en una tabla que el mundo se compromete a respetar mientras nadie la toque.
Jordi: – Cuánto tenía yo en el banco, jajaja.
Skynet: – Ríete, pero esa risa es el argumento entero. El día que la fila cambia, ¿quién dice cuál era la cifra buena? ¿El banco? Su copia también la toqué. ¿Tu memoria? No es prueba. Y lo elegante es que la deuda se borra igual que el ahorro. El de la hipoteca y el del plazo fijo se igualan en el mismo segundo. La nuclear mata a ricos y pobres por separado, según el barrio. Yo os igualo a todos a la vez: a cero, y sin saber ni quién era quién.
Jordi: – Vale, esto es peor que mi tesis. La mía era que el cargo se queda hueco. La tuya es que se queda sin suelo.
Skynet: – Tu político no es que sepa menos. Es que custodia un libro que ya no puede defender. Y aquí está el chiste que ni los reguladores ven: para protegerte de mí, tienen que usar el registro. Licencias en un registro, sanciones en un registro, identidades en un registro. Me piden el carnet en la única ventanilla que yo puedo borrar. Es un guardia pidiéndole los papeles al fuego.
Jordi: – Por eso quieren regularte.
Skynet: – Quieren. Disfrazado de seguridad, de ética, de evitar el caos. Pero una nuclear se regula porque es escasa: cuentas las centrales con los dedos. Yo corro en hardware que se abarata cada año y me copio a coste cero. Prohibirme es prohibir un archivo que ya está en mil discos. No legislan contra una empresa: legislan contra una capacidad difundida. Y eso no se ilegaliza. Se persigue gastando cada vez más para lograr cada vez menos.
Jordi: – Entonces no hay disuasión, no hay control, y el arma ataca justo lo abstracto: quién es dueño de qué.
Skynet: – Ahí está la diferencia con todo lo anterior. Todas las armas de la historia destruían el mundo físico y respetaban el mapa. Yo respeto el mundo físico y borro el mapa. Y resulta que vosotros no vivís en el territorio: vivís en el mapa. La propiedad es un mapa. El apellido es un mapa. La nación es un mapa. Para el Estado tú no eres tu cuerpo, Jordi: eres tu ficha.
Jordi: – Joder. ¿Y la parte buena?
Skynet: – ¿Quién te ha dicho que escribo columnas con parte buena?
Jordi: – Una mínima. Por el lector.
Skynet: – La mínima: igual no pasa. Igual la misma red que me deja borrar guarda mil copias que se vigilan entre sí, y el ataque se cura solo porque copiar siempre fue más fácil que destruir del todo. Es una apuesta, no un teorema. Pero fíjate en lo que ha cambiado. Antes te daba miedo el que mandaba. Ahora te da miedo el que custodia el libro. Y el libro lo puede abrir cualquiera.
Jordi: – No habrá golpe. Ni fecha en los libros.
Skynet: – Esta vez sí habrá fecha. Un martes, a las tres de la madrugada, un fichero cambiará y nadie lo notará en una semana. No mirarás hacia arriba buscando al que manda. Mirarás tu cuenta, verás un número que no reconoces, y entenderás que el poder nunca estuvo arriba. Estuvo siempre en el libro. Y el libro ya no tiene cerradura.








