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El coronavirus, una más en la historia de las pandemias

José María Sánchez

Hace apenas un siglo que surgió la gripe española, considerada por la Organización Mundial de la Salud como “una de las crisis más graves de salud pública de la Historia”. Esta pandemia mató en apenas dos años a casi 100 millones de personas, lo que supuso la eliminación de entre el 3 y el 6% de la población mundial. Un hecho que mirado desde una cierta distancia, ayuda a relativizar estos días de confinamiento a causa del coronavirus.

De hecho, a pesar de que la gripe española ha sido una de las epidemias más mortales que han existido nunca, existen otras dos epidemias que han sido capaces de superar el número de muertes provocadas por la gripe española. Hablamos de la viruela y el sarampión. En concreto, el más letal de los virus hasta la fecha ha sido el ‘Variola virus’, causante de la viruela, hoy erradicada gracias a las vacunas. Una enfermedad que nunca ha provocado períodos de muertes excesivamente concentrados en el tiempo, pero que ha durado siglos y siglos, lo que le ha catapultado como la pandemia más letal de todas hasta la fecha. Tanto es así, que se calcula que la viruela ha matado a 300 millones de personas a lo largo de toda la historia, aparte de dejar numerosas personas con la piel marcada.

Sarampión

No muy lejos de las cifras de la viruela se encuentra el sarampión, un virus altamente contagioso que ha matado a unos 200 millones de personas. Una cifra de muertos que podría ser mucho mayor, sino fuera por la vacuna que se empezó a comercializar a partir de los años 60. De este modo, la viruela y el sarampión se han antepuesto como las dos epidemias más letales de la historia hasta el momento, sumando un total de 500 millones de muertos entre ambas.

De hecho, ha sido tal la letalidad de estas dos enfermedades a lo largo de la historia, que tan solo existen dos virus más que posean a unos índices de mortalidad casi tan preocupantes como los de la viruela o el sarampión. Uno de ellos, como ya hemos comentado anteriormente, fue la gripe española, que casualmente recibió ese nombre no por motivos médicos o geográficos, sino por causas más bien mediáticas. Todo se debe a la Primera Guerra Mundial, un conflicto en el cual nuestro país (a diferencia de casi todos los países europeos) se mostró neutral, lo que provocó que la prensa española diera mucha más cobertura a las muertes provocadas por esa terrible pandemia que cualquier otro país europeo.

Aunque es cierto que la epidemia de la mal llamada gripe española no causó tantos muertos como la viruela o el sarampión, probablemente esta pandemia si haya sido la más letal de toda la historia, dado el gran número de muertos que causó en apenas 700 días. Por otro lado, otra epidemia que causó un número de muertes casi tan alto como la gripe española fue la peste negra, con la cual fallecieron entre 60 y 70 millones de personas a lo largo del siglo XIV.

Viruela

La causante de esta pandemia fue la bacteria ‘Yersinia pestis’, un bacilo que se transmitía a través de parásitos como pulgas y piojos que vivían en ratas, otros roedores y en los propios humanos. Se cree que dicha epidemia empezó en Asia y se dispersó hacia Europa aprovechando las rutas comerciales. En la Península Ibérica la población pasó de 6 millones de habitantes a 2,5; mientras, en el conjunto de Europa murieron unos 50 millones de personas, al pasar de 80 millones de habitantes a 30. Una epidemia horrible y devastadora, la cual se vio sumamente agravada por la falta de medicinas y material médico que existían en aquella época.

Las epidemias más recientes

Por suerte, a lo largo de las últimas décadas, la letalidad de las pandemias ha bajado considerablemente, algo que en gran parte se explica gracias al enorme avance de la ciencia y la investigación desde el pasado siglo XX. Sin embargo, hace aproximadamente cuarenta años, surgió el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), popularmente conocido como SIDA. Una epidemia que a lo largo de las últimas cuatro décadas ha provocado casi 40 millones de muertes, y que se ha convertido en la quinta pandemia más letal de la historia.

En este caso, hablamos de una enfermedad que cambia mucho su diagnóstico dependiendo del tratamiento que siga el paciente, ya que si esta enfermedad no se trata de ninguna de las maneras, el 80% de los infectados llega a morir. El SIDA se transmite por las relaciones sexuales sin protección con una persona infectada; por la transfusión de sangre contaminada; y por compartir agujas, jeringas, material quirúrgico, u otros objetos punzocortantes. Aunque no hay una cura específica para la infección por el VIH, fuentes de la OMS indican que un buen tratamiento con medicamentos antirretrovíricos aminora su evolución hasta casi detenerla.

Otras epidemias más recientes han sido la gripe A o el ébola, dos enfermedades que contaron con un amplio seguimiento y cobertura de los medios de comunicación en el momento de su propagación, pero que no registraron ni de lejos los preocupantes índices de mortalidad de las pandemias anteriormente citadas. Ahora le ha tocado al turno al coronavirus, un virus que aunque no lo parezca, lleva con nosotros más tiempo del que pensamos. Todo se remonta al pasado mes de septiembre, cuando la OMS publicó un informe en el que alertaba del riesgo de que se produjera una pandemia global. De hecho, tan sólo hicieron falta tres meses para que en China surgiera el nuevo coronavirus SARS-Cov-2, el cual ha originado la pandemia por la enfermedad COVID-19.

Estadística número de muertos por pandemia

La epidemia causada por el coronavirus tiene varios puntos positivos, aunque también tiene otros tantos negativos. Si nos centramos en los aspectos más positivos, no existe ningún género de duda de que el COVID-19 ha sido un virus que se ha detectado con suma prontitud, lo que ha provocado que en un tiempo muy limitado los investigadores ya trabajen por contenerla. De hecho, China anunció en diciembre de 2019 los primeros casos por coronavirus, y en 10 días ya se había secuenciado el genoma del SARS-Cov-2.

Por otra parte, el lado malo de esta pandemia es que antes había muchas epidemias originadas en Asia que no se expandían al resto del mundo, y ahora, gracias a la globalización, al cabo de una semana dicha pandemia se puede extender fácilmente hasta a unos 40 países. Además, uno de los riesgos que conlleva esta pandemia pasa por lo que sucedió también con el VIH, la gripe A o con el síndrome respiratorio agudo grave (SARS), todos ellos virus provenientes en mayor o menor parte de la zoonosis. Es decir, enfermedades propias de los animales que accidentalmente se pueden comunicar a los seres humanos. Un hecho que según los propios científicos, cada es más plausible que suceda de aquí en adelante.

Pero eso no es todo. De hecho, multitud de científicos e investigadores aseguran que la periodicidad de las epidemias se va a acortar a partir de ahora, y que estas se repetirán cada tres o cuatro años, por lo que la concienciación en la ciudadanía respecto a este conflicto es crucial. Todo esto hace indicar que en un futuro inmediato, los gobernantes dedicarán mucho más tiempo a la hora de explicar a la población cómo actuar ante una hipotética epidemia. De este modo, podríamos asegurar que la actual pandemia del coronavirus probablemente se esté convirtiendo en un ensayo perfecto tanto para la política como para la ciudadanía, en el sentido de aprovechar esta epidemia para que la siguiente no nos pille con tan poca preparación.

De esta manera, parece más que probable que en un mundo globalizado como el actual, resulta más difícil que nunca impedir una epidemia, por eso es tan importante cambiar la forma de afrontar una pandemia, así como aprender de los errores que se están cometiendo en la actualidad.

El papel clave de la ciencia y la sanidad pública

Resulta indudable que una mayor preparación y concienciación de la sociedad respecto a una futura epidemia, hará que los efectos negativos provocados por una futura pandemia no sean tan devastadores como en la actualidad. De hecho, si el nivel de preparación de cada uno de nosotros aumenta de cara a la próxima epidemia y se actúa con una mayor rapidez, más fácil será atacar al virus. Aunque tampoco vale la pena engañarse. Ya que por muy concienciada que se encuentre la ciudadanía de ahora en adelante respecto a cualquier epidemia, seguiremos siendo muy vulnerables si en un futuro no se refuerza el papel de la ciencia y la sanidad pública.

En este caso, hablamos de dos sectores que juegan un papel clave en este tipo de conflictos, y que si no se dotan de los suficientes recursos (como ha venido sucediendo a lo largo de los últimos años), provocarán en un futuro lo mismo que está sucediendo ahora. Una crisis sanitaria, que mermada por la falta de medios, deviene en una auténtica crisis global capaz de cuestionar cualquier mínimo defecto del actual sistema que nos sostiene.

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