La veu del poble

Opinión Miquel Mas Duran: LA BUENA EDUCACIÓN

Miquel Mas Duran


La buena educación obliga y, como en la película del mismo título de Giovanna Ribes, decir también, que “un buen maestro puede cambiar para siempre la vida de un niño”. Nosotros, los de mi edad, tuvimos unos buenos maestros: brazo en alto, izar la bandera, Cara al sol, Montañas nevadas, una Historia de España y Formación del Espíritu Nacional. Y, para más inri, alguno piensa que fueron ellos quienes inventaron la democracia.
Pero, por esa buena educación y porque es de bien nacido ser agradecido, quiero dar las gracias a “Madò Bledera i Na Ganxa” por leer “todos” mis artículos. Las quiero un montón. Y que sepan además que no me importa en absoluto ser el feo de la película porque en la de Sergio Leone “El bueno, el feo y el malo”, tanto Clint Eastwood, Eli Wallach o Lee Van Cleef, cumplen perfectamente su cometido y todos ellos son unos buenos actores.
Lo que para mí es más importante es que ellas han entendido perfectamente el quid de la cuestión respecto a mi parecer sobre la ZPR y el pequeño comercio del centro y es cuando Na Ganxa dice: “Però a mi m’és igual, perquè ara vaig a s’Hiper amb so “Quatroele” des genre”. Es decir, no va andando al pequeño comercio de proximidad, coge el coche y por comodidad acude al Hiper donde podrá aparcarlo y cargar su compra sin dificultad. Por lo tanto, queda meridianamente claro que estas restricciones contribuyen, una vez más, a alejar a los clientes con vehículo de los comercios confinados, obligándoles a que se dirijan al extrarradio donde están los Hipermercados y las grandes superficies con sus amplias zonas de aparcamientos. Otros clientes de pueblos vecinos ya ni se plantearán acudir a esta zona perimetrada, con tanta limitación y tanta amenaza de sanciones. Espero equivocarme.


En donde “Madò Bledera i Na Ganxa se han pasado tres pueblos, es al incluirme en este cuarteto de celebridades: al lado de Rafa Nadal, la artista Ana Mascaró y nuestro inviolable Caudillo. Yo, en mi “carrera militar”, a lo máximo que llegué fue a Cabo de Policía Aérea Militar, eso sí, en el Cuerpo de Guardia, y entre otros quehaceres, éramos tenedores y responsables de las llaves de cuántas dependencias tenía el cuartel, talleres y hangares, también las de La Fortaleza, en la península de La Avanzada en Pollença, donde muchos años después se casaría Rafa Nadal. También, entre otras anécdotas, la de que el capitán Pizarro -un hombre educadísimo, atento con sus subordinados, un señor, que también era el yerno de un pintor llamado Anglada Camarasa y que Ana Mascaró seguramente habrá oído hablar de él-, cuando me llamó a su despacho, en su condición de Comandante Jefe en Funciones, precisamente para que le informase de unas visitas de particulares… etc., me preguntó si podía interesarme continuar en el ejército. Pero no. En el terreno profesional, que era el que me importaba, a los veintidós años, me concedieron la medalla de oro por la Escuela Técnica Superior de Sastrería de Barcelona.


A Arturo Pérez Reverte no le importa la buena educación y las buenas formas, por lo menos con José Hila, alcalde de Palma, llamándole “idiota” a través de Twitter, por intentar reescribir parte de la Historia a través de Historia Democrática. Cuando el nomenclátor se refiere a personajes con significación política, intelectual, etc., siempre surgen detractores, por lo que es necesario que la Comisión de Toponímia primero sondee la conveniencia, aparte de estar naturalmente bien documentados. Aquí, en Manacor, en el primer intento de eliminar nombres de calles dedicadas a soldados falangistas que murieron en el frente de Porto Cristo, conocí algún drama entre familiares del caído que no podían consentir tal afrenta. Me acuerdo de una familia, buenas personas y buenos vecinos, cuyo mayor pecado era haber sido gente de iglesia, de “Acción Católica”. En la madrugada del desembarco, unos activistas se habían dedicado a marcar con cruces y con una mezcla “d’aumànguera” portales de casas donde vivían familias con alguna clase de pertenencia política o religiosa, para que cuando las tropas desembarcadas tomasen la ciudad las pudieran reconocer fácilmente. La familia abandonó la casa en busca de amparo y el hijo mayor -un niño todavía- les fue apartado, vestido con camisa azul y mandado al frente. Murió el primer día. En reconocimiento a su sacrificio le dedicaron la calle donde vivía y ahora, con medias verdades, intentaban emborronar su vida y la de una familia que era inocente y que el tsunami de la sinrazón y de la injusticia también alcanzó. Las cosas deben de poder hacerse de otra manera.


La Historia la escriben los vencedores, es verdad, aunque algunos historiadores cambien de chaqueta según convenga. Por eso hay que andarse con cuidado: ahora, al cumplirse los quinientos años de las Germanías, nos hemos acordado de Joanot Colom y de su antecesor Simó Ballester, para nosotros dos héroes martirizados por el poder centralista de la corte. Pero para un historiador españolista como Arturo Pérez Reverte seguramente dos “etarras” mallorquines, nacionalistas, separatistas y “antisistema”. Que me diga sino como consideraría desde el sillón T de la RAE, por ejemplo, a Jaime I, fundador del Reino de Mallorca, un gran rey, como lo consideramos los mallorquines; o, por el contrario, un traidor a la Corona de Aragón, como lo consideran los aragoneses.
La Real Academia Española también debería servir para clarificar estas cosas, para la buena educación.

Mostrar más

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba