Opinió

OPINIÓ MIQUEL MAS: “…perquè tenc dues carreres universitàries”

Un productor, payés, parece ser que se encaró con la regidora Cristina Capó debido a unas discrepancias por el insuficiente espacio que quieren destinar a los vendedores de productos del campo en el mercado local. La delegada le advirtió que: “A mi me deu vostè un respecte perquè tenc dues carreres universitàries”, a lo que el payés contestó: “Vostè pot tenir dues carreres però no serveix per aguantar un pal de granera” (escrito de Miquel Segura, en el diario Ultima hora). Tremendo. Ser concejala por títulos teóricos debe ser como lo de aquellos militares salidos de la Academia y que caían como moscas por su inexperiencia en el campo de batalla y que, además, arrastraban al desastre a la compañía entera que tenían a su cargo. Por eso, cuando un responsable político tiene que justificar sus decisiones en base solamente a su graduación universitaria, apaga y vámonos. Mejor tenerla, no cabe duda, pero no es garantía de una buena gestión. Yo no sé cuál debe ser el pedigrí de la señora Cristina: “si de raza le viene al galgo”, o si, como en tantos otros casos, estas dos carreras pueden ser solamente el fruto del esfuerzo y del sacrificio de unos padres que a lo mejor fueron sino payeses, pequeños comerciantes, si ejercieron una profesión, o, en definitiva, cualquier oficio autónomo y cuyo mayor respeto y reconocimiento lo merecen ellos más que la propia delegada. Pero, entiéndase lo que quiero decir, y es que, los servidores públicos deberían ejercer su función desde el conocimiento, escuchando, argumentando y convenciendo al ciudadano, no al contrario.

Cristina Capó


Por otra parte, les aseguro que dos carreras universitarias de quien las tenga no van a ser suficientes para conseguir conciliar el conflicto de intereses que esconde el problema de Cala Varques. Es posible que para la gente joven sea un caso desconocido, pero quizá sea el más antiguo en el municipio desde el advenimiento de la nueva democracia, con ramificaciones en el período anterior. El asunto de Cala Varques es uno de tantos casos fallidos de especulación urbanística, mal resuelta por las partes, porque lo que no se puede consentir es lo que está pasando desde hace más de treinta años: quemando coches, cortando el paso, obligando a la gente a saltar paredes e invadir fincas privadas para llegar a la playa. Miren, citaré textualmente: “En ocasiones el acceso a alguna playa es complicado y eso es aprovechado por establecimientos turísticos, por urbanizaciones residenciales o fincas particulares, para anunciar como gancho publicitario que disponen de playas privadas o semiprivadas. Se trata de publicidad engañosa y pueden ser denunciados por ello. Un difícil acceso no convierte una playa en privada y no se puede impedir el acceso a la misma. Adicionalmente, si se realizan cierres o algún tipo de obstaculización a los accesos a la playa, pueden ser denunciados y sancionados, estando obligados a reponer sus instalaciones a modo que el acceso a la playa sea libre, público y gratuito”…“El uso de las playas en España se regula de manera muy genérica en la Ley 22/1988 de Costas, la cual parte de la base de que todas las playas son de uso público, para el uso y disfrute de las personas, dejando a los municipios la regulación concreta sobre cómo debe ser ese uso y disfrute. Como consecuencia de ello tenemos tantas ordenanzas como pueblos costeros en España y si queremos saber que podemos hacer y sobre todo no podemos hacer, debemos acudir a la ordenanza municipal del Ayuntamiento de que se trate”.
Lo peor de todo en una dolencia es que se enquiste y se vuelva crónica, y entre todos lo hemos logrado, porque, después de tanto tiempo, para curar este mal ya no valen paños calientes. Estos días se ha publicado que el Ajuntament de Felanitx tendrá que pagar, treinta y pico años después, unos seis millones de euros por la expropiación forzosa de un solar en unos terrenos declarados por el Govern como zona ANEI y que imposibilitó que no se pudiera ejecutar un convenio urbanístico entre el Ajuntament y la familia propietaria de los terrenos. Así que poca broma con acuerdos anteriores y expedientes desaparecidos.
El caso de Sa Punta de n’Amer y su proyecto de urbanización fue muy sonada en su día: la propiedad también valló el acceso a la finca; por pura casualidad desde Na Penyal pude ver como ardía el pinar en tres puntos diferentes, uno tras de otro, lo que me pareció totalmente intencionado; asimismo montaron un exitoso chiringuito a pie de playa saltándose permisos y otras gaitas; etc. Así que, la parte propietaria y la administradora de la finca debían estar muy cabreados, pero un día llegó el acuerdo que naturalmente desconozco y nunca más se oyó hablar de planes de urbanización: se abrieron los accesos, se marcaron rutas y senderos, se replantaron pinos y otras especies del lugar, se hicieron cortafuegos, se restauró “es Castell”, se concedió permiso para instalar un chiringuito con la más espléndida terraza de la zona, caballos para montar y otros de tiro y carga para pasear el personal, etc., aparte seguramente de otras licencias que debieron satisfacer a la parte contrariada porque ya digo, nunca más se volvió a hablar del tema. Es más, quienes más cabreados estaban antes por no poder llevar a cabo el proyecto, se volvieron los más proteccionistas después. Se lo aseguro: para estas cosas hace falta mano de santo. Amén.

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