Nos adentramos por un día en la Policía Nacional de Manacor

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Nos adentramos en la comisaría de Manacor para conocer (y descubrir) de primera mano el día a día de unos servidores públicos que tienen muchas cosas que contar

Nos adentramos por un día en la Policía Nacional de Manacor

José María Sánchez

Son apenas las nueve de la mañana. Estoy en la segunda planta de la comisaría de Manacor. En esta parte del edificio está el despacho de los jefes de la comisaría, así como de la policía científica o de una parte de los policías que trabajan para el área de servicio a la ciudadanía. En el despacho del subinspector jefe están reunidos éste junto a los jefes de sección de la comisaría y el jefe de turno. Al igual que muchas otras cosas que descubrí a lo largo de aquella mañana, en ese momento averiguo que la comisaría se divide principalmente en cuatro áreas: policía judicial, policía científica, UFAM (Unidad de Apoyo a la Familia y a la Mujer, de la que hablaremos posteriormente) y servicio de atención a la ciudadanía.

Durante poco más de veinte minutos, cada uno de los presentes en la reunión va dilucidando el orden del día en función de lo que ha sucedido en las últimas horas. Los temas a tratar: denuncias, algún caso de violencia de género, un robo con fuerza en el interior de un vehículo, estafas por internet…Todos están de acuerdo en algo: están ante un lunes relativamente tranquilo, algo bastante inusual para una comisaría que siempre ha visto a los lunes como el día más duro de trabajo, después de todos los delitos que se producen a lo largo del fin de semana. De hecho, según el jefe de policía judicial (un departamento clave de la comisaría), la llegada del Covid-19 ha provocado que la carga de trabajo haya disminuido de forma significativa debido al confinamiento. “A diferencia de la gran mayoría de trabajos, durante estos últimos meses la policía ha trabajado más que nunca. Gracias al confinamiento, el número de delitos bajó mucho, y eso provocó que pudiéramos sacar adelante un gran número de casos que llevaban un tiempo de retraso”.

A lo largo de esa reunión matinal, un par de jefes de sección confirman al jefe la puesta en marcha de un dispositivo que vigilará los lugares más propensos a sufrir robos, entre los que se encuentra, como no, el mercadillo que todos los lunes encontramos en el centro de Manacor. A lo largo de la reunión, cada uno de los jefes de sección atan cabos sobre distintos delitos que están investigando, mostrando así la importancia de la comunicación entre cada una de las partes que forman la comisaría. Este hecho es algo en lo que muchos policías insisten durante mi visita a la comisaría. “Para la gran mayoría de la gente, los polícias son un cuerpo que se encarga simplemente de atrapar a los malos a través de persecuciones y redadas, y eso no es así. Gran parte del trabajo que nosotros hacemos es un trabajo de prevención y de investigación de todos los casos que nos encontramos, donde es muy importante que exista una comunicación constante y fluida entre todas las áreas de la comisaría”, reconoce el jefe de la policía científica, declaración que bien podríamos calcar a la de cualquier otro policía con el que me encuentro en esa mañana de lunes.

De hecho, no es casual que en el despacho del jefe encontremos una pequeña maqueta de un barco, al que el propio inspector lo califica con el nombre de Perseverance, en referencia a la perseverancia que todo policía debe de tener en su trabajo. “El trabajo en una comisaría de policía es muy similar a los que trabajan en un barco. En ambos trabajos existen diferentes mandos jerárquicos que se encargan de difundir y acatar órdenes, y donde la comunicación entre las partes es esencial a la hora de que el trabajo sea efectivo”, señala el máximo responsable de la policía de Manacor.

Conociendo a CSI Manacor

Una vez acabada la reunión entre cada uno de los principales mandos de la comisaría, cada uno vuelve de nuevo a su despacho e intenta sacar adelante el trabajo que le ha sido asignado por el inspector jefe. Por cuestión de horarios y prioridades de cada uno de los departamentos, mi siguiente visita es al despacho de la policía científica, una sección que hasta hace unos años era una rama más dentro de la policía judicial, pero que ahora se antoja como una unidad mucho más independiente que antaño. “Junto con la UFAM, la policía científica es el área de la policía que exige una mayor formación, al tiempo que también requiere de un aprendizaje continuo, ya que día tras día el modus operandi de los delincuentes va cambiando”, me señala el número dos de esta área. Para todos aquellos que no lo sepan, la policía científica es el CSI de la comisaría. En este departamento se buscan todas las huellas y el ADN de los sospechosos, y se cotejan todo tipo de identidades para dar cuanto antes con el verdadero culpable del delito.

Esta área de la policía trabaja tanto fuera como dentro de comisaría. La suya es una labor lenta y meticulosa, que requiere de paciencia y persistencia desde el primer momento. Unos requisitos que para el jefe de policía científica son importantes, pero no indispensables. Según él, lo verdaderamente importante para cualquier policía es su capacidad de respuesta ante aquellas situaciones límite que rompen la rutina del día a día, coyunturas que requieren un mayor trabajo en equipo, pero que a la vez resultan más estimulantes de investigar para cualquier miembro de la policía. “Hace dos semanas, tuvimos que acoger en un solo día a más de 20 inmigrantes. A lo largo de aquel día, todos nosotros nos vimos obligados a improvisar y a sacar lo mejor de nosotros mismos. Eso no es fácil, pero a la vez es lo que hace que este trabajo merezca tanto la pena”, reconoce el jefe de la policía científica.

De hecho, si hubo un departamento que fue clave a la hora de solucionar de forma rápida y segura el conflicto de los migrantes, ese fue el servicio de atención a la ciudadanía. De un modo u otro, esta área de la comisaría se podría considerar como la antítesis de la policía científica. Mientras que estos últimos llevan a cabo tareas mucho más minuciosas y de tiempos más espaciados, el servicio de atención a la ciudadanía equivale exactamente al servicio de urgencias que tiene cualquier hospital. Ellos se encargan de minimizar y esclarecer al instante cualquier delito o situación conflictiva que se haya podido producir, como bien sucedió días atrás con el gran grupo de migrantes que acabó en la comisaría de Manacor. Fueron ellos, el servicio de atención a la ciudadanía, quienes pusieron orden y seguridad desde el primer momento en el que la comisaría se vio desbordada por la repentina llegada de los migrantes, todos ellos procedentes de una patera que llegó a Santanyí, y a la que dio cabida con enorme rapidez y solvencia este departamento. Asimismo, el servicio de atención a la ciudadanía también se encarga de una de las pocas labores de la policía que resultan visibles para la ciudadanía.

Hablamos de la subsección vinculada a la participación ciudadana, sin duda una de las facetas más relevantes del servicio de atención a la ciudadanía, una subárea que se encarga principalmente de concienciar a niños, adolescentes y ancianos de los pequeños (y grandes) riesgos a los que se ven expuestos estos colectivos en su día a día. Lógicamente, estas charlas sobre seguridad ciudadana se llevan a cabo en escuelas, institutos o residencias. Si hablamos de los más mayores, las recomendaciones de este sector van sobre todo encaminadas a que los ancianos conozcan todas y cada una de las tretas que los delincuentes utilizan para engañar y robar a cualquier ciudadano, independientemente de su edad. Del mismo modo, las charlas de esta sección en los centros escolares están fuertemente centradas en temas como el cyberbulling o el sexting, delitos relativamente recientes vinculados con las nuevas tecnologías que en ocasiones son utilizados para acosar e intimidar a menores de edad.

Precisamente son ellos, los menores de edad, las principales víctimas colaterales de la violencia machista, una lacra que desde hace unos años se ha empezado a tomar muy en serio desde el ámbito policial. Concretamente desde el año 2015, la comisaría de Manacor tiene una unidad completamente especializada y formada en delitos de índole machista. Asimismo, dicha unidad también se encarga de cualquier otro delito vinculado a agresiones sexuales, violencia doméstica o violencia contra los menores.

Son dos los despachos de la UFAM en la comisaría. Uno, situado en la planta baja, donde dicha unidad se encarga de acoger a la víctima desde el primer momento en que decide denunciar al agresor. Este discreto despacho se caracteriza por la particularidad de tener un pequeño puñado de juguetes, juguetes con los que los hijos de las víctimas se distraen mientras la madre intenta protegerse no solo a si misma, sino también a sus propios hijos. Por otro lado, en la primera planta, justo al lado del puesto de los DNI y los pasaportes, se encuentra el otro despacho de la UFAM, donde se gestiona la denuncia y se realiza un seguimiento a la víctima. Evidentemente, que este despacho se encuentre en un lugar tan concurrido de la comisaría no es casual. “A diferencia del despacho de la planta baja, este es un despacho mucho más grande y que resulta más visible para cualquier persona. Esta necesidad de situar este segundo despacho de la UFAM en un lugar mucho más concurrido, obedece a una exigencia de restar algo de presión a la víctima en su lucha por deshacerse de su agresor, y así no generar una victimización doble en la mujer maltratrada”, me confiesa el jefe de la UFAM de la comisaría de Manacor.

Pocas horas después de conocer de primera mano el funcionamento de la UFAM, asisto a una reunión telemática en la que interviene el jefe de este departamento junto con otros muchos individuos que luchan día tras día contra la violencia machista. Desde Carme Gomila, la delegada de Servicios Sociales del Ayuntamiento de Manacor, hasta miembros del IB-Dona, psicólogas, abogados o médicos forenses. Hablamos de unas 20 personas aproximadamente, que se encargan de revisar mensualmente los asuntos más relevantes que atañen a la violencia machista dentro del ámbito balear. Unos encuentros que hace apenas un par de décadas muchos verían como impensables, y que por fortuna, ya se han hecho realidad.

Patrullando la ciudad

Más allá de las labores que se realizan en cualquier área de la comisaría, también existen otras tareas imperceptibles dentro del ámbito policial que se llevan a cabo a la vista de todos nosotros. Esto es algo que descubro cuando voy con dos policías recorriendo todo el centro de Manacor, en pleno auge del mercadillo. Ambos policías van vestidos de paisano, para no llamar la atención y así camuflarse hábilmente entre la ciudadanía para vigilar y controlar a posibles sospechosos de un delito. El verano realmente no ha comenzado todavía, hay menos gente de la habitual en el mercadillo, lo que hace más difícil que los ladrones actúen en un lugar que a estas alturas debería de estar mucho más concurrido.

Asimismo, posteriormente los policías también echan un vistazo a aquellos lugares de Manacor que suelen ser más proclives a sufrir un robo, al tiempo que deducen distintos patrones de determinados sospechosos. “Lo importante es tenerlos controlados, para así actuar de manera rápida y efectiva; en cuanto veamos algo sospechoso, hay que comunicarse al instante con todos nuestros compañeros”, asegura el copiloto de la patrulla, al mismo tiempo que me reconoce la existencia de una malla policial de radiotransmisiones en la que participan todos sus compañeros de trabajo, para que en todo momento todo el conjunto de la policía sepa en qué punto se encuentra cada conflicto que les afecta directa o indirectamente.

Estas últimas palabras del copiloto de la patrulla, de alguna manera me recuerdan a lo que escuché un par de horas antes de parte del jefe de la policía científica. “La comunicación entre las partes, el trabajo en equipo, es sumamente importante para todos los que trabajamos aquí, ya que los errores en un trabajo como el nuestro pesan mucho. Se juega con vidas, con situaciones muy complicadas… y en ese aspecto, cualquier malentendido, cualquier olvido de parte del policía es letal. Lo bueno es que la comunicación en nuestra comisaría es total”. Si algo aprendimos todos los que hemos visto The Wire, es que el trabajo en equipo de un cuerpo policial es lo que verdaderamente marca el nivel de cualquier comisaría. De este modo, da bastante tranquilidad saber que ese no es un problema que afecte a la comisaría de Manacor, y que el Perseverance sigue su ruta habitual en el oceáno salvando cualquier obstáculo que se le cruce.

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