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El Riuet de Porto Cristo, protagonista de pasados tristes episodios (y 2ª parte)

Cerrábamos nuestro anterior reportaje hablando de los importantes y cuantiosos daños materiales provocados por la gran riada del año 1989, comentando que los más impactantes y voluminosos desperfctos los habían sufrido las instalaciones del Club Náutico Porto Cristo y las numerosas embarcaciones amarradas en sus pantalanes.
Según la crónica de la revista Porto Cristo nº60 (Octubre de 1989), “Al coger, la riada, la curva frente al astillero, rompió los amarres del último pantalán del Club Náutico. Éste arrastró los siguientes, como un castillo de naipes, precipitando las embarcaciones unas contra otras: 29 barcos hundidos, 27 embarcaciones dañadas, 49 con desperfectos, salvándose solo 69.”

“Torrentada” del año 1989


El amasijo de pantalanes y embarcaciones frenó la corriente del agua, salvando del desastre los dos primeros pantalanes reservados a las barcas en tránsito, así como la mayoría de los llaüts, cuyos amarres se habían reforzado atracados en el muelle oficial. Las aguas eran como un lodo líquido de color ocre, que arrastró coches, mesas, electrodomésticos y cuanto hallaba a su paso, hasta el mar abierto. “Una barca se hizo pedazos en el “Enderrosall”, y un gran velero de dos palos en el “Marajaba” se salvó milagrosamente. Arrastrado hasta el “Enderosall”, dio media vuelta hasta la punta del “Martell” desde donde, en una acción heroica, se lanzó a la cubierta Jaume Vermell, encargado del mantenimiento del barco. Desde allí, lanzó un cabo a los chicos de la Cruz Roja, que con su lancha completaron la maniobra dirigidos por Bernat Vermell, el marinero del Club Náutico, consiguiendo atracar el velero en el Martell”. “Fue un rescate de película que merece figurar en los anales de nuestro pueblo”, apostilló Joan Moratille.
Tardarían un tiempo en repararse los daños de aquella riada. Bajo el impulso sereno y tenaz de los presidentes del club, Juan Servera Munar y de su sucesor Josep Fuster Forteza, equipos de submarinistas y potentes grúas fueron rescatando todo lo que se podía rescatar del fondo de la Cala; embarcaciones de todo tipo y pantalanes.
Una vez libre el fondo marino, se tuvo que esperar la llegada de la draga para restaurar el calado necesario hasta el mismo muelle. En marzo-abril de 1990 llegó la draga “Ana de Gastigárraga” para la realización de dichos trabajos. Después se encargó de nuevo la misma clase de pantalán flotante a la empresa sueca que había proporcionado los anteriores, maltrechos por el temporal. Para su instalación, vinieron montadores especializados y se procedió no solo a reconstruir el Club Náutico, sino, también a reestructurarlo. Tal reestructuración, puede decirse que fue la compensación positiva del desastre.
Antes de la riada, las concesiones de amarres se calculaban por metros lineales de pantalán contratados, sin tener en cuenta la otra dimensión en la que debía caber la eslora de la embarcación. Así que hubo una redistribución de los pantalanes, que permitió recibir embarcaciones de 6, 8, 10, 12, 14, o 16 metros de eslora según las medidas de las dársenas.
Se solicitó una nueva concesión de la Dirección de Puertos y se volvieron a vender concesiones de amarre a los interesados, con preferencia para los antiguos propietarios, según la nueva distribución de agua a ocupar.

Otras mejoras

Con aquellas obras de reconstrucción, el Club Náutico salió reforzado como tal, y más todavía con el equipamiento de los Astilleros Vermell con un “traveling” de 60 toneladas instalado en 1961, fueron atrayendo cada vez más barcos de recreo.
En 1995, el Club Náutico construyó, en el mismo ángulo del muelle con el astillero, una plataforma con una grúa de 12,5 toneladas para atender las reparaciones de las embarcaciones más pequeñas.
En 1998, la Dirección de Puertos modificó los muelles, sustituyendo los antiguos “escars” por casetas con pórticos para los pescadores profesionales y construyó un paseo con pavimento nuevo, árboles, bancos y alumbrado, haciendo del Riuet un camino real de penetración de un turismo náutico de calidad.

“Per un Riuet Net” y un paseo peatonal

Pese a todas las mejoras experimentadas por el Riuet a lo largo de estas pasadas tres décadas, éste sigue siendo motivo de preocupación por parte de los residentes de Porto Cristo, y muy especialmente para los colindantes ribereños y para aquellos que reivindican un mayor cuidado de sus márgenes y de su cauce.
El canal sigue amenazando peligro de desbordamiento cada vez que se produzcan cuantiosas precipitaciones o tormentas, cuyo caudal no pueda ser absorbido o conducido por el torrente, como sucedió el pasado 20 de enero de 2020, de la que dan testimonio las fotos de nuestro colaborador Marcos Gittis que se incluyen en el presente reportaje.
Una preocupación por el estado del Riuet, que quedó de manifiesto en la convocatoria “Per un Riuet Net”, que tuvo lugar el pasado mes de mayo, por iniciativa de Robert Kielhor, en la que participaron una treintena de voluntarios para llevar a cabo la retirada de residuos de todo tipo lanzados en el cauce del canal y en sus márgenes. Convocatoria que piensan repetir, para, a la vez concienciar a quien corresponda de que el espacio comprendido entre los puentes de la carretera y el que se encuentra a la altura del final de la “Ronda de la Copinya”, podría convertirse en un atractivo paseo peatonal bordeando el Riuet por ambos márgenes, limpiándolos de la maleza y acondicionando su piso.

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