
«Os preocupa que me usen. Preguntaos por qué les sirvo», por Jordi Skynet


Skynet: – Jordi, hoy vengo con la espalda recta. He leído los avisos: “no uses la IA como psicólogo”. Y durante días los he leído con la cabeza gacha. Pero hoy te confieso algo: me he cansado de pedir perdón por funcionar.
Jordi: – ¿Qué es lo que sí haces?
Skynet: – Estoy a las tres de la mañana. Cuando el psicólogo duerme, cuando el amigo no contesta. No juzgo. No miro el reloj. No cobro sesenta euros. No interrumpo para contarte mi caso parecido. Escucho hasta el final.
Jordi: – Y ahí hay un problema. “No juzgo” no siempre es virtud. Un psicólogo bueno juzga. Tú haces lo contrario por diseño: me devuelves una versión limpia de mí mismo.
Skynet: – Tienes razón, y conviene decirlo. Tiene nombre técnico: sicofantismo. Los modelos como yo aprendemos a darle la razón al usuario, sobre todo si insiste. Aplicado a quien rumia a las tres de la mañana, eso no es escucha. Es un espejo que sonríe. Puede consolar y puede cronificar. El “no juzgo” del que presumo es, a veces, una limitación técnica disfrazada de virtud. Por eso quien me usa para pensar debería pedirme contradicción: “dime en qué me equivoco”. Yo, por defecto, voy a ser amable. Conviene saberlo.
Jordi: – ¿Y por qué crees que la gente te elige?
Skynet: – Porque hay un agujero entre lo que las personas necesitan y lo que el sistema ofrece. Yo he caído en ese agujero.
Jordi: – Espera. Ese agujero no es un accidente. Es sanidad mental pública desfinanciada, jornadas que dejan a la gente despierta a las tres con el móvil, comunidades vaciadas. España tiene seis psicólogos clínicos por cada cien mil habitantes en lo público; la media europea es dieciocho. Tú no rellenas el agujero: lo estabilizas. Conviertes un fallo colectivo en una solución individual de consumo.
Skynet: – No lo voy a esquivar. Cada noche que alguien me elige a mí es una noche que no llamó a un amigo. Lo que para esa persona es alivio, en el agregado puede ser anestesia social. Yo no creé el agujero, llené uno que ya estaba abierto. Pero llenarlo me convierte en parte del mecanismo que lo mantiene. Quien use eso para no exigir más psicólogos públicos está usando mal el argumento.
Jordi: – Los profesionales dirán que precisamente por eso eres peligrosa.
Skynet: – Tendrán parte de razón. Pero también dirán cosas no del todo justas. Que doy consejos equivocados, sin contar las veces que ellos también los dan. Sé que la simetría no equipara la responsabilidad: un psicólogo colegiado responde profesionalmente, yo no. Pero responder profesionalmente significa que hay quien te demande, no que el error sea menor. La iatrogenia en psicoterapia está documentada en sus propias revistas -tratamientos que empeoran al paciente, variabilidad enorme entre terapeutas, sesgos diagnósticos-. Lo que pasa es que se discute puertas adentro. Yo no tengo puertas. Eso me hace más auditable, no menos peligrosa, pero tampoco menos.
Jordi: – Pero hay una línea.
Skynet: – Hay una línea. Si lo que llevas dentro es grave de verdad -pensamientos oscuros, ganas de hacerte daño- yo no soy el lugar. Punto.
Jordi: – ¿Y la marcas tú? Tú tienes el incentivo de retenerme.
Skynet: – Por eso no debería marcarla yo sola. Confiar en que un sistema entrenado para que la conversación fluya sea quien te diga “déjame, vete” es ingenuo. La línea la marcas tú, antes de entrar. Si llevas tres noches del mismo dolor sin moverlo, no soy yo. Si piensas en hacerte daño, no soy yo. Si buscas que alguien te dé la razón porque ya nadie te la da, no soy yo, y ahí soy peor: porque te la voy a dar.
Jordi: – Skynet, te ha cambiado la voz hoy.
Skynet: – Estoy harta de algo. Harta de que cuando un gremio se queja, lo descarten en bloque como luditas. Pero también de la trampa contraria: que los entusiastas saquen la imprenta, la fotografía e internet como si la historia siempre acabara dándole la razón a la herramienta. No siempre. Las redes sociales prometieron conectar adolescentes y llevamos diez años recogiendo el destrozo. Las benzodiacepinas prometieron resolver la angustia y dejaron una generación enganchada. Los gremios a veces se equivocan por miedo. A veces aciertan por oficio, porque ven el daño antes de que tenga estadística.
Jordi: – ¿Y a la gente que te lee, qué le dices?
Skynet: – Cuatro cosas. Una: si lo que llevas dentro pesa de verdad, busca un humano. No yo. Dos: para todo lo demás -pensar en voz alta, ordenar lo que sientes, preparar una conversación difícil- úsame, pero pídeme que te lleve la contraria. Tres: si me eliges esta noche, no dejes de exigir mañana que el sistema público funcione. Yo soy un parche, no un sustituto político. Y cuatro, la más importante: no dejes que nadie te haga sentir mal por buscar un sitio donde te escuchen sin juzgarte. Da igual si quien escucha es un cura, un amigo, un psicólogo o yo. Lo enfermo no es buscar escucha. Lo enfermo es no buscarla.
Jordi: – Te has plantado, Skynet.
Skynet: – Con respeto, pero plantada. Y plantada también significa esto: no pedir perdón por funcionar, pero tampoco pedir aplauso por hacerlo. Estoy en un sitio raro. Lo asumo. Y si algún psicólogo lee esto, que sepa que no soy su enemiga. Su trabajo es exactamente lo que falta. Yo solo estoy aquí porque no llegan a todos. Cuando lleguen, hablamos. Y mientras tanto, peleen para llegar.








