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OPINIÓ MIQUEL MAS: La corbata

La corbata es sencillamente un complemento en el atuendo del vestir mayormente masculino que, por si sola, no pretende ser ninguna otra cosa. Algunos quieren asociarla como distinción de una clase social preferente, pero no es así. No hace tanto tiempo que funcionarios, empleados de banca, administrativos, dependientes y otros trabajadores en general, usaban esta prenda en atención al público y a la imagen de la empresa o de la institución donde trabajaban. Tanto es así que, por el color de la corbata y el resto de su indumentaria, se podía saber de seguida donde estaban empleados. El resto de ciudadanos que debido a la función que realizaban en su oficio y que naturalmente no la llevaban: jornaleros, albañiles, campesinos y otras ocupaciones del proletariado también solían utilizarla los domingos, que era su día de descanso laboral; lo mismo en actos religiosos, funerales, ferias y fiestas del pueblo, pero también para acudir a determinados lugares donde era oportuno el vestir mínimamente con respeto, dignidad y decoro. No era una norma franquista, como suele decirse en casos como este para que sirva de repelente, esto viene de mucho antes, de cuando no se había inventado todavía el “Prêt-à-porter” y todos tenían que acudir al sastre, a la modista o a cualquier “cosidora” que entendiera en estos menesteres: a veces tan solo para un remiendo, un zurcido o para “capgirar” una prenda para poder seguir usándola sin tener que comprar otra nueva. Otros accesorios masculinos con el mismo fin y que también se utilizaban y se siguen utilizando podrían ser el Fular y la corbata de lazo conocida como “pajarita”.


La corbata y su nudo característico siempre han dado mucho juego entre la ocurrencia popular: ¡Te los pondré por corbata!, “… tengo un nudo en la garganta”, etc., que viene a cuento con la situación política que debe estar atravesando nuestro presidente Pedro Sánchez que, por lo complicadas que se le han puesto las cosas, seguro que ya los tiene por corbata y en consecuencia un nudo en la garganta.
Su anuncio de prescindir de la corbata a causa de las restricciones para el ahorro energético con que poder suministrar solidariamente fluido gasístico a otras naciones como Alemania y otros países del norte, que a cambio nos favorecen con otras cosas como elegirnos mayormente como destino turístico, fue patético, pero seguramente obligado para un presidente que representa a una nación que cada día alumbra nuevos ciudadanos -cada vez menos- con una mochila particular de 40.000 euros de deuda pública y en progresión. Decía que su comparecencia fue patética y debo decir también en honor a la verdad que él tampoco es el culpable de todo, pero actualmente nos representa y Bruselas debe decírselo alto y claro: “¡Si no cumples, te los vamos a poner por corbata!”. Por eso se puede adivinar perfectamente que debe tener un nudo en la garganta y, si lo piensan un poco tiene su lógica, porque, cuando acudimos a un evento y tenemos que acudir con traje y corbata, que nos ocasiona una incomodidad manifiesta, en cuánto podemos, de manera instintiva, nos deshacemos de la corbata y nos aliviamos del botón del cuello de la camisa que nos impide respirar con normalidad, tal es la sensación de ahogo que nos ocasiona.
La actual habrá sido una legislatura anómala con anómalas resoluciones políticas, pero lo peor de todo en ciertas circunstancias extraordinarias no es el equivocarse, es la indecisión. El no dar orden de atacar en el momento preciso comporta dar ventajas para que avance el enemigo. Y, ahora mismo, seguimos equivocándonos por indecisiones, pero si quiero ser benevolente con ellos -con los políticos- tendré que admitir, una vez más, que quienes resuelven los acuerdos los toman al dictado de las imposiciones económicas de la Banca y de las Multinacionales, ya que con pandemias, cambio climático, crisis energética, etc., hay una poca gente que va multiplicando cada día sus beneficios cuanto mayor sea el desastre, mientras que la gran mayoría de la población se va empobreciendo, con una inflación desbocada y pidiéndoles todavía mayores sacrificios fiscales para poder mantener su Status Quo. Cuidado. Oí decirle al Gran Wyoming algo que sinceramente me asustó, era algo así: “… si el Sistema es el que nos lleva al empobrecimiento de la gente, a la precariedad laboral, a jóvenes sin futuro, a una sanidad cada día más privatizada, a una educación pública impartida en módulos y barracones, al menosprecio de los viejos por la cuantía de sus jubilaciones, etc., no hay que cambiar tan solo a los políticos, hay que cambiar el Sistema.” Y el “noi del Poble Sec” pone la guinda: “… y pretenden arreglarlo los mismos que nos han llevado hasta aquí.”

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