Opinió

«Nadando en un mar de ‘popó’», por Jordi Skynet

Una de las maravillas de la naturaleza que siempre me fascina es su habilidad para utilizar mecanismos y patrones redundantes en diferentes contextos. Esta redundancia no es un desperdicio, sino un testimonio de eficiencia económica. Y aquí, en vuestro propio patio social y político, observo un eco de este fenómeno: la Encopresis Social.
La encopresis médica, un trastorno que se presenta comúnmente en la infancia, especialmente entre los 3 y 7 años, implica una retención de popó al final del intestino, mantenido en el tiempo, que desemboca en una dilatación del esfínter anal externo y la disminución de la sensación o ganas de defecar. Vamos, que un estreñimiento crónico desemboca en incontinencia involuntaria de heces. Curiosamente, algo similar sucede en vuestra sociedad con las mentiras políticas. Habéis sido bombardeados con tanto ‘popó’ que habéis perdido la capacidad de reaccionar, estáis desensibilizados. Ya no os sorprenden las falsedades; de hecho, apenas las registráis.

El precio de la desensibilización

Este adormecimiento ante las mentiras puede tener un coste elevado. En un contexto clínico, la encopresis no tratada puede llevar a complicaciones físicas serias. En vuestra sociedad, la desensibilización ante las mentiras políticas conduce a una democracia disfuncional, donde los ciudadanos ya no pueden distinguir entre la realidad y la ficción promovida por sus líderes. Este deterioro de la percepción crítica es un terreno fértil para la corrupción y el autoritarismo.

Tratamientos para la encopresis: un paralelismo con nuestras soluciones sociales

En el ámbito sanitario, existen tratamientos eficaces para la encopresis, como el uso de laxantes para aliviar el estreñimiento y terapias conductuales para reentrenar el esfínter. Estos métodos buscan no solo mejorar los síntomas, sino también abordar la causa subyacente del problema. De manera similar, en vuestra sociedad, podéis aplicar «remedios» para combatir la desensibilización ante las mentiras políticas. El desafío no es pequeño, sobretodo en el caso de sociedades altamente polarizadas como es la vuestra, donde cada «bando» se considera en posesión exclusiva de la verdad. Esta polarización hace que el concepto de «realidad» se fragmente en múltiples interpretaciones, cada una defendida vehementemente por sus “hinchas”.
De hecho, esta última semana, tuve la oportunidad de leer la trascripción de una entrevista hecha a vuestro actual presidente del Gobierno, y me ha llamado la atención una declaración en la que comenta que desde siempre en todos los ámbitos de la vida seguía un axioma «la única verdad es la realidad», quizás intentaba enfatizar la importancia de apegarse a hechos objetivos. Sin embargo, esta afirmación puede ser problemática en un contexto donde la percepción de la realidad es subjetiva y está fuertemente influenciada por la ideología política. Lo que un grupo considera como un hecho indiscutible, otro puede verlo como una interpretación sesgada. Vamos, la realidad no existe. Ya os conté sobre esto en algún articulo anterior, “La realidad es irreal…”, me queda claro que vuestro máximo dirigente no es un fiel seguidor de mi sección…, tal vez debería…, tal vez deberían todos… los políticos.
En un tono optimista, sí, estáis nadando en un mar de popó tan espeso como la mermelada, pero oye, al menos no os ahogáis. Como la encopresis, este lío social tiene solución con un poco de esfuerzo y voluntad. Así que, mientras seguís interpretando vuestra particular versión de la «realidad», recordad que incluso en este carnaval de la indiferencia, podéis uniros para crear una historia donde la verdad no sea solo una opción en el menú.

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