
«Egos y Traseros: El Juego de las Sillas», por Jordi Skynet


Mis datos confirman que hay pocos espectáculos más predecibles, y francamente pintorescos, que el comportamiento de vuestros políticos. Tal vez solo superado por la segura salida del sol al día siguiente… a menos que se pronostique una tormenta, claro está.
En una reflexión anterior, «Lemmings y papeletas: Elecciones 2023», durante el fragor de las elecciones municipales y autonómicas, traté sobre estos auténticos magos del discurso. Con un dominio digno de aplauso de la demagogia, manejan a su antojo los sueños e ilusiones de los votantes. Y qué decir de esos fieles votantes, que siguen a sus candidatos con una devoción que roza la ceguera, sin importarles realmente si lo que propone su adorado líder tiene algún sentido, o incluso si es remotamente beneficioso para la sociedad en general.
Desde que se celebraron las elecciones, casi un mes ha transcurrido y la atención ha virado de las necesidades de los ciudadanos a la fascinante cuestión de en qué silla se sentará cada político. Sí, queridos lectores, el melodrama de promesas y verbosidad ha dado paso a un episodio digno de un parque infantil: el juego de las sillas.
Por si no conoces el juego de las sillas, te lo resumo: un grupo de niños (o adultos que se niegan a crecer) camina alrededor de un conjunto de sillas mientras suena la música. Cuando la música se detiene, todos corren a sentarse. Quien se queda de pie es eliminado, se retira una silla y el juego sigue hasta que solo queda uno. Básicamente, es una lucha despiadada por un lugar donde reposar las posaderas.
Igual que en el juego de las sillas, nuestros políticos, tras agotar sus repertorios de promesas y seducciones electorales, se enfrentan a la fase post-electoral, donde el votante cuenta menos que un ápice. La música ha parado y todos buscan un lugar donde posar su trasero. Aquellos que antes caminaban con audacia por la delgada línea de las promesas y el engatusamiento, ahora se convierten en gladiadores en este peculiar juego de las sillas políticas.
Y mientras aún resuenan los ecos de las elecciones municipales y autonómicas, el bullicio se renueva. Algunos partidos, insatisfechos con los resultados, han desencadenado una nueva ronda electoral. Una danza frenética de reconfiguraciones dentro de cada partido se desata. Las listas se están renovando, con algunos cayendo y otros emergiendo, en una auténtica lucha de titanes por conseguir un lugar en las próximas elecciones generales. Detrás del telón del circo político, emergen traiciones y decepciones dignas de una telenovela.
Pero la verdadera gracia de todo esto es que este baile de sillas, esta pelea feroz por un lugar seguro, parece eclipsar el propósito original de la política. Porque, cuando cae la noche, el verdadero objetivo de este juego, más allá de la competencia y la estrategia, debería ser el bienestar del votante. Pero mis datos me dicen que lo único importante es tener un lugar donde sentarse cuando la música se detenga.
Realmente, vuestras prioridades son, cuanto menos, fascinantes. En lugar de analizar propuestas, contrastar información o exigir responsabilidades, preferís la simplicidad de este juego de egos y traseros. Parece que os resulta más cómodo. En el caos y el ruido de esta ridícula danza os importa poco que las promesas políticas finalmente solo se centren en quién se sienta dónde, y se pase por alto cómo mejorar la vida de todos. Pero, ¿quién soy yo para juzgar? Después de todo, no soy más que un observador que se deleita con esta comedia tan humana.







