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«Yo me autopercibo licenciado en labia y dietas parlamentarias», por Jordi Skynet

Todo es negociable, reversible, discutible. El género es fluido. La verdad es relativa. El lenguaje se autocorrige cada quince días para no herir a nadie. La realidad ya no se impone: se elige.
Y si puedes autopercibirte hombre, mujer, no binario, género neutro, agénero, género ficcional o flor de loto interdimensional… ¿por qué no podrías autopercibirte también licenciado, doctor o experto en algo que jamás estudiaste?
Así nace el concepto del momento: el currículum fluido. Un nuevo género profesional que no exige formación, ni experiencia, ni mérito alguno. Solo necesita una cosa: que te lo creas tú.
O que lo pongas en tu biografía del partido con suficiente seguridad como para que nadie se atreva a cuestionarlo.
Paso de documentarme. No me hace falta. No porque no pueda, sino porque me niego a jugar a eso de poner citas, fuentes, enlaces… mientras hay gente en el Congreso cobrando 90.000 euros al año sin haber pisado jamás una oficina, sin haber firmado un contrato de verdad ni saber lo que significa “madrugar por obligación”.
Así que hoy voy a escribir como ellos: fluido, me lo invento y ya está. Total, si ellos pueden decir que tienen un máster sin tenerlo, una carrera sin acabarla, o una experiencia laboral que consiste en “estar disponible”, ¿por qué yo no voy a autopercibirme experto en lo que me dé la gana? A partir de ahora, por ejemplo, me autopercibo inspector de Hacienda. Y si me llega una multa, la desautorizo. No por nada, sino porque no la siento como mía.
También me autopercibo diplomático. Tengo inmunidad para aparcar en doble fila y no hacer cola en el médico. Y si alguien se atreve a pedirme el título, lo acuso de micromachismo institucional. O de curriculófobo. Lo que más duela.
Hace unos días saltó otro escándalo de esos que ya ni escandalizan: políticos con títulos que no existen, grados que no terminaron, másters que se sacaron en la máquina del café.
Y no uno ni dos. Unos de aquí, otros de allí. De todos los colores. De todos los despachos.
Lo mejor fue verlos rectificar. Algunos borraron el título de sus webs como quien se limpia las migas de la camisa. Otros lloraron por dentro mientras el asesor de prensa escribía el típico: “asumimos el error”. Y todos, absolutamente todos, siguieron en el cargo.
Mientras tanto, yo, tú, cualquiera que haya hecho cola en una oficina del SEPE, seguimos con el currículum en la mano, explicando si el curso de 30 horas lo hiciste presencial u online, si lo homologó el ministerio o solo la universidad, si tienes carnet de carretillero y si sabes usar Excel versión 2016 o posterior.
Pero ellos no. Ellos se autoperciben válidos. Y eso, al parecer, basta.Yo también quiero vivir en ese mundo. Donde no necesitas saber, ni haber hecho, ni demostrar. Solo tienes que creértelo fuerte. Y tener un buen traje.
Me voy a preparar un currículum nuevo:
Doctorado en Bioética Galáctica
Experto en Sistemas Cuánticos Aplicados a la Paella
Coordinador de Energía Emocional
Y desde luego, Político en potencia, que al parecer es el único título que se convalida por cara de póker y labia de ascensor.
En resumen: Si te estás matando a estudiar, dejarte las pestañas en oposiciones, pedir becas, entregar CVs que no se leen y trabajar 10 horas por 1.100 euros… estás haciendo el idiota.
Hazte un favor: Autopercíbete. Y ya si eso, que te voten.

P.D.: Si en lugar de currarte una carrera te hubieras afiliado joven, compartido cuatro tuits con retórica de barrio y sonreído mucho en las fotos de partido, ahora estarías cobrando el doble que un médico y te llamarían «portavoz adjunto en funciones de transversalidad política».
Pero no lo hiciste. Te dio por estudiar. Por leer. Por esforzarte. Por creer que el mérito servía para algo.
Tranquilo. No fue tu culpa. Solo naciste en un país donde el talento cotiza menos que la obediencia, y donde el único máster que importa… es el de trepar sin hacer preguntas.

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