
Ses Coves des Pirata, un auténtico tesoro (2ª parte)
Tal como comentamos en el anterior reportaje sobre las Cuevas del Pirata, dada la detallada descripción que de las mismas hace Pedro Estelrich Fuster en el folleto-guía editado en 1897 por “Amengual y Muntaner” (Palma) con motivo de su inauguración, reproducimos, casi literalmente, la mencionada publicación.
Hablando de las generalidades de las Cuevas del Pirata, dice Estelrich que el grupo de cuevas conocido con este nombre comprende hasta ocho cavidades subterráneas, siendo únicamente dos las exploradas y estudiadas. Y añade que los nombres con que se conocen dichas cuevas, desde tiempo inmemorial, son: del Pirata, del Puente, de los corderos (mens), de la Herrada, del Moro, l’Avenc d’en Fumat, l’Avenc del Camp del Pou y Cova de Cala Falcó.
Dice el referido texto que es muy probable que algunas de ellas puedan comunicarse entre si, o tal vez todas, descubriéndose estancias de una belleza deslumbradora, “como ha sucedido hace pocos días con el descubrimiento del lago Victoria, que no tiene igual”.


El grupo de cuevas se llama del Pirata por ser la de este nombre la más importante y estar pegada a la del Puente, cuyas bocas distan unos doscientos metros. Están situadas en el predio Son Forteza, a unos 12 kilómetros de Manacor, cerca del mar entre Porto Cristo y Porto Colom. La naturaleza del suelo es caliza compacta y la del subsuelo caliza blanda, por lo que se formaron las oquedades que produjeron las formaciones estalactíticas. Se hallan todas muy próximas, hasta el punto de no pasar de un kilómetro cuadrado el área donde están emplazadas.
Afirma Estelrich en su guía que en cuanto a la importancia de estas cuevas, “podemos asegurar que en Mallorca, ni fuera de ella, hay un grupo tan interesante, ni tan bello, ni tan variado de formaciones estalactíticas. Altura, grandiosidad, profusión de formas caprichosas, pureza de color y hermosura, y en los puntos bajos formando lagos subterráneos y dando vida al conjunto, todo parece creado allí para admiración del hombre”.
Después de ensalzar abundantemente la belleza y los encantos del lugar, la guía da a conocer cómo llegar al mismo partiendo desde Palma, y detalla así la ruta a seguir: “El viaje puede hacerse en un día saliendo de Palma en el tren de la mañana, tomando en Manacor un carruaje de los que hay siempre disponibles y regresando después de haber comido para llegar antes de la salida del último tren para Palma a las cinco y media de la tarde. El precio del viaje en coche desde Manacor a las Cuevas es de 10 pesetas ida y vuelta, pudiendo ir cinco o seis personas. La entrada a las cuevas cuesta una peseta por persona, pero en una expedición deberán reunirse cinco por lo menos”.
Habida cuenta que la inauguración de las Cuevas del Pirata coincidió con la Exposición Agrícola y las Ferias y Fiestas de Manacor del año 1897, durante los días que estas se prolongaron, las visitas a las cuevas resultaron más económicas para sus visitantes, con unos precios especiales. Así, el viaje en carruaje de cuatro ruedas resultaba por el precio de dos pesetas, ida y vuelta. En carruaje de dos ruedas, 1,50 pesetas ida y vuelta. Las cuevas se iluminaban con grandes farolas y un poderoso reflector y si los visitantes querían que las principales dependencias se alumbraran con luz de magnesio, debían abonar una peseta entre todos los miembros de la expedición. No se permitía la iluminación con bengalas ni con otras materias que produjeran humos que pudieran perjudicar la limpieza y hermosura de las paredes.


Leyenda que da nombre a las cuevas
En cuanto a la tan comentada leyenda “que corre válida”, según Pedro Estelrich, sobre el origen del nombre de las cuevas que nos ocupan, el autor de la guía de las mismas se basa en la realidad histórica de que las costas de Mallorca más azotadas por los desembarcos de los piratas berberiscos eran las del suroeste, porque sus numerosas calas proporcionaban un abrigo más seguro a sus embarcaciones y era más fácil la huida en caso necesario.
Hurgando en antiguos documentos que se guardan en los archivos pueden hallarse referencias a múltiples escaramuzas y batallas sostenidas entre moros y cristianos que se habían declarado guerra eterna. Por parte de los moros el objetivo era el robo y la devastación, y por parte de los cristianos, la defensa de sus personas y propiedades.
Con referencia a los hechos ocurridos en las que fueron llamadas Cuevas del Pirata, según Estelrich, “consta que en 1760 una invasión berberisca sorprendió a los moradores del predio Son Forteza fortificado con su torre rectangular en medio y las barbacanas laterales que rodean por completo la finca. Los berberiscos aprisionaron al amo, que se lo llevaron al barco corsario con el fin de obtener pingües beneficios por su rescate. Apercibido su hijo, reunió a la gente del lugar y salieron en pos de los piratas y tras trabada pelea en Cala Barques, consiguieron librar al amo, ahuyentando a los vencidos corsarios”.
Según Estelrich, en el oratorio de Sant Salvador de Felanitx existía un cuadro exvoto que representaba este hecho de armas, por lo que es muy probable lo que afirma la tradición con referencia al nombre de estas cuevas.
En su huida, uno de los corsarios, joven y robusto, puso un pie sobre dos rocas y se fracturó una pierna. Su primera idea después del percance fue esconderse entre algunos matorrales para no ser visto por sus perseguidores para, al anochecer, buscar otro refugio más seguro. Arrastrándose se refugió en la cueva, esperando que sus compañeros fueran en su busca y lo llevaran al barco corsario. Pero no fue así, y encontrándose solo tuvo que atender a sus necesidades, procuró vendarse la fractura, y después alimentarse. Todo ello resultaba harto difícil para una persona que apenas podía moverse, pero la providencia le deparó el necesario sustento. En aquella cueva se retiraban a descansar numerosas cabras y ovejas, algunas de las cuáles tenían crías que amamantar, y su leche fue el único alimento durante muchos días. Después de varias semanas, casi curado totalmente de su lesión, pero muy débil de fuerzas, salió en busca de su barco, que se había marchado a África, creyéndole muerto o prisionero.
Escribe Estelrich en su guía que “el disgusto recibido (por el pirata) al ver desvanecida su última esperanza debió ser grande y ello aumentó su debilidad hasta el punto de caer desvanecido a la orilla de aquel mar que siempre había cruzado con tanto valor. Unos pescadores le encontraron y le asistieron llevándolo a la casa del predio, donde fue curado y alimentado”.
El hecho de haber sido abandonado por sus compañeros en su huida le causó tal rabia que ofreció sus servicios al amo o colono del predio en cuya cueva se había refugiado y este los aceptó, portándose tan cumplidor en el desempeño de sus tareas que pronto se ganó la confianza de todos sus compañeros trabajadores y mandatarios de la finca. Pasados algunos años se hizo cristiano y se casó con la hija del colono de Son Forteza, viviendo siempre en paz con la familia hasta que de resultas de heridas recibidas en un combate con los corsarios falleció, después de haber conseguido la victoria. Desde entonces, la cueva que sirvió de refugio a aquel hombre valeroso y agradecido recibe el nombre de la gruta del pirata.
Hasta aquí la historia o leyenda de las tan famosas cuevas del Pirata de Porto Cristo. En un próximo reportaje realizaremos un viaje de ensueño por su interior, de la mano de Pedro Estelrich Fuster, a través de lo que cuenta en su guía.








