
ActualidadCulturaEntrevistasPorto Cristo
Salvador Carbonell: “He sido inmigrante durante varios años, de ahí que me pareciera bien dar ese dinero a Cruz Roja”
El día que voy a entrevistarle, se acaba de ir la luz en su casa, lo que me impide ver con más claridad los cuadros y diplomas que la decoran. Ha pasado toda su vida entre zapatos, barcas y acuarelas, tiene ochenta y ocho años, pero aparenta veinte años menos. Hablamos de Salvador Carbonell, hombre de mundo, porteño de adopción desde su adolescencia, al que conozco de pura casualidad, gracias a su reciente colaboración con Cruz Roja Manacor. Ante ustedes, un hombre único, singular, con una vida de película.
- Buenos días, Salvador. Como bien sabes, me he puesto en contacto contigo a través de Mateu Ballester, presidente de Cruz Roja Manacor, después de que él me comentara la donación de cuadros que habías hecho a esta oenegé. ¿Qué te empujó a donar estos cuadros a Cruz Roja Manacor?
- Hace cuatro años, poco antes de la pandemia, compré lotería en Porto Cristo. No me tocó un premio muy grande, pero fue un buen premio. El caso es que yo no sabía qué hacer con ese dinero, una parte se lo di a mi hija y a mis nietas, pero con la otra no sabía qué hacer, hasta que me aconsejaron que se lo donara a la Cruz Roja de Manacor. Me pareció una buena idea, y nada más donar el dinero, me hicieron socio. Yo he sido inmigrante durante varios años, y sé lo díficil que es empezar una nueva vida en otro país, de ahí que me pareciera bien la iniciativa de donar ese dinero a la Cruz Roja.
- Después de la pandemia, ya vino la idea de Mateu Ballester, de que tú donaras parte de tu obra, para así seguir ayudando a Cruz Roja Manacor, ¿no?
- Así es, Mateu me lo propuso hace unos meses, y como vi que era una propuesta buena para todas las partes, le di mi visto bueno.
- Antes de entrar de lleno en tu etapa como inmigrante, quería que me contaras un poco tu vida. Comencemos por tus primeros años, si te parece bien.
- Yo nací en 1934, en Sitges. Lo primero que conocí fue la guerra civil y la posguerra. Mis padres, mis tíos y mis abuelos estaban en la cárcel, por lo que viví los primeros años de mi vida con mi abuela. No tenía a nadie más.
- Tuviste que crecer demasiado deprisa…
- Así es. Sitges es un pueblo costero, con muchas barcas, y recuerdo ir allí con cinco o seis años a recoger con las manos todo el pescado que traían al puerto. De alguna manera, en ciertos aspectos, yo era el hombre de la casa, por lo que me vi obligado a ser responsable a una edad muy temprana.
- Poco después, emigraste a Francia con tu abuela…
- Sí, no fue mucho tiempo, pero estuvimos en Francia poco después de que acabase la Guerra Civil. Una vez que había una cierta seguridad para volver, volvimos. Fue una etapa breve pero intensa, de mucha incertidumbre. Tras volver de Francia, estuvimos unos años más en Sitges, para luego, en 1946, venir a Mallorca, en esta ocasión ya con mis padres. Mis padres intuían que aquí estaríamos más tranquilos, e hicieron bien. Me vine a Porto Cristo con doce años, y desde entonces, más allá de esos años como inmigrante, siempre he estado aquí.
- Poco antes de venirte a Mallorca, ya descubriste tus dotes para el dibujo y la pintura…
- Exacto. En Sitges, cuando tenía ocho o nueve años, un señor de unos setenta años que había sido director de la Escuela de Arte y Oficios de Barcelona, daba clases de dibujo a chicos que eran un poco más mayores que yo. Ya eran adolescentes, casi adultos. Un día, yo jugaba cerca de donde él daba las clases, junto con otros amigos. El caso es que me vio y me propuso que dibujara algo. Él, al ver mi nivel, me propuso que fuera también a clase de dibujo, cosa que hice, al tiempo que me insistía una y otra vez para que fuera arquitecto.
- Sin embargo, tu vida no fue finalmente por la arquitectura, aunque sí por la pintura…
- Así es. De hecho, mis primeros dibujos los expuse con trece años, poco tiempo después de llegar a Mallorca, y ya por aquel entonces me dieron un premio. Pocos años después, sin abandonar del todo mi labor de pintor, empecé a trabajar como modelista de zapatos, que ha sido mi principal oficio a lo largo de mi vida. Es cierto que tengo dos pasiones, la pesca y la pintura, pero al oficio que dediqué más tiempo fue a la zapatería.
- Tendrías 25 años, aproximadamente, cuando después de hacer la mili en África, decidiste emigrar a Sudamérica.
- Estuve como inmigrante casi tres años. Desde inicios de febrero de 1959, hasta principios de 1962. Poco antes de embarcar a Sudamérica me había casado, pero claro, la situación económica en aquel entonces era muy difícil para muchas familias, y eso me empujó a probar suerte durante un tiempo. Durante esos años, estuve principalmente en Venezuela, aunque mi afición a la pesca hizo que atravesara toda la costa de Sudamérica. Allí conocí a muchos otros inmigrantes europeos. Franceses, italianos, españoles…


- Allí alternabas tu labor de modelista de zapatos con tu afición a la pesca, que fue muy intensa y fructífera durante aquellos tres años…
- Sí, participé en varios campeonatos de pesca, ganando varios premios. También pintaba, aunque no mucho. A mí siempre me ha gustado el mar. De hecho, cuando tenía dos o tres años, llegué a colarme en una barca, y las personas que iban en esa barca no se dieron cuenta de que estaba allí hasta que no habían recorrido una parte del trayecto. Al verme, me reconocieron y me trajeron de vuelta al puerto de Sitges.
- ¿Cómo fue tu vida al volver a Mallorca, a inicios de los años sesenta?
- Por un lado, seguía pintando cuando me apetecía. A la hora de pintar siempre he ido por rachas, he pintado cuando me apetecía, nunca me lo he impuesto. Por otro lado, más allá de la pintura, seguía con mi labor de zapatero, al mismo tiempo que tambien llevaba a turistas, mañana y tarde, por esta zona de Mallorca, en una barca que compré con mis ahorros. De este modo, sobrevivía haciendo lo que más me gustaba.
- Y con el paso del tiempo, ¿cómo ha ido evolucionando tu vida?
- Pues muy bien, no me puedo quejar, he sido feliz, y lo sigo siendo. Tengo una hija, dos nietas, tengo salud, que a los ochenta y ocho años se valora mucho… Incluso hace poco, tuve una revisión médica en Manacor, y la enfermera me regañó por estar tan bien a mi edad (ríe). No ha sido una vida fácil, ha habido desgracias, evidentemente. Mi hermana murió muy joven, he atravesado momentos complicados, pero he salido adelante y he podido disfrutar de la vida.
- Entiendo que no te queda ningún reto pendiente en tu vida…
- Qué va, para nada. He sido feliz, y he vivido como quería. A mi nunca me ha interesado ser millonario, solo tener lo básico para subsistir y hacer lo que quería.
- Antes de acabar esta entrevista, me gustaría que mandases algún mensaje, especialmente a los jóvenes. Creo que una persona como tú, con todo lo que ha vivido y cómo lo ha vivido, puede decir algo interesante al respecto.
- (Piensa unos segundos) Diría que la vida no es fácil. He trabajado mucho, he luchado mucho para vivir como me gustaría vivir, y durante todos estos años te das cuenta de que las cosas no llegan solas, que no se regala nada. Que si te gusta algo, que si quieres conseguir algo, que sepas que te va a costar, y que incluso por mucho que luches, a veces no lo vas a conseguir. Ya lo decía Cruyff, «para ganar, aparte de ser bueno, tienes que tener suerte», y yo he tenido mucha suerte en la vida.






