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OPINIÓ MIQUEL MAS: Puntos de vista

Días pasados, Arturo Pérez Reverte acudió al programa de Pablo Motos «El Hormiguero» para promocionar su nuevo libro,  titulado «Revolución», pero el caso es que la entrevista derivó más bien en contarnos trazos de sus experiencias personales más que centrarse en el libro en cuestión. Para mí, Arturo, -aparte de ser un buen escritor-, siempre me ha parecido un rebelde sin causa -al menos que yo conozca- y, teniendo sus años, su rebeldía es de agradecer. Según dice fue suspendido en tres cursos y expulsado del colegio en sus años de estudiante, y, sin embargo, desde hace unos veinte, es miembro de la Real Academia Española. Durante un tiempo se dedicó al periodismo, a ser corresponsal de televisión y reportero de guerra. Arturo -quería decirlo- también se ha convertido en un provocador y un polemista inmisericorde, y, con su enorme bagaje intelectual y mundología, tanto puede salir airoso dialécticamente lo mismo en un debate con un particular, que con un ministro, o con un Premio Nobel. Con sus reflexiones y aseveraciones se puede estar a favor o en contra, pero por ser quien es, un Académico, no pueden dejar indiferente a nadie.
Arturo habló de lo que más sabe, de la guerra, no en vano repitió muchas veces que se fue a la guerra para aprender. Y dice que aprendió que la principal función en una guerra es destruirlo todo y matarse, unos a otros, aun sin conocerse y a veces sin saber por qué, porque todo lo condiciona una situación límite y que por eso las muertes que se cometen no pueden llamarse asesinatos. Se pueden cuestionar las razones políticas, ideológicas y económicas que provocan una guerra, pero cuando esto sucede y se produce el estallido, empiezan a destruirse cuantas más cosas mejor, tanto en el frente como en retaguardia: se matan a viejos, mujeres y niños, a familias enteras; se producen vejaciones, violaciones, torturas, represiones, etc., y asegura que el fin de la guerra lo justifica todo. Se puede matar por sentido de supervivencia, por ideas o simplemente matar sin sentido ni justificación. Además la guerra tiene un olor que te embriaga. En la guerra -dice- pudo aprender cómo se mata a personas indefensas tan solo por el goce de matarlas -o ni siquiera eso-, para después poder ensuciarse las botas caminando por entre los ríos de sangre, nada más. Y advierte que hay que estar preparados para cuando esto pueda suceder, porque actualmente no lo estamos. Nuestros padres y nuestros abuelos por lo menos eran más conscientes de ello debido al sinfín de conflictos bélicos coloniales, a la inestabilidad política y a las miserias que sufrieron, pero nosotros vivimos y educamos a nuestros hijos enseñándoles que la luz proviene de un simple enchufe en la pared y el agua fluye cuando se abre un grifo, y, por lo tanto, deberíamos de estar preparados para cuando se produzca el apagón o, en otras palabras, para cuando el Titanic de nuestras vidas se dé contra el Iceberg. 

Arturo Pérez Reverte


Casualmente se han encontrado los restos de Aurora Picornell. Durante más de ochenta años hemos creído saber que había sido encarcelada, vejada, violada, fusilada y tirada en una fosa común en Porreres. Todos los investigadores decían que lo sabían ciertamente y, mira por dónde, aparece en Manacor. Habrá que reescribir la Historia, dicen ahora. Y, digo yo, con lo publicado ¿qué hacemos? Naturalmente conozco otros casos.
Siempre he puesto en valor la labor de los investigadores, historiadores, periodistas y a quienes publican desde la neutralidad verdades contrastadas, pero es que continuamente nos encontramos con “lapsus” impropios de autores tan creíbles como Josep Massot i Muntaner cuando Manuel Aguilera dice de él: “No entiendo por qué mi admirado Josep Massot i Muntaner nunca publicó ninguno de estos nombres en su libro ni quiso humanizar una historia tan trágica como los bombardeos de Mallorca.” O, también Sebastià Alzamora en un prólogo, que, según el mismo Manuel Aguilera, dice así: “El PP sigue sin condenar el golpe militar de 1936, cuando lo hizo en 2002, y es una afirmación impropia por su parte.” Asimismo Pere Antoni Pons escribe: “Molts dels periodistes i dels polítics que parlaven d’Aurora Picornell en deien que havia estat una lluitadora a favor dels drets socials dels treballadors, sindicalista, feminista, una dona d’esquerres, fins i tot una defensora de la democràcia, però per sistema ometien el que més la defineix, que era comunista. Més enllà del debat partidista i de les afinitats ideològiques de cadascú, quin és el problema d’aquesta omissió?”. Y José Jaume apunta: “Paul Preston en ‘El holocausto español’ es demoledor, te envuelve en una insondable desolación, una enorme tristeza, incluso después de tantas décadas transcurridas desde aquella inmensa tragedia.” Una “Terra de cadàvers” dice que somos Joan Guasp.

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