ActualidadOpinió

OPINIÓ MIQUEL MAS: Manacor es un encanto

Según puedo leer en una carta abierta en esta misma revista, algún pequeño comerciante que se apuntó al chollo de las “subvenciones” por Bonos se queja ahora de que aparezca su importe como un ingreso añadido en la Declaración de la Renta por parte de otra entidad como es el propio Ayuntamiento. Quien entendió al principio de qué iba la cosa y le convenía para sus intereses no puede decir nada al respecto, pero a quien le haya pillado por sorpresa sabrá que, en adelante, conviene asesorarse primero de las consecuencias de ciertos inventos. Ya dije en su momento que un delegado de Hacienda, en su función también de responsable de la recaudación municipal, no puede representar nunca los intereses de los contribuyentes, siendo también al mismo tiempo delegado de Comercio e Industria, porque son dos delegaciones incompatibles. Y, por añadidura, después los políticos se vanaglorian diciendo que con la extraordinaria aportación municipal han conseguido movilizar a una tan inmensa cantidad de clientes, necesitados de un vale de 10 o 20 €, -para poder comprar un artículo que el comerciante ya había rebajado al máximo para favorecer la salida de existencias acumuladas a causa mayormente de la pandemia-, que han generado astronómicas cifras en ventas. Sin duda a la Agencia Tributaria le gusta saber todas estas cosas. De todas maneras, dada la insignificancia -para mí- de las cantidades en Bonos que deben haber atendido realmente y por separado cada uno de los comercios “beneficiados” espero que la repercusión sea mínima.


Hace tiempo que, quien era el responsable de la Consellería de Comerç i Indústria, en cierta ocasión me dijo: “… en adelante ya no habrá sitio para el pequeño comercio tradicional, en Europa todo está en favor de las grandes superficies, de las franquicias y los grandes negocios (ahora tendríamos que añadir las ventas online). Encima de la mesa tengo más de treinta solicitudes de grandes superficies que quieren establecerse aquí. Yo puedo comprometerme a conseguir una moratoria durante el tiempo que ocupe este cargo, después otro tomará las decisiones”. Desde entonces, el pequeño comercio ha seguido y sigue en su empeño de resistir, de subsistir -como hacen algunos románticos payeses-, pero nada de prosperar y generar beneficios como debería ser. A los políticos ya les va bien así porque, con unas tiendas abiertas, unos mercadillos cada día más exóticos y, sobretodo, con las terrazas de los bares rebosantes que adornan, -también con macetas y que están muy bien- las calles del pueblo, pueden pregonar por doquier sus innumerables virtudes cívicas y sociales. Pero ni ellos mismos se lo creen. Los centros urbanos van perdiendo su esencia y en los últimos años muchos negocios familiares “emblemáticos” han desaparecido, y más que van a desaparecer porque los propios dueños prefieren a sus hijos fuera del rompecabezas de casa. En poco tiempo ya no habrá relevo generacional, tan solo comercios circunstanciales de quita y pon. De todas maneras, quien sea verdaderamente un comerciante no preocupa en exceso, porque siempre saldrá a flote, si no es aquí será en otro lugar y puede que con otra o varias ocupaciones: al llamado toma y daca nunca lo van a erradicar, tan solo lograrán entre todos pervertir el sistema y seguramente sumergirlo aún más, pero donde haya un dinero, poco o mucho, siempre habrá un negociante dispuesto a facilitar un acuerdo entre quién quiere comprar y quién quiera vender.
Al pequeño comercio no se le engaña con pseudoayudas, se le quiere. Y para quererlo hay que ir a comprar cada día, porque sin el “cariño” de su querida y bien atendida clientela no puede subsistir. No se trata de un día de feria, que está bien; no se trata de una semana promocional de tan solo un par de muy buenos artistas locales, bien pagados por cierto. El pequeño comercio, para mantenerse, necesita hacer caja diaria y, por eso, al pequeño comercio familiar y tradicional se le quiere o no se le quiere y no pasa nada, no es necesario tener ningún cargo de conciencia, sus propietarios sabrán y si es necesario se buscarán la vida con otro quehacer y en otra parte y así la población también podrá disponer de más locales libres para montar bares y terrazas que es lo que mayormente parece que les gusta, donde servir birras, gandulería y fomentar el griterío o contaminación acústica, llamado también ocio para quienes lo disfrutan y que también sirve para vaciar las calles de los residentes que lo sufren.
Mi consejo sería que los munícipes cuidaran muy mucho en lo que saben y que no enredaran en lo que no, porque la mayoría no tienen ni idea del cometido que tienen entre manos: así está Porto Cristo, la carretera de Felanitx, la vieja de Sant Llorenç, los cauces de los torrentes, el Hipódromo Municipal, Es Camp d’en Frau, la ampliación de un Hospital con mucho presupuesto y sin una sola cama añadida, la intervención en la rotonda del Polígono, etc. Y un añadido: la pacificación ciudadana pretende que vayamos supliendo los coches por más bicicletas y otros aparatos singulares como son los patinetes. En la familia ya hemos sufrido un atropello a causa de uno de estos artilugios, en fin: una embestida en la misma acera, la consiguiente caída, urgencias, radiografías, dolor, una resonancia, cojera y sesiones de fisio. Por supuesto, el responsable a la fuga. Si hubiera sido todavía peor, ¿quién se hace cargo de todo esto? Pregunto.

Mostrar más

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba