ActualidadOpinió

OPINIÓ MIQUEL MAS: Los elegidos

Mijail Gorbachov fue para occidente como un Adolfo Suárez para España, pero a lo bestia, propiciando la desintegración de la Unión Soviética, dinamitándola desde dentro, convencido de que el sistema comunista tal y como se practicaba había fracasado, reformista y transparente, enarbolando su “Perestroika” y la “Glasnost” como estandarte, se echó en brazos de los líderes occidentales que naturalmente apoyaron aquella autodestrucción nunca soñada con promesas que nunca cumplieron. Así acontecieron el final de la Guerra Fría, la caída del Muro de Berlín, la independencia de Ucrania, la retirada de tropas en Afganistán, los fundamentos del desarme nuclear y desmontando el trágico conglomerado organizado por Lenin y Stalin, de quienes todos creían que era un alumno aventajado, así que el comunismo nunca se lo perdonó. La caída de la URSS fue para occidente como una rendición liberadora de su tiranía totalitaria, pero ocurrió que se rompió el equilibrio que existía por el antagonismo de las dos superpotencias, EEUU y la URSS, que recelaban entre ellas y se amenazaban, pero que en el fondo se respetaban por la cuenta que les traía, y se abrió la puerta a la llamada globalización, y así los oligarcas rusos, antes solo unos despreciables mafiosos, naturalmente tomaron el poder, la población -por si interesa-, continuó pasándolo mal o aún peor, pero consentidos y acostumbrados desde su revolución del diecisiete, quizá por eso más de un ochenta y cinco por ciento -según encuestas occidentales- han venido apoyando la gestión de Putin y lo que te rondaré morena, añorando tiempos pasados, porque para ellos todavía no está todo perdido, ya ven, con tan solo cerrar el grifo del gas, dificultar la salida de cereales y teniendo a China en la recámara como aliada, Putin tiene acojonado a medio mundo, y mientras que la “tropa” de Bruselas intenta reorganizarse tratando de tranquilizarnos diciendo que con su batería de sanciones a Rusia van ganando por goleada, sin embargo, Putin juega con ellos al gato y el ratón, no sabemos hasta cuando y hasta donde, con una guerra de desgaste llena de aseveraciones y de discrepancias por las dos partes y de la que ninguno de todos nosotros podemos escapar: inflación desbocada y supervivencia para los más desfavorecidos. Las eléctricas y las grandes corporaciones aprovechan el desconcierto y hacen “su Agosto” especulando con los precios de sus servicios casi siempre de manera poco ortodoxa, también los distribuidores de alimentos -no los productores que ya apenas pueden asumir los costes de producción-, quizá por eso Yolanda Díaz propone una cesta de la compra básica elemental, contrastada y asequible -no es tonta, no- para los próximos meses, mientras que el señor Garamendi asegura que en el mercado debe primar la libre competencia y que no estamos en Cuba o Venezuela. Yo tampoco diría tanto, aunque le invitaría a pasarse tan solo un mes con el Ingreso Mínimo Vital y a ponerse a la cola de un comedor social. Pero que no se preocupe el presidente de la patronal de patronales que nadie le va a tocar su langosta diaria, ya que lo de la cesta de la compra no va con ellos, tan solo va con quienes ellos sin querer han dejado en la cuneta. Mijail Gorbachov no fue profeta en su tierra, no. El salvador de occidente y abanderado de la paz mundial que, con su desmesurada contribución unilateral, tampoco consiguió, siquiera no fue merecedor para su pueblo, que -decía- mayormente representaba, de los honores que le correspondían en su despedida. Desagradecidos que son, los rusos naturalmente.

Yo invitaría a Garamendi a pasarse tan solo un mes con el Ingreso Mínimo Vital
y a ponerse a la cola de un comedor social


La muerte de una señora de noventa y seis años ha dejado en shock a ciento cincuenta millones de ciudadanos británicos y yo ya no sé que pensar, si toda esta gente, que nosotros comúnmente llamamos ingleses, debían imaginar que una reina, por ser la suya, viviría eternamente. Claro que los reyes no lo son por la gracia de su pueblo sino que lo son por la Gracia de Dios y habiendo sido designados por El cualquiera sabe. Isabel II, reina en el país de las maravillas en pleno siglo XXI, cuyo boato sería inimaginable hasta en una de las superproducciones de Walt Disney, ya que es ciertamente increíble la ostentación y el despilfarro en todo lo que rodea a la corona británica, sobre todo cuando Carlos III dice que la reina ha ejercido la monarquía con dedicación y entrega de forma desinteresada, ya que hasta la Revista Forbes ha sido incapaz de calcular la inmensa fortuna de Isabel II, diluida entre los innumerables títulos nobiliarios: marquesados, ducados, condados, protectorados, etc., de que se compone esta amalgama societaria y de intereses que es la Commonwealth, un invento muy ingenioso por el que cada Estado mancomunado, a raíz del proceso de descolonización, es políticamente independiente bajo el manto real y que de esta manera adquiere el nombre de Reino Unido. Nada de todo ello sería posible si los ciudadanos británicos no excusaran y defendieran la inviolabilidad de la monarquía, salpicada de innumerables escándalos, pero que no hacen mella en el sentimiento de sus súbditos por la institución. Envidia debe tenerles nuestro rey emérito.

Mostrar más

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba