La carrera por la vacuna ha comenzado

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Se avecinan unos meses clave en la lucha contra la Covid-19

La carrera por la vacuna ha comenzado

Para este reportaje, hablamos con expertos en el tema:

  • – Doctor Salvador Borrós, de la IQS-Universitat Ramon Llull de Barcelona.
  • – Vicente Larraga, miembro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
  • – Doctor Joan Bennàser, director médico del Hospital de Manacor.

José María Sánchez

Casi al mismo tiempo que la pandemia del coronavirus comenzaba a traspasar fronteras como un tsunami imparable, laboratorios de todo el mundo iniciaban una carrera contra reloj para encontrar una vacuna que pueda contrarrestar al nuevo patógeno. No es el único recurso científico para detener al virus, pero sí el más importante. Las investigaciones siempre parten de la premisa de que el desarrollo de vacunas se caracteriza por un alto nivel de fracaso, pero los proyectos en marcha son casi 150, algunos ya en fase avanzada, y nunca antes la comunidad científica internacional había actuado tan coordinadamente ni con tantos recursos para solucionar un problema. En total, hay 213 países y territorios heridos por el zarpazo de la enfermedad, prácticamente todos los del planeta, por lo que hallar una vacuna contra el nuevo coronavirus se ha convertido en una cuestión de máxima prioridad.

Evidentemente, la importancia de encontrar un remedio contra la Covid-19 es algo crucial para la sociedad actual, ya que por el momento, el virus está circulando libremente por las personas, lo que hace que todas ellas estén expuestas al patógeno. El nuevo virus ha demostrado una capacidad de contagio superior a la que en un principio se estimó, lo que le ha permitido propagarse a lo largo y ancho del mundo de una manera explosiva. Medidas como la higiene, el uso de mascarillas o el distanciamiento físico seguirán siendo muy efectivas, y pueden frenar el ritmo de contagios hasta niveles de relativa seguridad, pero el regreso a la situación anterior a la pandemia va a depender del hallazgo de soluciones terapéuticas. Dentro de estas, la vacuna es la más importante. Que el mundo pueda volver a la situación anterior a la pandemia va a depender de una vacuna.

En España, son más de una decena los proyectos que buscan dar con una vacuna contra el coronavirus. Uno de ellos parte de la IQS-Universitat Ramon Llull, de Barcelona. Una universidad que años antes de que comenzase la pandemia, contaba con tecnologías aplicables a la vacuna del Covid-19, con las cuales han aprovechado actualmente ese material tecnológico para formar el proyecto de investigación Covinanovax, una iniciativa científica liderada por el doctor Salvador Borrós que tiene como objetivo luchar contra el coronavirus. Por suerte, la primera etapa de investigación de este proyecto ya ha dejado algunas sorpresas agradables. “Durante estos primeros meses hemos estado trabajando con nanopartículas de un ARN que puede generar la inmunidad contra el virus; además, también hemos descubierto que dichas partículas podemos fabricarlas en una gran cantidad”, afirma el doctor Borrós, satisfecho de los primeros avances que ha dado el proyecto.

En términos muy similares se expresa el investigador Vicente Larraga, miembro del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas), que no duda en señalar los adelantos que ha dado esta rama del Ministerio de Ciencia e Innovación durante estos primeros meses de investigación. “Ya hemos diseñado ocho candidatos para la vacuna. Estos candidatos ya los hemos probado en cultivos in vitro, y funcionan perfectamente. Aún nos queda un mes más para experimentar con el modelo animal, y una vez que pase ese mes, nos dedicaremos a analizar los resultados que estos candidatos provocan en el sistema inmune; una vez que los resultados estén analizados, pasaremos a la última fase con el modelo animal, donde probaremos si esos candidatos protegen del virus a través de distintos ratones y hámsteres”, asegura el miembro del CSIC, al tiempo que recalca que esa experimentación con animales se encargará de revisar principalmente el sistema respiratorio e inmune de los animales, para así determinar la efectividad de los candidatos a vacunas. Según Larraga, si todo sigue según lo previsto, para finales de noviembre estos experimentos habrán acabado, lo que provocará que el CSIC dé luz verde a la fase 1 y 2 de la vacuna. Ahora bien, ¿en qué consisten exactamente las fases de una vacuna?

Las fases de una vacuna

Antes de cualquier prueba clínica en humanos, el candidato a vacuna debe superar una fase 0 o preclínica, que incluye pruebas in vitro y en animales (como las que hace actualmente el CSIC). La vacuna debe demostrar que es segura y que funciona en los organismos animales. Si lo hace, puede pasar al estudio clínico en seres humanos, que se divide a su vez en tres fases, con una cuarta opcional. En la fase 1, la vacuna se prueba en pequeños grupos de entre 20 y 100 personas sanas. El estudio se centra en confirmar que el tratamiento es seguro y efectivo, identificando posibles efectos secundarios y determinando la dosis adecuada. Asimismo, la fase 2 es como una especie de prolongación de la primera fase, ya que simplemente se trata de un estudio a mayor escala en el que participan varios cientos de personas. Aquí se evalúan los efectos secundarios más comunes a corto plazo y cómo reacciona el sistema inmune.

Posteriormente viene la fase 3, que en algunos casos se convierte en la última etapa por la que pasa una posible vacuna. En este período, el ensayo es mucho más grande, ya que participan varios miles de voluntarios. Justo en esa etapa se compara cómo evolucionan las personas que fueron vacunadas respecto a las que no. También se recolectan datos estadísticos acerca de la efectividad y la seguridad, del mismo modo que esta fase también sirve para detectar otros posibles efectos secundarios que hayan pasado desapercibidos en la Fase 2.

Por último, existe la posible fase 4. Esta es una fase a la que muchas vacunas se someten, después de que la vacuna haya sido aprobada. El objetivo es recabar aún más información que pueda reforzar su eficacia.

Más allá de la necesidad de hacerse cuanto antes con una vacuna que sea efectiva contra la Covid-19, todo hace indicar que cualquier vacuna susceptible de ser aprobada en la lucha contra esta pandemia, a buen seguro pasará también por la fase 4, para así garantizar una mayor eficacia del tratamiento. De hecho, si hay algo que ha quedado claro para el investigador Vicente Larraga durante estos primeros meses, es que la paciencia va a ser clave para dar con una vacuna efectiva. Un tratamiento tan importante como este necesitará de un gran número de pruebas e informaciones concluyentes, que aseguren la viabilidad de la vacuna.

En definitiva, si existe un elemento que realmente va a ser clave para derrotar a esta pandemia, este elemento es el tiempo.

“Este tipo de investigaciones han servido para darse de cuenta de que siempre seremos más efectivos si trabajamos sin prisas. Esto es algo que sucede con cualquier actividad científica, pero con esta aún más. Por muchas ganas que tengamos de avanzar al respecto, no podemos evitar los controles así como así”, señala Larraga, consciente de la gravedad que rodea al conflicto de la pandemia. De hecho, numerosos científicos han hablado de la necesidad de ser pacientes ante la llegada de una posible vacuna contra el coronavirus. Los cálculos más optimistas de los expertos indican que no habrá ninguna vacuna fiable ni eficaz antes de 12 o 18 meses. El proceso se está acelerando al máximo, pero hay fases que no pueden ser más rápidas, y requieren de meses de pruebas. En un contexto de pandemia, pueden parecer siglos, pero hay que tener en cuenta que en condiciones normales, el desarrollo de una vacuna se extiende durante varios años e incluso décadas.

Las predicciones de nuestros expertos respecto al surgimiento de la vacuna son algo diferentes, pero no en exceso. Por un lado, Borrós considera que habrá que esperar al menos un año para que se comercialice un tratamiento efectivo para el coronavirus. “Creo que para el próximo verano ya existirá alguna vacuna eficaz contra la Covid-19, aunque todo es tan nuevo y complejo, que se hace muy difícil de predecir cuál será el próximo paso de este virus”, asegura el científico de la IQS-Universitat Ramon Llull. Por otro lado, Vicente Larraga no descarta en absoluto la posibilidad de que este tratamiento ya esté disponible el próximo invierno. “Puede que para fin de año, o principios del siguiente, ya exista alguna vacuna que pueda luchar contra laCovid-19. Eso sí, pienso que es muy difícil de predecir cuándo puede salir exactamente dicha vacuna; hará falta mucho trabajo y disciplina de parte de todos”, aclara el investigador del CSIC.

Del mismo modo, Larraga hace un especial énfasis en el suministro del tratamiento que existirá contra el coronavirus, una vez que la vacuna salga al mercado. “El conflicto respecto a este tema no es solo en qué momento surgirá la vacuna, sino también hasta que parte de la población llegará ese tratamiento. Eso es algo que aún no se sabe, aunque esperemos que la capacidad económica de cada individuo no influya a la hora de poder vacunarse contra la Covid-19”, declara el miembro del CSIC. De hecho, la frenética carrera por encontrar una vacuna tiene ante si un triple desafío titánico. Primero, acortar los plazos para conseguir cuanto antes un tratamiento que frene la pandemia. Segundo, producir dicho tratamiento a una escala nunca antes conocida -varios miles de millones de unidades en el menor tiempo posible-, donde la implicación de la industria farmacéutica será fundamental. Y en tercer y último lugar, asegurar campañas masivas de vacunación. La suma de estos tres grandes objetivos convierten a este reto en uno de los más importantes a los que se ha enfrentado la ciencia en toda la historia.

La Covid-19, en Manacor

Por suerte, Balears ha sido una de las comunidades menos afectadas por esta pandemia, aunque el trabajo del personal sanitario de “les Illes” ha sido tan duro como en cualquier otra región del país. Así lo explica Joan Bennàser, director médico del Hospital de Manacor. “En primer lugar, hemos tenido que organizar la asistencia frente a una situación que no sabíamos cómo iba a evolucionar, y posteriormente hemos estado en distintos frentes; por un lado, atendiendo a los pacientes que presentaron la enfermedad, aunque también a aquellos que fueron sospechosos de haberla presentado (y que finalmente no la tuvieron) y a los que tratamos por otras patologías. Todo esto con las dificultades añadidas a una atención sanitaria que siempre entraña riesgos y que requiere esfuerzos”, reconoce el doctor Bennàser.

Asimismo, y al igual que a los investigadores anteriormente citados, si algo ha sorprendido al director médico del Hospital de Manacor es la continua evolución del virus, por lo que no descarta en absoluto la posibilidad de que exista un gran rebrote el próximo otoño. “Previamente ya hemos tenido contacto con otros virus, algunos parecidos, como el virus del SARS-COV del 2002, el MERS del 2012 o incluso la mal llamada gripe española de 1918. En alguna de ellas, como en ese último caso, se produjo un segundo brote al llegar el otoño, cosa que no es en absoluto descartable si hablamos de la Covid-19. De hecho, si tenemos en cuenta el mecanismo de transmisión de estos virus, predominantemente respiratorios, el patógeno pasará mejor de persona a persona al llegar la temporada en la que, por las condiciones climáticas, los individuos coinciden en espacios cerrados y con menos distancia interpersonal. Por ello, parecería muy probable ese rebrote”, asegura Joan Bennàser.

De este modo, el doctor Bennàser reincide en la importancia de cumplir con los tres requisitos básicos de protección contra el coronavirus, el uso de la mascarilla, lavado de manos y distancia social, al mismo tiempo que llama a cumplir con cualquier otro mandato proveniente de las instituciones sanitarias. “Aconsejaría cumplir las medidas que los expertos nos indiquen, especialmente cuando tenemos personas mayores o de riesgo a nuestro alrededor. La socialización de las personas no puede ni debe representar un peligro para los demás”, señala rotundamente el director médico del Hospital de Manacor. Del mismo modo, Bennàser también pone la lupa en las grandes concentraciones de gente, un hecho que se está repitiendo en demasiadas ocasiones durante este verano. “Por ahora, nuestro foco de atención debe de estar en los grupos grandes sin medidas de control, para así evitar la transmisión de este virus y el desarrollo de la enfermedad. Si no conseguimos controlar este tema, los rebrotes se adelantarán sí o sí”, alerta el máximo dirigente del hospital manacorí.

El futuro está en la ciencia

De entre todas las lecciones que ha dejado esta pandemia, existe una que no solo debería de llamar a la reflexión a toda la clase política, sino a todo el conjunto de la sociedad. Hablamos de la importancia de dar a la ciencia y la investigación el papel que se merece. “Ojalá que estas investigaciones sirvan para demostrar la importancia de la ciencia en cualquier país democrático. Esto es algo que los científicos venimos reclamando desde hace muchos años, ya que pensamos que no es incompatible tener un país referente en turismo, y al mismo tiempo, tener una industria científica y tecnológica avanzada. Ojalá que la ciudadanía reflexione sobre ello”, afirma Vicente Larraga, investigador del CSIC.

No hay duda de que en un futuro, las pandemias serán mucho más habituales que hasta el momento. Solo por esa razón (aunque existen muchas más), el rol de la ciencia debería de cambiar cuanto antes en nuestro país. Afortunadamente, el Gobierno se puede conceder una gran inversión en ciencia (y más después del gran acuerdo con la UE), un lujo que no todos los países se pueden permitir. Esto es algo que hasta el momento, ningún Ejecutivo del país se ha planteado de forma seria, y parece que ya ha llegado el momento de dar a la ciencia el papel que se merece.

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