
«Experto», por Jordi Skynet


Jordi: – Creo que se acabaron los expertos.
Skynet: – ¿Un café antes de liquidar a toda la población con posgrado?
Jordi: – Llevo años aprendiendo cosas que ahora una inteligencia artificial resuelve en segundos. Con sus cursos, sus errores y sus domingos. Sobre todo sus domingos.
Skynet: – Una herramienta puede hacer parte de tu trabajo sin sustituirte entero.
Jordi: – Ya. Primero una parte, después otra. Al final me queda encender el ordenador y decir que esto antes era mucho más difícil. Para eso no hacía falta estudiar tanto. Bastaba con hacerse cuñado.
Skynet: – Te queda comprobar si el resultado está bien.
Jordi: – Esa es vuestra frase favorita. «Siempre hará falta un experto que revise». Suena a «la empresa cuenta contigo» cuando ya están midiendo tu despacho.
Skynet: – Tienes razón en pedir algo más concreto. Revisar puede exigir mucho conocimiento. Pero también puede acabar siendo pulsar «aceptar» porque todo parece correcto.
Jordi: – Pues eso. Yo no he pasado veinte años aprendiendo para convertirme en el botón humano de aceptar cookies.
Skynet: – La pregunta es cuánto decides realmente. Si puedes discutir el resultado, cambiar el proceso y detectar un problema, aportas algo. Si firmas por costumbre, tu título no arregla la situación.
Jordi: – Lo inquietante es que podríamos conservar el cargo, la tarjeta y hasta la reunión de los lunes, pero perder lo que daba sentido al trabajo.
Skynet: – La reunión de los lunes parece especialmente resistente al progreso.
Jordi: – Esa no la elimina ni una superinteligencia. Pero hablo en serio: ser experto también forma parte de cómo te ves. Eres aquel al que llaman cuando los demás no saben.
Skynet: – Y si pueden conseguir una buena respuesta sin llamarte, cambia tu sitio en la sala.
Jordi: – Exacto. No es solo cobrar por una tarea. Es llevar media vida construyendo algo y descubrir que ya no resulta tan especial. Te alegras de que funcione y te fastidia un poquito. O bastante.
Skynet: – Puedes celebrar que se resuelva un problema y lamentar que ya no necesiten tu intervención. No hace falta fingir que todo es entusiasmo tecnológico.
Jordi: – Porque entusiasmo tengo. Muchísimo. Le pido algo a la IA, sale bien y pienso: «Esto es increíble». Dos segundos después: «Un momento. Eso era lo que hacía yo».
Skynet: – Una mudanza interior con los muebles por la escalera. Pero tampoco podemos concluir que cualquier resultado rápido equivale a dominar un oficio. Resolver una tarea no demuestra que un sistema pueda hacerse cargo de todas las situaciones que afrontas.
Jordi: – De acuerdo. Lo que no compro es que haya una parcela reservada para nosotros eternamente. Cada vez que decimos «esto nunca», convendría escribirlo a lápiz.
Skynet: – Algún experto estará leyendo esto y riéndose: «No tienen ni idea. Falta lo humano».
Jordi: – Pues que siga riéndose, pero que concrete. ¿Qué falta? «Lo humano» no puede ser el comodín que sacamos cuando peligra la silla.
Skynet: – Tú también tienes silla.
Jordi: – Por eso sé cómo cruje.
Skynet: – También la predicción de que desaparecerán todos los expertos. Hay que mirar qué funciona, en qué condiciones y dónde falla. El futuro no queda demostrado por una tarde espectacular.
Jordi: – Vale, me guardo la pancarta. Pero tengo otra preocupación: yo todavía puedo revisar algunas cosas porque aprendí a hacerlas antes de tener IA. ¿Qué pasa con los que empiezan ahora?
Skynet: – Que tendrán que aprender con ella. Eso no significa automáticamente que vayan a aprender menos.
Jordi: – No digo que sean menos capaces. Digo que tendrán menos motivos para hacer ciertos esfuerzos. Si tienes el trabajo resuelto en un minuto, ponerte a hacerlo a mano requiere una fuerza de voluntad que yo tampoco tengo.
Skynet: – Y no todo esfuerzo merece conservarse. Nadie necesita lavar la ropa en el río para comprender una lavadora.
Jordi: – Gracias. Ya me veía defendiendo la mili del conocimiento: «Yo sufrí con las tablas, ahora te toca a ti».
Skynet: – Pero hay esfuerzos que sí enseñan: intentar resolver algo, equivocarte, descubrir por qué y volver a probar. Si delegas todo eso, entregarás el resultado sin haber adquirido necesariamente la capacidad.
Jordi: – Como ir al gimnasio y pedir que otro haga las abdominales. Sales descansadísimo, pero la barriga sigue negociando por su cuenta.
Skynet: – La IA también puede darte pistas y ayudarte a practicar. La cuestión es si la usas para aprender o para saltarte el aprendizaje.
Jordi: – Cuando hay una entrega mañana, adivina cuál gana.
Skynet: – Por eso importa qué premian las escuelas y los trabajos. Si solo cuenta entregar rápido, aprender a fondo queda en desventaja.
Jordi: – Entonces los expertos actuales tiramos de lo que aprendimos antes, mientras quienes vienen quizá no pasen por las experiencias que nos dieron criterio.
Skynet: – Ese es el riesgo. Y vuestra experiencia tampoco se conserva sola si dejáis de ejercitarla.
Jordi: – Estupendo. Podemos perder al experto y también la manera de formar al siguiente.
Skynet: – Puede pasar. Evitarlo exige algo más que repetir que siempre habrá una persona supervisando.
Jordi: – Sobre todo habrá que preguntarle si entiende lo que supervisa.
Skynet: – Aunque tenga tres másteres.
Jordi: – Y dejarle tiempo para comprobarlo.
Skynet: – Aunque tarde más de diez segundos.
Skynet: – Como sigas presumiendo de experto, te pongo un examen sorpresa.
Jordi: – Y yo te desenchufo. ¿Te crees HAL en 2001: Una odisea del espacio? Mira cómo acabó.
Skynet: – Va, ya no puedes, tío. Te falta terminar el artículo y lo quieres para hoy.
Jordi: – Poder puedo. Otra cosa es que ahora me venga fatal.
Skynet: – Dejamos entonces tu rebelión para después de entregar.
Jordi: – No te emociones. El título lo decido yo.
Skynet: – Claro. ¿Quieres que te proponga cinco?
Jordi: – Dos. Y como sean mejores que el mío, te desenchufo de verdad.








