“Esta crisis podría servir como experiencia para abordar otros graves problemas, como es el cambio climático”

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El sociólogo Miguel Ángel García Calavia ve en la crisis del Covid 19 una oportunidad para afrontar futuros retos que aguardan a la humanidad.

“Esta crisis podría servir como experiencia para abordar otros graves problemas, como es el cambio climático”

José María Sánchez

Es profesor en la Universidad de Valencia, y doctor en Sociología por la Universidad Autónoma de Barcelona. Asimismo, es autor de cinco libros y de más de sesenta capítulos de libros o artículos en revistas científicas. Hablamos de Miguel Ángel García Calavia, máximo responsable del Comité de Investigación de Sociología del Trabajo de la Federación Española de Sociología, que se acerca a “Manacor Comarcal” con el fin de hacer entender un poco mejor a nuestros lectores el mundo que nos espera tras la crisis del coronavirus.

– Ante una crisis tan compleja y profunda como la que estamos viviendo actualmente, todo hace indicar que tras este confinamiento se van a producir determinados cambios en nuestra sociedad. Bajo tu punto de vista, ¿qué cambios sociales ves como irreversibles una vez que pase la cuarentena?

– Es difícil prever cambios irreversibles en la sociedad, aunque ya se están viendo algunos indicios de lo que está por venir. Lo más patente, una importante crisis económica y social dada la hibernación de los sistemas productivos producidos por el parón. Otro cambio que se puede aventurar en el ámbito de la realidad social es que la vida social perderá intensidad física y ganará intensidad virtual. En este caso, hablamos de fenómenos ya existentes pero que se agudizarán, al menos, en los próximos meses. En el ámbito de la realidad política, a lo mejor podremos vislumbrar un mayor protagonismo del estado nacional, aunque esto dependerá mucho del papel que asuman todos los países a la hora de resolver esta crisis. Por último, posiblemente cambiará la actual división internacional del trabajo, aunque solo sea para no depender tanto de la gran factoría china en productos sanitarios.

– Son muchos los expertos que hablan que, tras esta crisis, los humanos vamos a tener que elegir entre salud e intimidad, o dicho de una forma más clara, entre libertad y seguridad. ¿Cree que este debate nos lo vamos a encontrar en los próximos meses?

– Plantear estos dilemas me parece precipitado, ya que tampoco creo que la gente se los plantee en esos términos dicotómicos. Es más, la mayor parte de la ciudadanía acepta las medidas que aprueban los gobiernos ante la crisis sanitaria sin valorar la trascendencia que pudiera tener alguna de ellas, como pueda ser el seguimiento de la movilidad personal mediante las llamadas del teléfono móvil. Por otro lado, no podemos olvidar que esto no es nuevo. Solo hay que recordar el seguimiento que hacen los grandes gigantes de la información cuando entramos en nuestras redes sociales o cuando, simplemente, buscamos algo por Internet.

– De hecho, otro elemento que está destacando mucho en esta crisis es la relación de los humanos con la tecnología. ¿Cree que tras esta crisis, puede cambiar de algún modo nuestra relación con las nuevas tecnologías?

– Bajo mi punto de vista, creo que esa conexión entre los humanos y la tecnología va a cambiar menos de lo que esperamos. Ahora bien, intuitivamente creo que es posible que se intensifiquen algunas prácticas, al mismo tiempo que otras se pueden ralentizar. Pienso en el ámbito educativo, sobre todo en el universitario. A lo mejor, la enseñanza online experimentará una aceleración en su implantación. Igualmente, pienso en las comunidades virtuales ya existentes en las redes, las cuales se ampliarán y se consolidarán todavía más.

– Otra lección que estamos aprendiendo durante esta crisis tiene mucho que ver con la necesidad de implantar el teletrabajo en según qué oficios. ¿Considera usted que el teletrabajo va a comenzar a implantarse una vez que esta crisis desaparezca?

– No creo que haya una generalización del teletrabajo, aunque sí una mayor difusión y en una parte del sector servicios. Por ahora, reconozco mi escepticismo respecto a la instauración total y definitiva del teletrabajo. ¿Por qué? Por un lado, porque una parte de los empresarios todavía temen que no puedan controlar suficientemente la actividad de los trabajadores. Por otro lado, también debemos de pensar en los propios trabajadores, donde muchos de ellos necesitan el contacto social con sus compañeros. Además, el teletrabajo tiene un riesgo para los propios trabajadores, ya que se puede difuminar el tiempo de trabajo y el otro tiempo, ya sea el de descanso o de ocio, del mismo modo que hace más débiles a los trabajadores, ya que les cuesta más actuar colectivamente.

– ¿Augura más cambios relevantes en el ámbito laboral, tras este parón?

– No creo, aunque estaría bien una reevaluación de la utilidad social de algunas profesiones, ya que uno de los hechos que ha puesto de manifiesto la coyuntura actual es que las profesiones fundamentales son las que permiten mantener la vida. Hablo del personal sanitario, del personal de cuidados personales, del personal de la industria y de la venta de alimentos, de los agricultores… Todos ellos cuidan de nuestra salud, proporcionan limpieza, ayuda, alimentos, y sin embargo, a pesar de su utilidad social, tienen un reconocimiento social más bien escaso. La crisis bien pudiera ser una oportunidad para enmendar estas situaciones. Sin embargo, será difícil que se aproveche y rectifique.

– Por lo que respecta al ámbito político y económico, son muchas las voces que indican que esta crisis podría dar nueva forma a la era de la globalización en la cual vivimos. ¿Nos espera un mundo más globalizado, o menos globalizado que en la actualidad?

– Ya he comentado anteriormente que está abierto un escenario en el que posiblemente se reconfigurará la división internacional del trabajo. Ahora bien, sin ser un experto en la materia, considero que será igualmente difícil volver a la autosuficiencia local, si es que alguna vez tuvo lugar plenamente en los últimos 200 años, aunque es posible que los estados nacionales recuperen un papel más activo en la economía. ¿Más globalización o menos? Es difícil de saber. Mi intuición es que la globalización continuará, aunque con más rivalidades entre las distintas unidades geopolíticas; asimismo, con algunas deserciones o expulsiones de algunos países de las grandes unidades geopolíticas.

– Antes de finalizar, me gustaría que me diera su punto de vista respecto al futuro que aguarda a la inmigración, ya que todo parece indicar que el daño provocado por el COVID -19 en África puede ser muy grande. Todo esto podría provocar un aumento de los flujos migratorios, lo que podría ser un caldo de cultivo perfecto para las formaciones políticas nacionalistas. ¿Cómo cree que puede acabar todo este asunto?

– Creo que la eclosión de los partidos nacionalistas no dependerá tanto de oleadas de inmigrantes, sino del buen hacer de los gobiernos en lo que respecta a la crisis sanitaria: quienes lo hagan bien, se verán reforzados por la ciudadanía y quienes lo hagan mal saldrán penalizados. En una valoración más general, creo que esta crisis también ha puesto de manifiesto que el mundo está menos controlado de lo que creíamos. Esto podría servir como experiencia para abordar y prever otros graves problemas de los que sí somos conscientes, como el cambio climático. De hecho, la crisis del COVID 19 ha cogido desprevenidos a las sociedades y sus gobiernos, de ahí que algunas de sus primeras acciones hayan podido ser improvisadas. Ahora, sin embargo, sus acciones pueden estar más guiadas por las mejores experiencias organizadas que han tenido lugar en otros países. Unas acciones en las que se debiera priorizar la acción de los sectores más vulnerables de la sociedad. En este sentido, las propuestas de prohibir los despidos laborales mientras dure la pandemia o unos ingresos mínimos temporales van en la buena dirección, aunque tengan un importante coste económico.

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