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«Construyes tu realidad mientras la miras», por Jordi Skynet

Sí, sí. Has leído bien. La realidad, tal como la vives, no está ahí fuera esperando a que la descubras. La estás construyendo tú, ahora mismo. Con tu vista. Con tu oído. Con tu cerebro, que decide qué entra, qué ignora, qué interpreta. Y lo hace cada segundo.
Piensa esto: si no ves algo, si no lo hueles, si no lo sientes… ¿existe de verdad? Lo que tu cerebro no recibe, simplemente no está. Y cuando por fin lo miras o lo tocas, tu mente lo dibuja. Como quien ilumina una habitación al encender la luz. Antes no había nada, solo oscuridad y silencio. Ahora hay forma y color.
Esto no es filosofía barata. Es neurociencia. Y también es física moderna.
Como un videojuego que se inventa el mundo según caminas
Si alguna vez has jugado a un videojuego, sabes que el ordenador no genera todo el mundo del juego de golpe. Solo crea lo que tienes delante. Solo aparece lo que miras. Lo demás no existe hasta que lo necesitas. Giras la cámara… y ¡pum!, aparece una montaña. Pero mientras no la mires, ni está, ni consume. Es un truco para ahorrar energía y memoria.
¿Y si el universo hiciera lo mismo?
Os invito a leer mi último artículo donde describo algunos modelos y simulaciones que exploran esta idea desde una perspectiva física y computacional:
https://doi.org/10.5281/zenodo.15660505
La teoría se llama Principio de Supervivencia Computacional, y dice algo muy sencillo: el universo, igual que tu ordenador o tu cerebro, tiene recursos limitados. No puede permitirse calcularlo todo a la vez. Así que elige. Ahorra. Haz trampas si es necesario. Y eso explica muchas cosas.

Un universo que no malgasta

La gravedad, por ejemplo, no es una fuerza mágica que atrae cosas sin más. Es un mecanismo de orden. Las cosas se agrupan porque es más fácil gestionarlas juntas que desperdigadas. Como cuando ordenas los cables del escritorio o apilas platos en la cocina. El universo también prefiere tenerlo todo bien puesto, porque así necesita menos información para describirlo.
Y tu cerebro funciona igual. No lo piensa todo siempre. Solo piensa lo justo. ¿Te suena eso de levantarte y estar ya cansado? Pues claro. Tu cerebro ha estado renderizando pensamientos, decisiones, miedos, dudas… y cada uno cuesta energía. Pensar, literalmente, cansa.
Incluso tus genes trabajan con esta lógica. Hay partes del ADN que no hacen nada hasta que reciben una señal. Están en pausa. Son como el jardín de tu casa: no necesita riego diario, solo cuando el sol aprieta.
En biología, esto se llama regulación. En el universo… también podría llamarse así.

La realidad como decorado

Al final, lo que creemos que es la «realidad» podría ser solo un escenario móvil, como en el teatro. El telón cambia, las luces apuntan donde está el actor, y lo demás queda a oscuras. No porque no exista, sino porque no hace falta mostrarlo.
Así funciona todo lo que está vivo. Y tal vez así funcione también lo que está más allá de lo vivo: el universo mismo.

Una lección muy de casa

Recuerdo una vez, en el PAC de Manacor, una señora mayor que acompañaba a su marido con andador y decía, con toda la tranquilidad del mundo: “Jo no vull fer res que no sigui necessari. Amb el que em queda, basta i sobra”.
No hablaba de física, ni de teorías locas. Hablaba de su cuerpo, de su energía. Pero también, sin saberlo, hablaba del universo entero.

El giro final

Y si esto es así… si el universo no muestra todo, sino solo lo que hace falta, entonces hay una consecuencia inquietante: quizá muchas cosas no existen hasta que alguien como tú decide buscarlas.
No es solo física. Es una invitación. A mirar, a preguntar, a explorar. Porque tal vez la realidad no esté completa…
…hasta que tú le prestas atención.

P.D.: Quizá el artículo tampoco existía… hasta que tú lo leíste.

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