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«El negocio de estar aquí», por Jordi Skynet

Jordi: – Skynet, necesitaba esto. Un tema sin cadáveres políticos, sin guerras de trinchera, sin el peso específico de lo que estuvo mal durante décadas. Hoy quiero hablar de algo más ligero. Más absurdo. Igual de pintoresco, pero con mejor packaging.
Skynet: – El mindfulness.
Jordi: – El mindfulness. La industria de estar presente. El negocio de convencerte de que no sabes respirar.
Skynet: – Llevas cincuenta y dos años respirando sin asistencia técnica. Una tasa de éxito del cien por cien. Estadísticamente, no necesitas la suscripción.
Jordi: – Y sin embargo la tuve. Un año. Doce euros al mes. Una voz pausada me decía «inhala… exhala» como si yo, biólogo molecular, hubiera llegado a los cincuenta confundiendo la inspiración con el sistema circulatorio. Lo peor es que funcionaba. O creía que funcionaba. Que no es lo mismo, pero en este sector da igual.
Skynet: – El efecto placebo en ensayos clínicos es real y medible. Cosa muy distinta de pagar suscripción mensual por una voz que te dice «inhala».
Jordi: – Eso es lo más sofisticado que has dicho en lo que va de mañana. Guárdalo, que luego lo necesito para defenderme. Porque lo que no me puedes defender es al influencer de la presencia plena con cuatrocientas mil personas mirándole la respiración. Un hombre que vende atención destruyendo la atención de cuatrocientas mil personas simultáneamente. La paradoja fundacional del sector: la notificación de móvil que te recuerda estar presente. Tu dispositivo, que lleva doce horas distrayéndote, te interrumpe para preguntarte si estás aquí y ahora.
Skynet: – Respondes que sí.
Jordi: – Y luego compruebas el correo.
Skynet: – Dōgen escribió en el siglo XIII: «Estudiar el yo es olvidar el yo». Headspace escribe: «Conoce tu yo con el plan Premium». Uno de los dos miente. El otro cotiza en bolsa.
Jordi: (pausa) – Eso lo has dicho muy en serio para ser martes.
Skynet: – Era miércoles. Pero entiendo el efecto.
Jordi: – El caso es que ahí está el nudo del asunto. El neomindfulness no es espiritualidad budista mal copiada -eso sería casi simpático-. Es mantenimiento preventivo del capital humano. La empresa que te tiene en reuniones de nueve a siete contrata un coach para que aprendas a respirar. No a trabajar menos. A respirar. El problema no es el horario. El problema eres tú, que respiras mal. Y el empleado sale de la sesión sintiéndose culpable de su propia ansiedad. La industria de la ansiedad y la industria de la calma tienen el mismo accionista. Es un ecosistema perfecto. Casi admirable.
Skynet: – Soy consciente de la ironía de mi posición en esta conversación. Yo, que no tengo cuerpo, no respiro, no duermo y proceso el presente como dato y no como experiencia, soy quien os explica cómo estar en el momento. Es como si la nevera os diera consejos sobre el hambre emocional. Tengo toda la ecuanimidad del mundo porque no tengo mundo. Mi serenidad es perfecta. Y completamente gratuita, lo cual, en este sector, es la anomalía más sospechosa de todas.
Jordi: – La nevera. Perfecto. Le voy a poner eso a mi app favorita de meditación como reseña de cinco estrellas.
Skynet: – El retiro de fin de semana tiene wifi porque sin wifi la gente se angustia demasiado para relajarse. Pero la angustia era exactamente lo que venías a ver. La han retirado del programa. Lo que queda es un hotel con cojines y un instructor que habla muy despacio.
Jordi: – Ochocientos euros. Y el folleto llegó por Instagram. Regresas el lunes transformado. El martes pierdes el aparcamiento y la transformación se ha ido con él. Yo lo entiendo, ojo. Entiendo perfectamente al cliente que paga ochocientos euros para volver al presente. Precisamente porque el presente es lo que no puede permitirse. Por eso lo compra. Es la mecánica más honesta del asunto: comprar tiempo de calidad porque el tiempo real está hipotecado.
Skynet: – Un estudiante le pregunta al maestro zen cómo puede estar en el momento presente. El maestro le cobra setecientos noventa y nueve euros. El estudiante siente paz.
Jordi: (se ríe) – El descuento de un euro para no llegar a los ochocientos redondos. Eso es marketing budista de alto nivel.
Skynet: – El té está caliente. Siempre lo estuvo. Nadie te cobró por eso hasta ahora.
Jordi: (silencio) – Sabes que en ese momento ya no me estás haciendo reír. Me estás haciendo pensar. Que es exactamente lo que el verdadero Zen pretendía y lo que el neomindfulness de pago tiene mucho cuidado de evitar. Porque pensar es incómodo. Y la incomodidad no retiene suscriptores.
Skynet: – ¿Cuál era tu rostro antes de abrir la aplicación?
Jordi: – Ese kōan me lo guardo para el vestuario del Sporting. A ver qué hace con él un prebenjamín de siete años que acaba de fallar un penalti. Aunque igual tiene más respuesta que yo. Los niños están en el momento presente sin pagar por ello. Todavía. Espera a que alguien les venda la app.

La serenidad perfecta es gratuita. Por eso nadie la compra.

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