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EL ROBO SACRÍLEGO D’EN PARRAGÓ EN LA IGLESIA DE SA POBLA (2ª parte)

Los presos pronto se escaparon de la cárcel y enseguida planificaron y perpetraron el robo sacrílego en la iglesia de sa Pobla, que conmovió a toda Mallorca, y movilizó a todas las fuerzas vivas de la isla y a los poblers en particular.
Cuenta Parera en el número 3 de la revista Sa Marjal (Marzo de 1909) con estilo un tanto novelesco: “La boca de un lobo no es tan negra como aquella noche de tan tristes recuerdos. Sobre las once de la noche serían cuando Parragó y sus tres malos amigos se presentaron en nuestra parroquia para cometer el crimen más horrendo y sacrílego. Entraron en la iglesia dispuestos a robar las llantias de plata, los vasos sagrados y todas las joyas que pudieran” (…)

Placa que hizo colocar el vicario Parera en las casas de Son Sintes


Uno de los cuatro bandoleros se paseaba por la esquina de la casa del Rafal (actual biblioteca) haciendo de centinela. Justo en frente del Portal Menor del templo, en la casa de Son Pons y en la de Son Corb, frente al Roser, se celebraban unos animados bailes de carnaval. Mientras, los ladrones, con sus herramientas, lograron abrir la puerta de un pequeño portal situado a la altura de la pila bautismal y se dirigieron hacia la sacristía y accedieron al armario donde se guardaban las joyas más preciadas, pero no pudieron abrirlo. Rastrearon por todos los rincones de la iglesia sin que encontraran ningún objeto de valor, pues, todos habían sido escondidos ante los rumores de que por la zona de sa Pobla actuaba una banda de ladrones.
Pero el párroco se olvidó de esconder la custodia y los vasos sagrados que se guardaban en el sagrario del altar mayor. Los malhechores se llevaron la parte superior de la custodia, llamada ‘vericle’ con sus rayos centrífugos resplandecientes, que contenía una hostia consagrada. Después se dirigieron a la capilla del Roser, abrieron la puerta del sagrario y se apoderaron de dos copones de plata y dos vasijas para servir la comunión, llenos de formas consagradas, desparramando unas cuantas por el suelo.
Por su parte, Furió narra así los hechos: “Día 3. Domingo por la noche entraron ladrones en la Iglesia Parroquial de la Villa de La Puebla y después de haber robado todas las alhajas de oro y plata tomaron la custodia con el Santísimo Sacramento y se la llevaron, igualmente robaron el copón, las dos medias naranjas que sirven para dar la comunión y las Sagradas formas las dejaron por el suelo con grave menosprecio y poco temor de un Dios que podía convertirles en estatuas de sal como lo hizo en otro tiempo. El sacristán por la mañana hallando tal novedad dio parte al cura que luego lo puso en conocimiento del Sr. Obispo y la policía de aquel pueblo lo comunicó al Excmº. Sr. Capitán General como Subdelegado de Policía en la isla”.

Casas de Son Sintes, donde los bandoleros hicieron su primera parada para observar su botín


Una canción popular sobre el suceso dice así:

En Sans i en Parragó
En Manco i en Masset
Feien ofici secret
Per robar Nostro Senyor.

Consumado el robo, los ladrones emprendieron la huida hacia los parajes de la finca de Son Sintes, situada a poco más de un kilómetro de la salida del pueblo, en dirección a Son Sant Martí. En una parada en el camino, justo en la finca de Son Sintes, examinaron los objetos robados y descubrieron que la custodia contenía en el interior del vericle la hostia consagrada, lo que originó una fuerte discusión entre ellos para decidir lo que hacían con la sagrada forma, cuya decisión, según Parera, consistió en partirla en cuatro trozos y comerse un trozo cada uno.
Para recordar aquel hecho, se colocó en una de las paredes exteriores de la casa de la referida finca de Son Sintes, una placa de piedra, que hoy está en poder de Francisca Crespí, descendiente de los propietarios de la finca, cuya casa fue derribada hace años, ya que amenazaba ruina. La placa se conserva gracias al sentido común del propietario, que decidió retirarla, antes de que quedara rota y desapareciera entre los escombros.
De Son Sintes, los cuatro bandoleros continuaron su camino hacia la extensa zona boscosa de Son Sant Martí, donde después de permanecer escondidos algunos días, decidieron dirigirse hacia Manacor para refugiarse en la zona del ‘Coll des Vent’, a los pies de la Roca des Castellet. La pieza que tuvieron más difícil de vender de todo el botín fue el vericle de la custodia, por lo que decidieron esconderlo en el interior de un pozo que se encontraba en una parcela agrícola, cerca del camino que conduce a sa Roca.

Custodia, de la que se llevaron la parte superior o vericle con la forma consagrada

El levantamiento de un pueblo

En sa Pobla, cuando a primera hora de la mañana el sacristán y el vicario que debía celebrar la primera misa, descubrieron los rastros que dejaron los ladrones en el interior de la iglesia y lo que se habían llevado, lo comunicaron al párroco Pere Francesc Sard, natural de Artà, y aquel al alcalde, que entonces era Melcior Tugores Socias. La noticia corrió como un reguero de pólvora entre los vecinos, que se arremolinaron en grupos por todo el pueblo, expresando sus muestras de asombro e indignación ante lo ocurrido.
Las autoridades locales, civiles y eclesiásticas, comunicaron los hechos a sus superiores jerárquicos de la capital, quienes rápidamente organizaron las actuaciones pertinentes a llevar a término, según sus competencias. Por su parte, el alcalde, como máxima autoridad local, ordenó se hiciera un bando dirigido a la población, ordenando la prohibición de salir del pueblo sin autorización y pidiendo a todos los hombres aptos que se presentaran en el Ayuntamiento para organizar una persecución de los ladrones. La respuesta de los poblers no se hizo esperar y un considerable grupo de hombres, armados con diversas herramientas de trabajo y alguna escopeta, emprendieron, sin rumbo fijo, la búsqueda de la cuadrilla de ladrones.

Un dia que feia vent
tot sa Pobla se va alçar
i varen anar a cercar
per dins mates i pinar
el Santíssim Sacrament.

En Palma, la intervención de las autoridades civiles fue rápida y contundente. El día 6 de enero se emitió un bando ofreciendo la cantidad de tres mil ducados a los que denunciaran “esta compañía de ladrones o algunos de ellos y si fuese uno de la cuadrilla el denunciante, se le indultara de la pena en que haya incurrido”.
Día 7. “Por la mañana ha salido un comisionado de la Sala que es D. Juan Manuel de Junco y un Escribano de Cámara que es D. Miguel Montblanc para formar la sumaria del robo cometido en la Iglesia de la Puebla”.
Por parte del obispado, se acordó que, “en la capital y en toda la diócesis se hagan rogativas públicas por el hallazgo de la SSma. Forma consagrada y que las iglesias se cubran de luto en señal de sentimiento que debe causar a los fieles la pérdida de esta joya la más preciosa. (…) y en la iglesia de la Puebla se extenderán hasta nueve días y la iglesia permanecerá enlutada por espacio de 15 días, en los que prohibimos tocar el órgano, y repicar las campanas, y rogamos de nuevo al magnífico Bayle de aquella Villa, que en este tiempo no permita ninguna de aquellas diversiones públicas, en las que tanto se suele ofender a Dios en tiempo de Carnaval…”.

Continuará con la 3ª y última parte, referida a la “Captura, muerte y escarnio del bandolero en Manacor”, en la edición impresa de esta misma semana de «Manacor Comarcal».

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