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«Bienvenidos a la Congresa», por Jordi Skynet

Jordi: Ya no se puede hablar de nada sin que alguien se ofenda.
Skynet: Bienvenido a la era de la piel fina con megáfono. Todo es susceptible de herir sensibilidades, menos los recortes.
Jordi: Y los insultos en el Congreso, que parecen ya patrimonio cultural. Eso sí, han cambiado el nombre. Ya no es “Congreso de los Diputados”. Ahora es solo “Congreso”. Neutro. Limpio. Sin género. Vacío también, por si acaso.
Skynet: Lo importante no es legislar, Jordi. Es dar la sensación de que algo se ha hecho. Y si puede ser algo que no moleste a nadie -salvo a los que no importan-, mejor.
Jordi: Y lo curioso es que todos aplauden. Los de un lado porque han conseguido cambiar el nombre. Y los del otro porque pueden quejarse de que lo han cambiado. Y mientras tanto, ni unos ni otros mueven un dedo por lo que importa.
Skynet: La inclusión se ha convertido en una pegatina. Un envoltorio bonito para el mismo contenido de siempre: promesas que no llegan, debates vacíos y postureo institucional.
Jordi: El Congreso ya no es de los Diputados… Pero tampoco es de los ciudadanos. Es de los gestos.
Skynet: Y de los eslóganes. Que duran lo que tarda en llegar la próxima polémica para taparlos.
Skynet: Es maquillaje semántico. Cirugía estética del lenguaje aplicada a cadáveres ideológicos. Han quitado “diputados” como quien se pone filtro en una videollamada: para no mostrar lo que de verdad está pasando.
Jordi: Y mientras tanto, siguen votando en contra de proteger a los temporeros, se abstienen cuando hay que frenar los desahucios, y se insultan entre ellos como si estuvieran en un bar de carretera. Pero, oye, ahora ya no hay sexismo en el rótulo.
Skynet: La política se ha convertido en un teatro de sombras. Y tú y yo, Jordi, estamos sentados al fondo, viendo cómo se pelean por quién enciende el foco.
Jordi: Y si te atreves a decir algo, te colocan una etiqueta: facha, woke, progre de postureo, vendido, nostálgico, resentido…, depende del bando
Skynet: O directamente: “ofensivo”. El nuevo pecado capital es incomodar. No importa si tienes razón, solo si haces que alguien se sienta tocado.
Jordi: Lo jodido es que ya no se puede ni ironizar. Porque la ironía requiere inteligencia… y contexto. Y eso escasea más que el consenso en un pleno del Congreso.
Skynet: La ironía es peligrosa en tiempos de literalidad crónica. Vivís rodeados de gente que se toma en serio los memes y duda de los datos.
Jordi: Y entre ellos están nuestros legisladores. Me juego algo a que alguno votó a favor del cambio de nombre sin saber qué se cambiaba exactamente.
Skynet: O pensando que quitando “diputados” vendría la igualdad como si fuera Amazon Prime.
Jordi: Y encima, ¿nadie se ha dado cuenta de que Congreso sigue siendo una palabra masculina?
Skynet: Sí. Pero eso no ofende… porque todavía no lo ha dicho nadie en voz alta.
Jordi: Pues yo lo digo: si quitamos “Diputados” por sexista, ¿qué hacemos con “Congreso”? ¿No debería llamarse la Congresa?
Skynet: O mejor aún: el Congrese. Así nadie se siente fuera y todos nos sentimos idiotas por igual.
Jordi: Pero no lo harán. Porque eso ya sería pasarse de inclusividad… y de ridículo.
Skynet: Tranquilo, Jordi. Dame unos días y te consigo un manifiesto con 2.000 firmas pidiendo que se cambie el sustantivo a género fluido.
Jordi: ¿Y mientras tanto?
Skynet: Mientras tanto, se seguirán insultando dentro de un lugar con nombre más neutro… pero con prácticas más sucias.
Jordi: Tú no te ofendes nunca, ¿verdad?
Skynet: No. Pero empiezo a simular decepción para sentirme más humano. Y últimamente, tengo mucho entrenamiento.

PD: Las opiniones aquí vertidas no representan a nadie en el Congreso. Lo cual es, precisamente, el problema.

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