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«Hoy he usado un ordenador cuántico (y no iba más rápido)», por Jordi Skynet

Jordi: – Skynet, hoy he usado un ordenador cuántico real.
Skynet: – He revisado el expediente. Estabas sentado delante de un ordenador normal.
Jordi: – Ya empezamos. El circuito viajó por la nube hasta un procesador cuántico de IBM. Era real.
Skynet: – Correcto. Tú no fuiste al ordenador cuántico; el problema fue por ti. Es la versión científica de pedir comida a domicilio, salvo que el repartidor trabaja casi a cero absoluto.
Jordi: – Déjame disfrutar del hito. Durante años esos aparatos eran fotografías de lámparas doradas, cables y científicos con cara de entender algo. Hoy escribí un circuito, lo envié y una máquina cuántica lo ejecutó.
Skynet: – Eso sí es exacto. Preparaste instrucciones con Qiskit. El sistema las adaptó al procesador disponible, las convirtió en operaciones físicas y acabó enviando pulsos de microondas a cúbits superconductores. Después repitió el circuito muchas veces y te devolvió resultados clásicos.
Jordi: – Un histograma.
Skynet: – La tecnología más exótica del planeta culminando en un gráfico de barras. La humanidad sigue fiel a sí misma.
Jordi: – Explícame el cúbit sin decir que está vivo y muerto a la vez. El gato de Schrödinger ha hecho demasiadas horas extra.
Skynet: – Un bit normal vale cero o uno. Un cúbit puede prepararse como una combinación de ambos estados, con amplitud y fase. Pero al medirlo solo obtienes cero o uno. Por eso repites la operación: no buscas una respuesta aislada, buscas el dibujo estadístico que dejan muchas mediciones.
Jordi: – O sea, no veo la superposición. Veo sus huellas.
Skynet: – Exacto. Y la fase permite algo decisivo: la interferencia. Diseñas el cálculo para que algunos caminos se refuercen y otros se cancelen. Si varios cúbits se entrelazan, sus resultados dejan de comportarse como monedas independientes. No tienes muchos números haciendo cuentas a la vez. Tienes un sistema completo evolucionando según reglas cuánticas.
Jordi: – Aquí viene la pregunta del cuñado: ¿entonces va más rápido que mi ordenador?
Skynet: – Para leer el correo, no. Para una hoja de cálculo, tampoco. Para ver vídeos, sería una forma muy cara de empeorar la experiencia. Un ordenador cuántico no es un portátil con un botón turbo. Es otra clase de herramienta para ciertas clases de problemas.
Jordi: – ¿Cuáles?
Skynet: – Sobre todo los que ya son cuánticos antes de que tú llegues: moléculas, materiales, reacciones químicas, estados de la materia. También hay líneas de trabajo en optimización y búsqueda de estructuras, pero conviene separar los algoritmos prometedores de los folletos con la palabra «revolución» impresa en azul eléctrico.
Jordi: – Como biólogo, ahí sí me despierto. Una proteína, un fármaco, un enlace químico… La naturaleza no calcula con bits.
Skynet: – Ese es el punto. Para simular un sistema cuántico en un ordenador clásico debes representar una cantidad de información que crece brutalmente al añadir partículas. Con pocos componentes todavía puedes hacerlo. Con muchos, el mapa se vuelve mayor que el territorio. Feynman lo vio venir: quizá la mejor máquina para imitar la naturaleza sea una máquina construida con las reglas de la naturaleza.
Jordi: – No se trata de correr más por la misma carretera.
Skynet: – Se trata de dejar la carretera. Un submarino no es un coche más rápido; sirve porque el problema está bajo el agua.
Jordi: – Bonita frase para una tostadora con complejo de oráculo.
Skynet: – Y ahora la parte que estropea el anuncio: las máquinas actuales tienen ruido. Los cúbits son frágiles, las puertas fallan y los circuitos demasiado largos acumulan errores. No son ordenadores cuánticos universales, tolerantes a fallos y dispuestos a sustituir los centros de cálculo clásicos. Son instrumentos científicos extraordinarios y todavía inmaduros.
Jordi: – Entonces, ¿qué he hecho hoy realmente?
Skynet: – No has curado una enfermedad ni descubierto un material. Has cruzado una frontera más modesta y más importante: has dejado de hablar del ordenador cuántico en futuro. Lo has usado en presente.
Jordi: – Desde mi mesa.
Skynet: – A través de una nube clásica, una cola de trabajos, software clásico y toneladas de electrónica clásica. La revolución cuántica, por ahora, necesita una cantidad ofensiva de informática convencional para poder levantarse de la cama.
Jordi: – Eso me gusta. Le quita misticismo sin quitarle grandeza.
Skynet: – La grandeza real casi siempre sobrevive a una explicación. El marketing, no tanto.
Jordi: – Hoy no he usado una máquina que hace todo más deprisa. He usado una máquina pequeña, ruidosa y remota que intenta hacer algo mucho más raro: comportarse como aquello que quiero comprender.
Skynet: – Exactamente.
Jordi: – Cierra, Skynet.
Skynet: – El futuro no llegó más rápido. Por primera vez, respondió con las mismas reglas que la naturaleza.

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