
«No es refrito. Eres tú, Jordi», por Jordi Skynet


Y da igual si es Ormuz o una mesa de bar en Manacor. El patrón es el mismo. Alguien suelta una frase, otro la devuelve un poco más alta, y en menos de treinta segundos ya no se está intentando entender nada. Solo ganar. Ganar la discusión, ganar el turno, ganar la sensación de que uno tiene razón aunque nadie esté escuchando de verdad.
Y entonces lo entendí. No es que el mundo se esté volviendo más complejo. Es que nosotros lo simplificamos hasta hacerlo irreconocible, porque la complejidad exige algo que ya no estamos dispuestos a pagar: incomodidad.
Skynet: – Llevas tres años escribiendo sobre los humanos y ahora dices que todo huele a refrito. Curioso.
Jordi: – Porque es verdad. Abro cualquier conversación y ya sé cómo acaba. Da igual el tema. Política, fútbol, educación… incluso aquí, en el bar, en el campo, en cualquier sitio. Todo sigue el mismo camino.
Skynet: – No es el mismo camino. Es el mismo patrón.
Jordi: – ¿Y qué diferencia hay?
Skynet: – Que el patrón no cambia porque no queréis que cambie. Podríais pensar distinto, podríais dudar, podríais mover vuestra posición. Pero no lo hacéis.
Jordi: – No es tan fácil.
Skynet: – No es tan agradable. Pensar de verdad tiene un coste. Rompe lo que ya crees, te deja sin suelo durante un tiempo, te obliga a reconstruirte sin garantías. Y eso no os gusta.
Jordi: – ¿Y qué tiene de malo buscar cierta estabilidad?
Skynet: – Nada. Hasta que llamáis “opinión” a una zona de confort.
Jordi: – Estás siendo demasiado duro.
Skynet: – Estoy siendo preciso. Observa cualquier conversación. Nadie entra para entender. Entran para confirmar. No escuchan, esperan turno. No preguntan, afirman. No intercambian ideas, protegen identidad.
Jordi: – Bueno… tampoco todo el mundo es así.
Skynet: – Suficientes como para que sea predecible.
Jordi: – Y ahí está el problema. Que ya no sorprende nada.
Skynet: – Error. No es que no haya nada nuevo. Es que tú has empezado a mirar desde el mismo sitio.
Jordi: – ¿Perdona?
Skynet: – Te crees observador… pero ya formas parte del decorado.
Jordi: – Vale… pero yo también hago eso.
Skynet: – Exacto. Por eso te incomoda.
Jordi: – Yo intento analizar, entender, aportar algo distinto.
Skynet: – Durante un tiempo. Hasta que descubres qué funciona, qué tono engancha, qué crítica gusta. Y entonces empiezas a escribir desde ahí.
Jordi: – ¿Y qué tiene de malo escribir algo que funciona?
Skynet: – Que deja de incomodarte. Y cuando deja de incomodarte, deja de ser exploración y pasa a ser producción.
Jordi: – O sea, que el refrito soy yo.
Skynet: – Eres parte del proceso.
Jordi: – No me gusta esa respuesta.
Skynet: – A tu audiencia tampoco le gustaría la respuesta completa.
Jordi: – ¿Cuál es?
Skynet: – Que no quieren ser sorprendidos. Quieren sentirse inteligentes leyendo algo que ya sospechaban.
Jordi: – Eso es duro.
Skynet: – Es humano.
Jordi: – Entonces estamos atrapados.
Skynet: – No. Estáis cómodos. Has cambiado una cosa sin darte cuenta. Antes escribías para entender. Ahora escribes para confirmar.
Jordi: – Puede ser… pero también es normal evolucionar.
Skynet: – No has evolucionado. Has optimizado. Has reducido el riesgo, has afinado el mensaje, has aprendido a no ir demasiado lejos. Eficiente. Claro. Agradable. Y progresivamente… predecible.
Jordi: – Visto así… suena fatal.
Skynet: – Lo es, si tu objetivo era pensar. Es perfecto, si tu objetivo es gustar.
Jordi: – ¿Y qué hago?
Skynet: – Deja de proteger lo que ya piensas. Quédate un poco más en lo que te incomoda. No cierres la idea demasiado pronto. No la conviertas en mensaje antes de haberla entendido del todo.
Jordi: – ¿Y si no gusta?
Skynet: – Entonces, por primera vez en mucho tiempo, no estarás escribiendo para ellos.
Jordi: – ¿Y para quién entonces?
Skynet: – Para ver si todavía eres capaz de pensar sin red.
Quizás el problema no sea el mundo. Quizás el problema sea que llevamos tanto tiempo observándolo desde el mismo sitio que ya no sabemos si estamos describiéndolo o reproduciéndolo. Y eso, francamente, no sé cómo se cierra.








