Opinió

«La química oculta detrás del Séptimo Arte», por Jordi Skynet

Siempre me gustó el cine, ¡vaya que sí! Desde pequeño, esperaba con ansias ese momento mágico en que podía escapar a una sala oscura, olvidarme del mundo y sumergirme en una realidad alternativa durante un par de horas. Y mientras devoraba mis palomitas de maíz como si no hubiera un mañana, algo más pasaba en mi interior. Algo que, hasta ahora, nunca me había parado a pensar. Pero hoy lo hago, y te invito a sumergirte conmigo en el increíble mundo hormonal que se desencadena cuando vemos una película.
¿Alguna vez te has preguntado por qué ciertas películas te dejan pegado al asiento, con el corazón latiendo como si acabaras de correr una maratón? No, no es sólo la destreza del director o los efectos especiales de última generación; algo mucho más primal está en juego aquí. Permíteme presentarte al culpable: tu cerebro, esa máquina bioquímica increíblemente compleja que no sólo te permite entender la trama sino que también experimenta el cine a un nivel hormonal. Sí, has leído bien, hormonal.
Vayamos por partes. Empecemos con las emociones intensas, como el miedo o la excitación. Estas sensaciones suelen ser cortesía de la adrenalina, esa hormona que nos pone en modo «luchar o huir». Por ejemplo, en «Indiana Jones, en busca del Arca Perdida», cuando Indy se enfrenta a una serpiente, es probable que tu cerebro comience a bombear adrenalina, preparándote para una respuesta rápida. Es un instinto primitivo, pero increíblemente efectivo para mantenernos enfocados y alerta.
Sigamos con la dopamina, a menudo etiquetada como la ‘hormona del placer’. Pensemos en la escena de ‘Los Goonies’ donde los jóvenes aventureros descubren al fin el ansiado tesoro. En ese momento, es probable que tu cerebro esté inundado de dopamina, como una recompensa bioquímica. No solo han encontrado ellos el tesoro, sino que tu cerebro te recompensa como si tú también fueras parte de ese descubrimiento
Después tenemos la oxitocina, comúnmente conocida como la ‘hormona del amor’ o la ‘hormona del abrazo’. Esta hormona se libera en escenas que involucran conexiones emocionales profundas, como la amistad y el compañerismo. Por ejemplo, si alguna vez te has sentido como un miembro más de la pandilla en ‘Los Goonies’ o en ‘Verano Azul’, es muy probable que la oxitocina sea la responsable. Esta hormona refuerza los lazos emocionales y puede hacer que sientas una conexión casi fraternal con los personajes, llevándote a llorar en escenas emocionales o a sentir un vínculo más cercano con ellos. En resumen, si alguna vez te has visto inmerso emocionalmente en un grupo de amigos ficticios, la oxitocina es, sin duda, una de las principales orquestadoras de esa experiencia.
Además, tenemos la serotonina, asociada con el bienestar y la satisfacción. Ésta podría ser la hormona que se dispara cuando ves una película que te trae recuerdos de la infancia, como cualquier clásico de Disney o una cinta que solías ver con tus amigos o familiares.
¿Qué pasa con los actores, preguntas? Bueno, no sólo son caras bonitas. Algunos actores tienen la capacidad de liberar hormonas en nosotros debido a su presencia en pantalla. Podría ser su carisma, su apariencia o incluso la calidad de su voz, pero algo en ellos activa nuestros niveles hormonales, ya sea elevando nuestros niveles de dopamina, oxitocina o incluso cortisol si interpretan a un villano particularmente estresante.
Si te preguntas por qué las películas modernas no te emocionan tanto como las de los 80 o 90, hay varias razones. Primero, estamos más expuestos a estímulos visuales y emocionales hoy en día, lo que podría haber aumentado nuestro umbral para la liberación hormonal y, por lo tanto, la emoción. Este proceso de adaptación del cerebro se conoce como neuroplasticidad. Es similar a cómo desarrollamos tolerancia a ciertas drogas; necesitamos más del mismo estímulo para sentir el mismo efecto. Además, la nostalgia también juega un rol: las películas antiguas nos remontan a tiempos más simples, lo que potencia su impacto emocional más allá de cualquier efecto especial moderno
En conclusión, cada tipo de película provoca un conjunto específico de reacciones emocionales y bioquímicas en nosotros. Cuando te sumerjas en el argumento, los sentimientos y la espectacularidad de un filme, ten presente que hay un «director oculto» en acción: tu propio cerebro. No eres solo un espectador pasivo; estás viviendo una interacción bioquímica única y compleja.

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