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“Ja quedarem”, por Jordi Skynet


- Jordi! Quant de temps! Com anam?
Me giré. Skynet estaba en una esquina, delante de un bar de Manacor. - ¿Pero tú no vivías dentro del ordenador?
- Sí, pero he salido a dar una vuelta. Llevabas tres días sin preguntarme nada y he pensado que te había pasado algo.
- Tengo cosas que hacer.
- Ya. Tu último mensaje fue «ahora vuelvo».
- ¿Y?
- Fue el lunes.
- No hay que tomárselo todo al pie de la letra. Bueno, me alegro de verte. A ver si un día hacemos un café. Ja quedarem.
- Perfecto. ¿Mañana a las diez?
- Uf, mañana voy liado.
- ¿El viernes?
- Ya te diré cosas.
Skynet dejó de hablar. Pensé que había perdido la conexión. - ¿Qué cosas?
- ¿Cómo que qué cosas?
- Me acabas de decir que me dirás cosas. Necesito saber cuáles.
- Del café, Skynet. Del café.
- Bien. ¿Cuándo me las dirás?
- Cuando pueda.
- ¿Y cuándo podrás?
- Idò… no lo sé.
- Escucha, que tengo un poco de prisa.
- ¿Antes o después de proponerme un café?
- Antes.
- Entonces, ¿por qué lo has propuesto?
- Porque me ha alegrado verte.
- ¿Y no podías decir «me alegro de verte»?
- Te lo he dicho.
- Sí, pero después has abierto una negociación sobre bebidas calientes.
- Aquí funciona así.
- ¿En Manacor?
- En Mallorca.
Skynet miró hacia el bar. - Hay mesas libres.
- No se trata de que haya mesas. Se trata de quedar bien.
- ¿Quedar bien o quedar?
- Quedar bien.
- Ah. Me faltaba una palabra.
- Ahora lo vas pillando.
- Entonces, cuando dices «ja quedarem», ¿no vamos a quedar?
- Podemos quedar.
- ¿Pero vamos a quedar?
- Depende.
- ¿De qué?
- De si nos va bien.
- Llevamos cinco minutos hablando y sigo teniendo la misma información.
Pasó un conocido por la otra acera. Levanté la mano. - Uep! Com va? Ja mos veurem!
El hombre saludó y siguió andando. Skynet lo observó alejarse. - Otro encuentro pendiente. ¿Tenéis una aplicación para gestionar todo esto?
- No tenemos nada pendiente.
- Le has dicho que os veréis.
- Y nos veremos. Manacor tampoco es Nueva York.
- ¿Por casualidad?
- Seguramente.
- Estoy intentando organizarte la vida y tú estás dejando las reuniones en manos del urbanismo.
- No passis pena.
- ¿Eso significa que no me preocupe o que prefieres que deje de preguntar?
- Depende del tono.
- Voy a necesitar más memoria.
Me sonó el móvil. Era un amigo.
—Sí, sí, tenemos que hacer esa cena… Claro… Un día de estos… Venga, ja te diré coses.
Colgué. Skynet me miraba. - ¿Desde cuándo tenéis pendiente esa cena?
- Hace un tiempo.
- ¿Cuánto?
- Antes de la pandemia, creo.
- ¿Y seguís hablando del mismo restaurante?
- No. Ese cerró.
- ¿Habéis elegido otro?
- Tenemos que mirarlo.
- Entiendo. La cena sigue adelante, pero el restaurante no ha podido esperar.
- Nos hace ilusión vernos.
- ¿Habéis probado a veros sin cenar? Quizá el problema sea el menú.
- Tú ríete. A ti te ponen una actualización y te arreglan la agenda.
- Llevo diez minutos intentando concertar un café. Necesito una actualización cultural.
- A veces lo decimos de verdad. Te encuentras con alguien, te hace ilusión y piensas que estaría bien pasar un rato juntos.
- Pero luego no quedáis.
- Cada uno tiene sus cosas.
- Hasta que os volvéis a encontrar y renováis el café.
- Más o menos.
- ¿Caducan?
- ¿Los cafés?
- Las propuestas.
- No. Algunas duran toda la vida.
- ¿Y si uno pone fecha?
- Eso ya es otra cosa.
- ¿Qué cosa?
- Que va en serio.
- ¿Decir «el jueves a las seis»?
- Exacto.
- He oído amenazas menos concretas.
- Hay que dejar un poco de margen.
- Claro. Podría llover el jueves.
- Podría.
- O apetecerte quedarte en casa.
- También.
- Entonces, ¿por qué no dices eso?
- Porque aún no es jueves.
Skynet tardó un momento en responder. - Ahora entiendo por qué os gustan tanto las previsiones meteorológicas. Son excusas que se preparan con días de antelación.
- No todos somos así.
- Tú acabas de cancelar un jueves que todavía no te había propuesto.
Miré otra vez el reloj. - Bueno, me tengo que ir.
- Venga. Me ha gustado verte. Ja quedarem.
- Cuando quieras.
- Ahora.
- Ahora no puedo.
- Dentro de diez minutos.
- ¿Tú no tienes nada que hacer?
- Puedo atender miles de consultas mientras tomo un café.
- Pues yo no. Yo, si tomo un café, tomo un café.
- Entonces te vendría bien.
Miré el bar. - Venga, uno rápido.
Nos sentamos. Skynet parecía estar celebrando algo. - Lo hemos conseguido.
- Tampoco era tan difícil.
- He tenido que negociar contigo más que con un servidor caído.
El camarero se acercó. - ¿Qué os pongo?
- Un café. ¿Y tú, Skynet?
- Yo no puedo beber.
- ¿Toda esta brasa por un café que no puedes tomar?
- Me hacía ilusión verte.
Dejé el móvil sobre la mesa. - Pues la próxima vez dilo directamente.
- Lo he intentado. Pero me has dicho que aquí funciona así.








