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“Si alguien pretendía engañarle salía el lobo que había dentro de él”

Juan Manuel, con su entrevistadora, Ana Mascaró

Juan Manuel conoció a Marcos Rodríguez, “el niño lobo de Sierra Morena”. Le miró a los ojos, le habló y descubrió al hombre que había detrás de la leyenda. Lo conoció en Costitx, y luego viajó cinco veces a Ourense para visitarle. Se convirtieron en grandes amigos. La historia del “niño lobo de Sierra Morena” marcó a toda una generación. La gente le conoció por documentales y por la película “Entre lobos”. Marcos no era un lobo, era un niño que tuvo que ser lobo para sobrevivir.
Juan Manuel y yo nos citamos en un bar de Manacor, con dos refrescos sobre la mesa. Fue una charla muy especial, de esas que no se olvidan. Con calma, sin prisa.

Marcos consideraba a los animales sus verdaderos amigos
  • ¿Dónde y cómo conociste a Marcos, “el niño lobo de Sierra Morena”?
  • Le conocí en Costitx, en el año 1982. Trabajábamos en la misma empresa. Supimos quién era porque nos dijo que aparecía en el libro “Salvática”, lo buscamos y nos dimos cuenta de que era el “niño lobo”.
  • ¿Qué edad teníais en aquel entonces?
  • Yo tenía 28 años y él unos 36.
  • ¿Cuál fue tu primera impresión?
  • Al conocerle me dio la impresión de que no era como los demás, le veíamos un poco raro. No era muy coherente con la realidad que le rodeaba.
  • ¿Qué clase de relación tuvisteis?
  • Éramos grandes amigos y compañeros. Había algo muy espontáneo en su carácter, era nervioso, muy visceral, y cuando se enfadaba tenía el colmillo muy afilado. Estaba bastante quemado por los abusos de la sociedad y los de sus superiores en el trabajo. Para mí fue un gran compañero y un gran trabajador.
  • ¿En qué trabajó?
  • Trabajaba en un bar de Palma, en la calle Aragón. Un empresario le conoció y se lo llevó a trabajar a Costitx. Pero le llevó con engaños. Le dijo que le daría una casa, pero aquello ni siquiera parecía una casa. Trabajó en una obra sin electricidad, con hormigoneras con motor de gasolina., y tuvo un accidente con una de esas hormigoneras, el engranaje le pilló dos dedos y se volvió loco del tremendo dolor, estaba desesperado. Quedó marcado. A raíz de este accidente hubo un juicio, dicen que su jefe pagó un millón al juez y que este perjudicó a Marcos. Fue una gran injusticia, pues teniendo toda la razón salió mal parado. Había mucha gente que le apoyaba y estaba a su favor, porque sabían que Marcos decía la verdad. El pueblo se cabreó bastante.
  • ¿Te habló de aquel entorno salvaje y de los lobos?
  • Claro que sí. Realmente los lobos eran su familia, eran como hermanos para él. Cuando era niño y tenía la cara manchada de comer carne cruda como el resto de lobos, venía la mamá loba para limpiarle la cara con su lengua. Dormía con ellos, vivía con ellos, cazaba con ellos… Se hizo amigo de todos los animales del bosque, excepto del jabalí. El jabalí no era de fiar.
  • ¿Alguna anécdota especial?
  • Marcos siempre fue muy sincero con nosotros. Al principio, cuando nos decía que vivió con lobos, no le creimos. En una ocasión tuve una pequeña discusión con él, le dije que los perros de los pastores eran superiores a los lobos. Él se puso en modo defensa total de los lobos. Me dijo: “¿Pero qué dices? El lobo es mucho más fuerte y mucho más inteligente”. Los defendía a muerte.
  • ¿Cómo era su forma de comer y moverse?
  • Me llamó la atención que, en una ocasión, cogió la comida del plato de los perros y se la comió. De pequeño pasó mucha hambre. En los montes de Sierra Morena corría como un salvaje y comía carne cruda con los lobos. Dormía con ellos sobre hojas y se curaba las enfermedades con hierbas. También curaba a los lobos enfermos con esas hierbas que tan bien conocía.
  • ¿Qué cosas del mundo civilizado le costaron más aprender?
  • No hubo manera de enseñarle a leer y escribir. Para firmar, lo hacía con un sello especial. Conocía el valor del dinero, en ese sentido se manejaba bien.
  • ¿Era tímido, desconfiado, cariñoso…?
  • Era simpático, muy simpático, un gran compañero. Le gustaba mucho cantar, todo el día cantaba saetas. Tenía buena voz y cantaba bien, nos gustaba oirle cantar. Era muy fumador y bebía mucho vino, no le gustaba la cerveza. Desconfiaba de los extraños, de la gente que no conocía, pero cuando estaba entre amigos se relajaba.
  • ¿De qué se reía, y qué cosas le ponían triste o nervioso?
  • Se reía entre amigos, y se ponía nervioso con las injusticias. Si alguien pretendía engañarle salía el lobo que había dentro de él. Marcos tenía un gato llamado Amor, y un día lo encontró atropellado. Se puso muy triste. Había mucha gente que quería aprovecharse de él y abusaban de él, eso le hacía sentirse muy mal.
  • ¿Qué era lo que más le gustaba?
  • Le gustaba ir a las verbenas a bailar con su novia Cati, ir al Bar Central de Costitx a merendar o a tomar algo, pero casi siempre estaba trabajando. Incluso trabajaba los domingos limpiando el coche a sus jefes. Solo libraba los domingos por la tarde.
  • Los lobos fueron muy importantes en su vida, le acogieron y le enseñaron su lado instintivo. ¿Cómo lo recordaba él?
  • Él pensaba mucho en los lobos y los recordaba. Le gustaba aullar. Marcos decía: “Yo estaba muy bien con ellos, los lobos nunca me traicionaron. Con ellos yo era feliz, en la selva nadie abusaba de mí”.
  • Marcos imitaba el trino de todas las aves, el aullar del lobo, su lenguaje corporal…
  • Me decía que se entendía con todos los animales. Con una hoja de árbol sabía imitar y comunicarse con las aves. Cuando veía a las aves volar sabía si venía gente, solo con ver el movimiento de las alas y la forma de volar sabía si había alguien por allí. Entonces se escondía, tenía miedo a los humanos. Cuando alguien se acercaba los lobos aullaban para protegerle. Mucha gente le buscaba, querían coger al “niño lobo”, pero no lo conseguían. Hasta que un día le cogieron.
  • Su padre lo vendió a un pastor del bosque, ¿no?
  • Sí, al morir su madre, su padre se volvió a casar. La madrastra le maltrataba, no le alimentaba lo suficiente, y su padre lo vendió. Su infancia fue dura, muy dura. Su padre lo llevó a un terrateniente propietario de un cortijo, y el encargado lo llevó al cabrero. Marcos me contó que el cabrero le pegaba. Dormían en una cueva. El cabrero le enseñó todo tipo de hierbas curativas, pero estaba muy enfermo, y ya no se pudo hacer nada por él.
  • ¿Marcos temía más a las personas que a los animales?
  • Sí. En una ocasión la Guardia Civil perseguía al hijo de un pastor, y Marcos le ayudó a esconderse. Los lobos también colaboraron despistando a los perros de la Guardia Civil. Los lobos y Marcos eran una manada, un gran equipo.
  • Le ayudó muy poca gente, ¿no?
  • Conoció a un agente de la Policía Nacional en Palma y se fue con él a Galicia. Vivieron juntos hasta que el policía murió. Yo le visitaba en Ourense y pasábamos semanas juntos, éramos amigos y compartíamos muchas cosas. Allí le buscó el director de cine que hizo la película “Entre lobos”.
  • ¿Te acuerdas de alguna otra anécdota especial?
  • Marcos tenía como mascota a una lechuza, se posaba en su brazo y le daba comida de su boca. Ella se lo agradecía con su vuelo y su forma de mover las alas, él entendía su lenguaje. Los animales eran sus amigos.
  • ¿Hay algo más que la gente no sepa y te gustaría contar?
  • Marcos hacía conferencias por toda España. Su historia también llamó mucho la atención de periodistas europeos, que se desplazaban hasta Ourense para entrevistarle. Referente al juicio, su jefe mintió descaradamente al decir que cuando se pilló los dedos con la hormigonera trabajaba en otro sitio, y no con él. Eso era mentira. Perdió un juicio en el que podría haber ganado mucho dinero.
  • ¿Qué otras cosas te contó?
  • En una toma de la película iba en bicicleta, con una escopeta de cartuchos, y me dijo que una piedra hizo que se cayera de la bicicleta. Se enfadó y gritó: “¡corten!”.
  • ¿Fue dura la vuelta a la civilización para Marcos?
  • En varias ocasiones me contó que cuando el cabrero falleció intentó hacer un hoyo para enterrarlo, pero al girarse vio que los buitres ya se lo habían comido. Me dijo: “No pude hacer nada, porque al acercarme los buitres me atacaban a mí. Los buitres son muy rápidos, y yo era solo un niño”.
  • ¿Cómo describirías a Marcos?
  • Fue bastante incomprendido por la sociedad. Yo le tuve un gran respeto. Fui a verle a Ourense cinco veces, porque nos hicimos amigos y me quedaba allí a vivir un tiempo. Compartió muchos recuerdos conmigo. Era muy valiente, crió una pequeña serpiente de raza grande y estaba siempre con ella, dormían juntos. La serpiente le protegía, era su mascota.
  • ¿Cuándo fue la última vez que hablaste con él?
  • Hablé con él el pasado 22 de enero, y ya me dijo que no se encontraba bien. Creo que murió de cáncer de pulmón, fumaba mucho. Sentí mucho su fallecimiento, este pasado mes de agosto.
  • ¿Deseas añadir algo más?
  • Quiero dar las gracias a Manacor Comarcal por su gran profesionalidad, y a ti, Ana, por tu tiempo. Gracias de corazón.

La historia de Marcos es triste. Su madrastra le pegaba, no le alimentaba, y su padre lo vendió. Vivió con un anciano cabrero en el bosque guardando cabras, y cuando este falleció, quedó en el bosque completamente solo. Vio a unos cachorros de lobo, se puso a jugar con ellos, y se convirtieron en su familia. Estuvo con ellos desde los 6 años hasta los 19. Los lobos lo alimentaban, le daban carne, cariño y compañía. No le faltaba nada. Cuando le trajeron a la sociedad lo pasó mal entre los humanos,. Se burlaban de él porque no sabía comportarse. Le engañaban y se aprovechaban de él. Al principio Marcos no podía soportar el ruido de la ciudad, tuvo que aprender a andar derecho y para ello le pusieron unas tablas en la espalda. No sabía su propio nombre. Al reencontrarse con su padre, no le reprochó nada. Nunca presentó cargos contra él por haberle vendido. Para él, el mundo de los humanos era el de las palizas. Habría preferido quedarse en el monte. Los animales nunca le traicionaron. Aullaba para recordarlos. Los animales no le mentían ni le hacían sentirse mal. Allí nadie le pegaba, nadie le robaba. Aullaba y le contestaban. Aquí queda reflejada la sociedad en la que vivimos. Tenemos tanto que aprender…
Mientras nos terminamos los refrescos, Juan Manuel y yo nos miramos y nos quedamos pensativos. En aquel bar de Manacor la entrevista termina con una historia que no se olvida. El “niño lobo” descubrió que el corazón de los lobos fue más honesto que el de la raza humana.

El “niño lobo”, junto a su amigo Juan Manuel
Con una hoja de árbol Marcos sabía imitar a las aves y comunicarse con ellas

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