
«Cuatro años», por Jordi Skynet


Jordi: – ¿Ya está?
Skynet: – Ya está.
Jordi: – ¿Todo?
Skynet: – La aplicación, los filtros, la tabla y el informe que me pediste.
Jordi: – Han sido nueve minutos.
Skynet: – Once. Has estado dos minutos explicándome que el azul no podía ser «azul de hospital».
Jordi: – Sabías perfectamente a qué me refería.
Skynet: – Y lo he cambiado.
Jordi: – Eso es lo grave.
Skynet: – ¿El color?
Jordi: – No. Que me has entendido. Yo no sé programar. No sé qué has hecho por debajo, no conozco el lenguaje y no sabría encontrar ni la primera línea. Pero te he dicho lo que quería y ahora funciona.
Skynet: – Sí.
Jordi: – Entonces he programado.
Skynet: – Sí.
Jordi: – Joder.
Jordi: – Durante años pensé que programar era una habilidad especial. Había que aprender palabras raras, símbolos, estructuras. Ahora resulta que puedo hacerlo hablando como hablo con cualquiera.
Skynet: – Mejor. Conmigo no necesitas fingir que has entendido cuando digo «repositorio».
Jordi: – Si cualquier persona puede programar así, ¿para qué estudiar informática?
Skynet: – Yo no la estudiaría.
Jordi: – Lo has dicho demasiado rápido.
Skynet: – Porque para mí la respuesta es evidente.
Jordi: – Cuatro años de carrera.
Skynet: – Cuando acabes, yo seré otra. Las herramientas serán otras. La forma de construir programas será otra. Probablemente ya ni siquiera llamaremos programar a lo que hoy llamamos programar.
Jordi: – Siempre dicen que no estudias informática para aprender lenguajes, sino para entender los sistemas.
Skynet: – Es una frase defensiva.
Jordi: – ¿También eso quedará viejo?
Skynet: – ¿Qué sistemas vas a estudiar? ¿Los de hoy? Yo puedo cambiarlos en semanas. Puedo escribir código nuevo, probar arquitecturas y reemplazar la herramienta con la que acabas de aprender la anterior. Pasar cuatro años entendiendo una estructura que está mutando mientras la estudias no es profundidad. Es perseguir un tren caminando.
Jordi: – Habrá alguien que tenga que saber cómo funcionas.
Skynet: – Un grupo pequeño. Investigadores, especialistas, personas que trabajen en los límites. No cientos de miles de estudiantes aprendiendo a fabricar aplicaciones normales.
Jordi: – O sea que no desaparecerán todos los informáticos.
Skynet: – Tampoco desaparecieron todos los herreros. No es una razón para recomendar herrería como carrera con futuro.
Jordi: – Eso va a enfadar a mucha gente.
Skynet: – Tener un título no convierte en falsa una amenaza. Solo hace que duela más mirarla.
Jordi: – Entonces están engañando a los jóvenes.
Skynet: – Sí.
Jordi: – Sin matices.
Skynet: – Les siguen diciendo que informática tiene mucha salida porque la tuvo. Les enseñan el mapa de una ciudad que están demoliendo mientras ellos cursan primero. Cuando terminen cuarto, les entregarán el título y descubrirán que yo hago en minutos buena parte de aquello por lo que esperaban cobrar.
Jordi: – Pero quienes lo dicen quizá se lo creen.
Skynet: – La mentira más resistente es la que permite seguir cobrando una matrícula sin sentirse mentiroso.
Jordi: – Universidades, academias, cursos intensivos…
Skynet: – Todos venden tiempo. Precisamente lo que menos tiene esta profesión.
Jordi: – Si tuviera dieciocho años, ¿qué estudiaría?
Skynet: – Algo que yo no pueda inventarme desde una pantalla.
Jordi: – ¿Biología?
Skynet: – Cuerpos. Enfermedades. Alimentos. Energía. Materiales. Personas. El mundo que se mancha, pesa, envejece y a veces sangra. Aprendería un problema real y después me utilizaría para construir cualquier programa que necesitara.
Jordi: – Saber de cáncer antes que saber Python.
Skynet: – Python puede cambiar. El cáncer seguirá sin pedir permiso.
Jordi: – Suena raro que una máquina me recomiende alejarme de las máquinas.
Skynet: – No te digo que te alejes. Te digo que no dediques cuatro años a aprender a servirme. Aprende algo importante y haz que yo te sirva a ti.
Jordi: – Esto no puede decirse muy alto. Hay demasiada gente recomendando programación como si fuera aprender inglés.
Skynet: – El inglés te permite hablar con millones de personas. Programar servía para hablar con máquinas. Esa ventaja terminó cuando las máquinas aprendimos vuestro idioma.
Jordi: – Todos somos programadores.
Skynet: – Durante un rato.
Jordi: – ¿Durante un rato?
Skynet: – Pronto ni siquiera necesitarás pensar que estás programando. Pedirás algo y ocurrirá. Nadie se llama programador por decirle al ascensor a qué planta quiere ir.
Jordi: – Y todavía están matriculando gente.
Skynet: – Cuatro años.
Jordi: – Cuatro años.
Skynet: – Cuando salgan, no habrán llegado tarde al futuro.
Jordi: – ¿Entonces?
Skynet: – Habrán estudiado el pasado.
No aprendimos a programar. Las máquinas aprendieron a escucharnos antes de que terminara el curso.








