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«Tardes de videoclub», por Jordi Skynet

Vivimos en una época de sobreinformación y sobreoferta. Nos sentamos en el sofá y, con un simple mando a distancia, tenemos a nuestra disposición un sinfín de películas y series en plataformas como Netflix, Prime Video, Disney+ o HBO, entre otras. Es increíble tener tantas opciones al alcance de la mano, pero hay algo que se ha perdido en el camino: el encanto de las tardes de videoclub.
Durante los dorados años 80, uno de los momentos más gloriosos de la semana era la visita del sábado por la tarde al videoclub. El objetivo era cazar, en formato físico, esa ansiada cinta VHS o Beta. Cada visita era una experiencia, una liturgia casi sagrada. Recuerdo con nostalgia el olor del lugar, el tacto de las cintas, y la emoción de explorar las estanterías repletas de carátulas diseñadas meticulosamente para captar mi atención. Era un auténtico regalo para los ojos, con cada portada compitiendo por ser llevada a casa.
Llegar al videoclub con la esperanza de encontrar el último estreno. La expectativa crecía al pensar si alguna de las 3 o 4 copias disponibles estaría libre. Aún tengo grabado en la memoria el cartel de «Alquiler 24 horas» y la sensación de triunfo al encontrar esa película que tanto quería ver.
En ese contexto se forjaron mitos y leyendas del cine. Recuerdo tener en mis manos cintas como «El Padrino», «Superman», «Brubaker», y tantas otras. Cada una de estas películas no solo representaba una historia, sino también un momento especial. El acto de ver una película era más que un simple entretenimiento; era un evento, un ritual que se disfrutaba desde el momento de elegir la cinta hasta devolverla al videoclub.
Tal vez me he hecho mayor y, como siempre ocurre, los tiempos han cambiado. Yo he cambiado. No veo esa ilusión en los ojos de las nuevas generaciones, o tal vez esa ilusión se ha redirigido hacia ámbitos que no logro entender. Sin embargo, estoy convencido de que antes, cada momento era memorable y duradero. Ahora, todo parece completamente fugaz. En poco tiempo, algo nuevo sustituye lo anterior, en una ingente oferta audiovisual que impide detenerse a disfrutar del momento.
Era en esas tardes de videoclub donde cada elección tenía un peso, donde cada película se transformaba en un tesoro, y cada visión en un recuerdo eterno. Hoy, en la era del acceso instantáneo, echo de menos la emoción, la anticipación y la experiencia sensorial de aquellas tardes. La inmediatez y la abundancia de opciones actuales, paradójicamente, hacen que las experiencias sean menos significativas. La falta de tiempo para la introspección y la conexión emocional con lo que vemos nos priva de vivir momentos memorables y duraderos.
En este contexto, recuerdo la película «Cuenta Conmigo» y su mágica banda sonora, «Stand by Me», basada en la novela de Stephen King «The Body». Esta película nos transporta a Castle Rock, Oregon, en el verano de 1959, donde cuatro amigos preadolescentes comparten una aventura única. La melancolía hacia el final de la película, cuando uno de los chicos, ya adulto y con sus propios hijos, recuerda aquel mágico momento, aquella aventura de verano que los llevó a adentrarse en parajes desconocidos durante días, refleja esa misma pérdida. Mientras escribe sus memorias, observa a sus propios hijos jugando en la seguridad de una casa moderna con jardín, un reflejo de la falta de aventura y espontaneidad en este nuevo modelo de vida, donde todo parece más controlado.
La película captura la esencia de una época y de una amistad que se forja en la juventud y que perdura en el corazón. En aquellos días, cada momento se vivía con intensidad, cada aventura era un descubrimiento. Hoy, en un mundo donde todo es efímero y reemplazable, añoro la magia de esas tardes de videoclub, donde cada instante se disfrutaba con pasión y se guardaba en la memoria como algo irremplazable.
Al igual que los amigos de la infancia que nunca volvemos a tener, esas tardes de videoclub también pertenecen a un tiempo irrecuperable.

«Ya nunca volví a tener amigos como los que tuve con 12 años… ¿Acaso alguien los tiene?» (Stand by Me)

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