Noelia Hernández, directora de la Fundació Trobada: “El nº de usuarios en lista de espera se ha triplicado”

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José María Sánchez

Noelia Hernández García (1982, Palma de Mallorca), licenciada en Filosofía, comenzó su carrera profesional como docente, aunque en estos últimos once años ha dirigido la Fundació Trobada, el único albergue del Llevant mallorquín, el mismo que desde el año 2017 pasó a formar parte de la red de albergues para la inclusión social del Consell de Mallorca. La Fundació Trobada abrió sus puertas hace 28 años, gracias a una iniciativa privada de parte de la familia de empresarios García-Prohens, y casi 30 años después, este recinto encara uno de sus momentos más complicados tras la llegada de la Covid-19, como bien nos explica su máxima responsable a lo largo de esta entrevista.

– Noelia, antes de empezar, me gustaría que me diera su opinión acerca del incidente que sufrieron el pasado jueves 1 de octubre, cuando uno o varios desaprensivos lanzaron varios botes de gas-pimienta por una ventana del albergue.

– Mi opinión no creo que sea muy relevante en este aspecto, yo simplemente me pregunto cómo me sentiría yo misma si me agredieran de este modo mientras estoy tranquilamente en mi casa. Al fin y al cabo, hablamos de un tema humanitario, ya que no hay diferencia alguna entre un usuario del centro y yo misma o usted. Este maltrato nos lo estamos haciendo a nosotros mismos.

– ¿Cómo ha cambiado el albergue una vez que comenzó la crisis de la Covid-19?

– Creo que como en todos los trabajos, esta crisis sanitaria ha cambiado todo en nuestro oficio. Solo hace falta fijarse en el modo en el que las medidas de protección contra el virus han cambiado la rutina de nuestros usuarios. La entrada y salida de nuestros clientes están reguladas por horarios, aparte del hecho de que cada uno de ellos se tiene que descalzar y ducharse nada más llegar al albergue. Asimismo, también ha cambiado mucho el acompañamiento que nosotros otorgamos a los usuarios, ya que los ritmos a la hora de buscar trabajo o solicitar una ayuda han cambiado bastante en apenas unos meses.

– Entiendo que estos últimos meses habrán sido los más difíciles en su trabajo….

– (Duda unos segundos) Los más difíciles no sé, pero los más complejos desde luego que sí. Esta crisis ha sido tan imprevisible que nos pilló a todos los servicios con la marcha cambiada, por lo que ha sido (y es) muy complicado gestionar algo tan complejo en tan poco tiempo.

– Más allá de proporcionar una cama y algo de comida a sus clientes, ¿cuáles son las otras funciones que tienen en su trabajo?

– Por un lado, nosotros tenemos el servicio de asistencia nocturna, que es un servicio primordial, y que pasa por facilitar una cama, higiene y alimentos a nuestros usuarios. Por otro lado, también está el servicio asistencial, formado principalmente por un educador y una psicóloga que tenemos en el centro, que se encargan de facilitar la reinserción sociolaboral de cada uno de sus clientes, mediante una atención directa e individualizada con el usuario.

– ¿Cuál es el perfil de los usuarios que visitan la Fundació Trobada?

– Normalmente, el perfil de los usuarios en el albergue suele ser muy variado, pero con la llegada de la crisis de la Covid-19, esta diversidad se ha acentuado aún más. Antes de la pandemia, el perfil de nuestros clientes respondía mayoritariamente a aquellos que se encontraban en una situación de clara exclusión social; sin embargo, después del confinamiento, han llegado también personas que jamás hubieran imaginado el tener que recurrir a nuestros servicios. Es decir, que ya no es un perfil tan claro de exclusión social. De hecho, antes de la pandemia, gran parte de los usuarios rondaban la edad de entre los 45 y 55 años, y esto es algo que ha cambiado con la llegada del coronavirus. Ahora hay más gente joven que a inicios de este año, lo que demuestra cómo está afectando esta epidemia en el sector laboral.

– ¿Cree que todavía existen prejuicios acerca de la gente que visita un albergue?

– En mi opinión, que llevo trabajando en este ámbito más de diez años, puedo asegurar que este oficio es uno de los que más prejuicios y estigmas arrastra. Yo aún me encuentro con comentarios muy dañinos, como que se les tilde de vagos, conflictivos o de que tengan problemas de adicciones, y eso no es así. De hecho, también hay muchos prejuicios con respecto a la procedencia de determinados usuarios, ya que hay gente que piensa que todos los que vienen a un albergue son inmigrantes, y esa es otra falsedad rotunda. Bajo mi punto de vista, los residentes de los albergues son uno de los colectivos menos visibilizados de toda la sociedad.

– Antes ha hablado de la enorme complejidad que ha traído el coronavirus a su trabajo. ¿De cuánto es la lista de espera que tienen actualmente?

– La verdad es que veníamos de una época en la que el servicio ya estaba saturado. En realidad, ni siquiera recuerdo la última vez en la que nuestro albergue no tuvo lista de espera. Justo antes de la pandemia, la lista de espera rondaba los diez usuarios, y ahora hay veintinueve. Es decir, el número de usuarios en lista de espera se ha triplicado tras el confinamiento. Y lo peor de todos estos datos es que todo apunta a que esa lista de espera aumentará en los próximos meses. De hecho, en estas últimas semanas hemos notado mucho ese aumento de clientes, un hecho que yo relaciono en gran parte con el fin de la temporada turística.

– Durante el estado de alarma, el Ajuntament de Manacor y el Consell habilitaron la antigua escuela rural de Sa Murtera para poder acoger a más personas sin techo, pero estas instalaciones ya han sido clausuradas. ¿Cree que Sa Murtera debería de ser reabierta?

– Esta escuela fue un establecimiento que nos ofreció el Ajuntament en un momento en el que nosotros ya empezamos a notar ese incremento de usuarios a nuestros servicios. En ese momento dado, la reapertura de Sa Murtera fue todo un alivio para nosotros, ya que pudimos desplazar a la mitad de nuestros usuarios a ese lugar. Por lo que respecta al momento actual, creo que la reapertura de otro centro no será tan necesaria, ya que ahora no estamos confinados. En cambio, sí que pienso que habrá que dar una gran prioridad a esas ayudas que necesitan nuestros usuarios, para no cronificar su estado en el centro, y así no aumentar la lista de espera hasta límites insospechados.

– Ante la saturación que están sufriendo, ¿tienen previsto hacer alguna clase de cambios en vuestra organización?

– En estos últimos meses nos estamos moviendo bastante por las redes sociales, para dar a conocer más nuestra labor y dar más alternativas al usuario, pero por el momento poco más podemos hacer. Por desgracia, son muchos los servicios que actualmente están saturados, y eso hace más difícil encarar este conflicto con un mayor número de garantías.

– Antes de acabar, Noelia, me gustaría que describiera sus sensaciones respecto a los próximos meses que se avecinan en su trabajo.

– Todo apunta a que nos enfrentaremos a unos meses bastante complicados…. Nosotros ya estamos concienciados, y por esa razón estamos trabajando de una forma muy estrecha con el IMAS (Institut Mallorquí d’Afers Socials), para buscar soluciones rápidas y efectivas a toda la problemática que tenemos ahora. De todos modos, no podemos olvidar que estamos ante una situación nueva y que anticiparnos a lo que pueda pasar no es fácil, por eso pienso debemos de adaptarnos lo más rápido posible a todos los conflictos que puedan surgir, y hacerlo lo mejor posible en cada momento.

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