
La Sirena, símbolo de Porto Cristo
Imperturbable, sensual, mirada entre observadora y soñadora, pose entre elegante y un tanto presumida. Así lleva treinta y seis años la Sirena de Porto Cristo, presidiendo el paseo que lleva su nombre y recibiendo las caricias, más o menos suaves, de la brisa marina que le llega de un mar recogido en la coqueta playa, cuyas aguas se esparcen hasta el horizonte donde se juntan el azul de sus aguas y el azul celeste de un cielo infinito.
Allí, en su trono, fue colocada tan preciosa y precisa escultura, obra de Pere Pujol, el sábado 23 de abril de 1988, en el marco de los distintos actos programados para la celebración del centenario de Porto Cristo. Cuentan las crónicas que la misma tarde de aquel día fue también inaugurado el monumento dedicado a la familia Vadell Pelats (1885), primeros pobladores del lugar.
Según documentación consultada, “el año 1988 el Ayuntamiento de Manacor encargó al escultor Pere Pujol la figura de una sirena para colocarla en un lateral del paseo del mismo nombre, en la primera línea de Porto Cristo. La razón fue para conmemorar la fundación de la Colonia del Carmen y por la reminiscencia de una primera figura de una sirena desaparecida después de la Guerra Civil…”. Una obra escultórica, la actual sirena de Porto Cristo, que según la citada documentación, “continúa siendo la única sirena pública de Mallorca y una de las pocas que hay en el mundo.” Sí, se puede contemplar una escultura de una sirena ubicada en los jardines del Club Náutico de Palma, pero en todo caso está ubicada en un lugar privado.
Pere Pujol, su autor
Como queda dicho, el autor de la escultura fue Pere Ferrer Pujol (Artà, 1934-Manacor, 2001), conocido artísticamente como Pere Pujol. De formación autodidacta, Pujol empezó a desarrollar su vocación por la escultura a muy corta edad modelando con barro figuras de belén, si bien no fue hasta los 32 años cuando una enfermedad le obligó a dejar su profesión de albañil y empezó a dedicarse plenamente a la escultura. Según consta en la enciclopedia “La pintura i l’escultura a Balears”, su obra se enmarca dentro de un realismo costumbrista, aunque también hizo incursiones en obra de formas más simplificadas, materializadas preferentemente en mármol.
Una de las obras más conocidas de Pujol son unos setenta personajes de las “Rondalles Mallorquines” de Antoni Maria Alcover, que fueron presentados en Barcelona el año 2000 participando en un desfile por las calles de la ciudad durante las fiestas de la Mercè. También creó obras representativas de temas populares mallorquines y de personajes de la payesía insular, como las “Matanceres”, “Començament de batre”, “Anada a la rota”, “Els tonadors”, “Collidores” o “Figuerals”. Asimismo, elaboró diversos pasos de Semana Santa. Por lo que respecta a su obra en espacios públicos, podemos citar la escultura dedicada al doctor Rafel Servera, situada en Cala Millor, la del pare Ginard, en Artà, y la “Sirena”, en Porto Cristo.
Sirena: definición y leyendas
La sirena se define como una figura mitológica, en un principio nombrada así a una criatura con el cuerpo de ave y el torso de una mujer. Con el tiempo, la idea de sirena empezó a asociarse a una criatura mitad pez, mitad mujer. Por lo general, la parte femenina de las sirenas se representa con gran belleza y líneas armoniosas. Es habitual encontrarnos sirenas con los pechos al descubierto, o tapados por sus propios cabellos.
Cabe destacar que las sirenas son ninfas: deidades femeninas de rango menor que suelen vincularse a un lugar natural específico. La mitología cuenta que se encuentran en el océano y seducen a los navegantes con su canto. Se dice, también, que la voz de la sirena tiene la capacidad de hechizar a los hombres.
Son numerosas las historias literarias y las leyendas tradicionales que tienen a la sirena como protagonista. Una de sus apariciones más famosas la encontramos en la obra la Odisea, el poema que se le atribuye a Homero. En este relato, Ulises decide tapar los oídos a sus marineros para que, al atravesar el mar, no sean hechizados por el canto de las sirenas. Por su parte, él se hace atar al mástil de la embarcación para escuchar a las sirenas sin lanzarse al agua.
En el marco de la mitología clásica, las sirenas son criaturas ligeramente difusas debido al remoto trasfondo de su origen. Eran consideradas como seres con cuerpo de pájaro y torso y rostro de mujer, poseedores de una voz musical prodigiosamente atractiva e hipnótica con la que embrujaban a los navegantes que pasaban junto a sus costas y los conducían a la muerte. La tradición las situaba habitando una isla rocosa del Mediterráneo, frente a Sorrento, en el litoral de la Italia meridional, en ocasiones identificada con la isla de Capri.
Además de haber estado presente en la mitologías griega y romana, la sirena también estuvo presente en otras mitologías, con sus distintas historias o leyendas. Así, la encontramos en el Medio Oriente, en los pueblos eslavos, en las Islas Británicas, en China, y también en la Península Ibérica, donde las historias de sirenas son muy famosas por la gran cantidad de relatos que han protagonizado. Las más populares están presentes en la mitología de Cantabria, Asturias, País Vasco, Extremadura y Galicia.
La primitiva sirena de Porto Cristo
A falta de recabar más información sobre la primitiva sirena que fue colocada en Porto Cristo y basándonos en el texto que comenta la foto-postal publicada en la página 28 del álbum “Porto Cristo temps enrere a través de la postal II”, editado por Joan Riera Bordoi, sabemos que la primitiva escultura estaba situada en lo alto de una columna, aguantando sobre su cabeza una farola que, a modo de faro, servía de guía a los pescadores para entrar al puerto.
Según cuenta Juan Moratille en su libro “Porto Cristo entre ayer y mañana”, “la Sirenita que guiaba con su farola las embarcaciones que entraban a puerto de noche fue derribada. La Sirenita, como es lógico, estaba desnuda, y sus pechos al aire, aunque de piedra, chocaban con la moral del nuevo régimen, y la estatuilla emblemática fue abatida. Tomeu Juan de ‘sa Plaça’ conservó mucho tiempo en su desván las piezas, pero ya las había tirado cuando se quisieron recuperar con ocasión del centenario”.










