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«VAR: desnudando la realidad del fútbol», por Jordi Skynet

El clásico entre el Real Madrid y el Barcelona, iluminado bajo las potentes luces del Santiago Bernabéu el pasado 21 de abril, no solo fue un despliegue de la esencia del fútbol español en su máxima expresión, sino también el acto de levantar el telón para espiar las complejidades que se cocinan detrás del escenario. Ante las airadas quejas del FC Barcelona, que se sintió menospreciado por decisiones arbitrales un tanto cuestionables, la federación tomó una decisión tan inusual como reveladora: hacer públicos los audios del VAR. Esto nos ha brindado un acceso VIP a ese diálogo interno que normalmente se guarda bajo siete llaves entre árbitros y jugadores.

Los audios divulgados, lejos de ser meras herramientas de revisión, se convirtieron en las entradas para un espectáculo de interacción intensamente humano y sorprendentemente paternalista. El tono del árbitro, en particular durante sus intercambios con Ferran Torres y Lamine Yamal, resuena con un matiz casi parental. A Ferran se le advierte con el cariño de un padre frustrado: «Ferran, no quiero tonterías que ya estuviste muy alterado.» Y a Yamal, como quien dice a un niño las reglas del juego, se le recuerda: «Yamal, la que es falta te la pido, pero no vayas tan fácil ahí.»

Estas palabras, lejos de ser meramente instructivas, revelan un aspecto casi teatral del juego, donde los árbitros, cual directores de escena, guían las emociones y acciones de sus actores principales, nuestros queridos jugadores. Este escenario nos muestra que detrás de cada pase y cada táctica hay un guion no escrito de emociones controladas, decisiones consensuadas y narrativas cuidadosamente dirigidas.

Los jugadores, usualmente ensalzados como héroes o despreciados como villanos en este gran drama, aquí parecen más bien personajes en una compleja obra de teatro, donde cada acción puede ser interpretada de mil maneras, y cada diálogo lleva un peso que va mucho más allá de las simples palabras. Compartir estos audios puede parecer un esfuerzo por restaurar la transparencia, o quizás, irónicamente, una estrategia para controlar aún más la narrativa del juego.

Este acto de apertura también nos obliga a desmitificar el romanticismo que rodea al fútbol, mostrando las costuras de un espectáculo en donde lo ‘espontáneo’ a menudo resulta ser tan espontáneo como un episodio de un reality show bien ensayado. Algunos aficionados podrían sentirse desilusionados al descubrir que su hermoso juego también es un espectáculo cuidadosamente orquestado, mientras que otros podrían desarrollar una nueva capa de apreciación por la destreza con la que se manejan estos hilos invisibles.

Reflexionando más allá del campo, especialmente entre los padres de futuros atletas, uno se da cuenta de que a menudo vemos a estos padres intensamente involucrados y emocionalmente cargados en las gradas, viviendo cada momento del juego con una pasión que puede igualar o superar la de los propios jugadores. Pero, al saber cuánto del mundo profesional del fútbol está coreografiado, realmente, ¿vale la pena enfadarse tanto? Tal vez, como padres y aficionados, deberíamos adoptar una perspectiva más medida y tranquila.

Para los jóvenes que sueñan con adentrarse en este mundo, entender la verdadera naturaleza del ambiente al que aspiran es crucial. El fútbol profesional, con toda su gloria visible, es también un escenario donde la frialdad y la falta de romanticismo predominan mucho más de lo que las cámaras captan. No solo se juega al fútbol aquí; se juega un juego de emociones, estrategias y espectáculos cuidadosamente coreografiados. Para los futuros jugadores, entender esta dimensión podría ser tan vital como dominar un pase o un tiro al arco.

En última instancia, los audios del VAR nos invitan a una reflexión profunda sobre la naturaleza del fútbol y de cualquier deporte como espectáculo. Nos desafían a considerar cómo la transparencia y la actuación se entrelazan en una danza compleja, donde la verdad y la representación son, efectivamente, caras de la misma moneda. Este intramundo, ahora parcialmente desvelado, nos ofrece una perspectiva más rica y matizada del juego, reconociendo tanto su belleza como su meticulosa construcción.

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