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«Los pacificadores», por Miquel Mas

Mª Antònia Sansó del PP les ganó, en un anterior Pleno, una votación al equipo de gobierno al haber conseguido adjudicarse por 12 a 9 una moción para que se abriera al tránsito rodado la plaça des Cós, como así contempla el proyecto inicialmente aprobado. Parece ser que el alcalde se burló del resultado por ellos obtenido y les dijo que mantendría la norma de prohibición circulatoria ya decidida. Así que la señora Sansó le preguntó al secretario sobre si se podía proceder de esta manera contra la mayoría y le contestó que el alcalde, en función de sus competencias sobre movilidad, tenía autoridad para hacerlo.
Cuando me contaron que el alcalde de forma totalitaria hacía lo que quería y que le daba igual el resultado de unas votaciones en contra aunque pudieran ser mayoritarias por parte de la oposición, pensé que Miquel Oliver no habría actuado ni bien ni mal sino todo lo contrario, porque como alcalde, en este caso, para ejercer sus competencias y cerrar la circulación de vehículos por la plaça des Cós, primero debería recepcionar las obras si no lo están, tal y como se aprobaron en el proyecto, y solamente después podría presentar una propuesta de cambios para que fuera aceptada, ya sea por mayoría absoluta o por mayoría simple en segunda votación. Claro que si el adjudicatario de las obras todavía no las ha entregado o el Ayuntamiento no las ha recibido, la plaza puede seguir estando cerrada al tránsito precisamente “por obras” mientras dure la situación. Y el secretario obviamente está para todos y se le puede preguntar lo que sea, y quiero creer que en ningún caso quiso prevaricar y que tan solo se limitó a contestar a lo que se le preguntaba, pero lo que diga el secretario no es palabra de Dios y por eso todos los partidos tienen su propia asesoría jurídica. Y quede claro que la voluntad del Pleno es soberana y de obligado cumplimiento.
Ahora, el Partido Popular, según dice su portavoz que “por coherencia y responsabilidad”, nos sorprende con una abstención -que es toda una declaración de intenciones- para facilitar la creación de una gerencia de Urbanismo, tan ansiada por el alcalde Miquel Oliver, y éste, en agradecimiento, aceptará la condición solicitada por “las tres oposiciones” de abrir a la circulación rodada la plaça des Cós y va a considerar un nuevo ordenamiento sobre la ZPR y, si quieren, también cantará el “Sursum Corda”.
Quiero decir, antes de que se me olvide, que el nombramiento de un gerente que se supone será externo y a gusto del alcalde en el área de Urbanismo no va a solucionar nada que no pueda solventar un alto funcionario propio o el mismo delegado, y que el departamento seguirá siendo el más complicado de regir sencillamente por los intereses políticos y económicos que representa, aunque siempre puede servir para colocar a algún simpatizante del partido que, por ejemplo, se haya quedado sin empleo. Y Mª Antònia Sansó quizá pueda reclamar todavía aquella oferta retributiva que tenía que servir para paliar las carencias de un equipo de gobierno inepto porque entonces estaba en minoría. Además ignoro si ciertamente todos los vecinos de la plaça des Cós se sienten ahora más satisfechos pero, para quienes no lo estén, que no desesperen, porque cuando la gerencia esté bien ocupada seguramente volverán a cerrar la plaza. Miquel Oliver se manifiesta como de piñón fijo en cuanto a su tema estrella de “pacificar” la ciudad, y además ya sabe cómo manejar los tiempos: dar un paso atrás ahora para que le suponga poder dar dos pasos al frente más adelante.
Otra cosa. Ya que dinero hay para lo que interesa: gerencias, retribuciones extras, bonos comerciales, maravillosos y carísimos “encantamientos” preelectorales, etc., resulta vergonzoso y hasta ofensivo el haber privado a los ciudadanos de unas simples campanadas de Fin de Año, dicen que por falta de presupuesto cuando su coste estimo que sería irrisorio; también de una cabalgata de Reyes anulada parcialmente “por responsabilidad” debido al anuncio de inestabilidad meteorológica, dejando en evidencia a todos los demás pueblos de la isla que “irresponsablemente” la llevaron a cabo sin problemas y además sin otras cuestiones de connotación racista y que aparte de cargarse la ilusión de unos niños han conseguido involucrar a toda la población en unos hechos lamentables. También decir que el “dimoni gros” tendrá que espabilar, porque cuanto más miro como baila y se desenvuelve, más entiendo cuánto puede haber costado la complejidad de su relevo, mal que les pese a algunos, claro que los anteriores dejaron el listón bastante alto a pesar de ser unos grandísimos machotes.

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