Después de que el Parlament Balear aprobara la semana pasada, y en el día del estreno de Antoni Pastor como portavoz del Partido Popular, la enmienda a la Ley de Carreteras con los votos del Partido Popular y Unió Mallorquina, se suscitaron las lógicas dudas entre la población. Dudas centradas poco más o menos en si respecto a la interrelación entre los poderes legislativo y judicial era primero el huevo o la gallina.
Los hay que defienden que una sentencia firme es una sentencia firme, y no tiene marcha atrás. Pero en ningún caso podemos olvidar que el poder judicial debe inexcusablemente limitarse a aplicar las leyes aprobadas por el legislativo.
En caso de no gustar una nueva ley o la modificación de la misma, sólo cabe un recurso de inconstitucionalidad. De lo contrario se impondría la tiranía de un poder no representativo de la voluntad soberana del pueblo manifestada a través de las urnas.
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