El conflicto catalán, visto por nuestros políticos manacorins

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Chema Sánchez

Desde hace cuatro o cinco años, los medios de comunicación de toda España (y de todo el mundo), han situado siempre al conflicto catalán como uno de los hechos noticiosos más relevantes de las últimas décadas. Referéndums ilegales, cargas policiales excesivas, decapitaciones de líderes políticos…un sinfín de hechos que han sido analizados hasta la extenuación por periodistas, abogados, sociólogos o politólogos. Sin embargo, son muy pocas las personas que han aún recuerdan el verdadero porqué de este asunto. Ya prácticamente nadie se acuerda de cuando y como comenzó realmente esta lucha de trincheras entre ambos bandos. Dos facciones, la españolista y la independentista, que desde hace años, parecen más dispuestas a odiarse que a hablar entre ellas.


Aunque no lo parezca, todo comenzó a finales del año 2003. En ese momento, la extinta CIU (Convergència i Unió) perdió la Generalitat, después de 25 años gobernando Cataluña de forma ininterrumpida. En su lugar, tomó el poder un tripartito de izquierdas, formado por el PSOE, Esquerra Republicana e Iniciativa per Catalunya, en el que Josep Maragall ostentaba el cargo de Presidente de la Generalitat. Esta coalición de izquierdas hizo de la reforma del Estatut su principal medida. Un proceso que recibió oxígeno de Madrid, cuando Rodríguez Zapatero ganó las elecciones generales en marzo de 2004. Desde ese momento, el contacto entre la Generalitat y la Moncloa es constante y reiterado. De hecho, apenas dos años después, la norma fue aprobada mediante un referéndum. Todo esto provoca, que a partir de ese momento, Convergència (lo que hoy todos conocemos como el PDeCAT) empiece a competir con Esquerra por la pugna del voto independentista. En este caso, hablamos de algo que nunca había sucedido con esta formación, ya que a diferencia de Esquerra Republicana, el PDeCAT jamás había apostado por el derecho a decidir.
Esa mutación de la antigua Convergència, en la que pasa de españolista a soberanista en apenas unos años, provoca el comienzo de una relación mucho más cercana y estrecha entre las dos fuerzas independentistas. Una relación que recuerda en muchas ocasiones al eterno conflicto de “ni contigo ni sin ti”, que tan frecuentemente aparece en la filmografía de François Truffaut. El alcalde de Manacor, Miquel Oliver, opina sobre esta complicada relación. “No veo claramente cuál es la hoja de ruta de Puigdemont y Torra, aunque esto tampoco quiere decir que Esquerra tenga que desmarcarse de ellos; supongo que Esquerra sabe lo que hace, y porque se junta con ellos”, asegura el máximo dirigente de Més en Manacor.

2010, el año en el que se acelera todo

Muchos recuerdan el año 2010 por ser el año en el que la selección española ganó el Mundial de Sudáfrica. Sin embargo, lo que muy pocos recuerdan es que ese mismo año el conflicto catalán empieza a ganar protagonismo en los telediarios de cualquier medio de comunicación del país. Todo gracias al Tribunal Constitucional, que tras aceptar una recogida de firmas contra el Estatut comandada por el PP de Rajoy, recorta algunos aspectos esenciales de la norma catalana, como los relativos a la descentralización del poder judicial o el uso preferente del catalán por parte de las administraciones públicas.


Lo que vino después de esto, más o menos todos lo recordamos. Artur Mas se convierte en presidente de la Generalitat, mientras que las sospechas de corrupción en Convergència siguen aumentando con el paso de los meses. De este modo, Mas decide unirse definitivamente a la causa independentista, lo que provoca que Esquerra y Convergència se conviertan en los dos partidos referentes del derecho a decidir en Cataluña. A lo largo de los siguientes años, el escenario de este conflicto se convierte en una serie de HBO. La tensión entre la región catalana y el resto del país empieza a subir. Al mismo tiempo, Mas impulsa una consulta no vinculante para la que queda inhabilitado, y la CUP pide su cabeza para reimpulsar la causa independentista. Esto provoca la llegada de Carles Puigdemont a la Generalitat. Las directrices a Puigdemont son claras. Su misión pasa por organizar un nuevo referéndum, una consulta que finalmente tiene lugar el 1 de octubre de 2017. A pesar de que dicho referéndum no contaba con las garantías legales para ser aprobado por el Estado español, el Gobierno de Mariano Rajoy manda un gran número de efectivos policiales a varias zonas de votación. El resultado es demoledor para ambas partes.
Imágenes de cargas policiales indiscriminadas dan la vuelta al mundo. Gran parte de la prensa nacional e internacional evoca épocas pasadas de nuestro país, donde la libertad de expresión, de reunión o de manifestación se reprimía a través de la violencia. Asimismo, la desproporcionada y salvaje reacción del Estado español ante el falso referéndum de Puigdemont, induce a pensar erróneamente a una parte del independentismo, de que la declaración unilateral de independencia es la única salida posible a este conflicto. Tanto es así, que apenas unas semanas después, el president de la Generalitat declara una DUI simbólica que empuja a PP, Ciudadanos y PSOE a aplicar el 155 en la autonomía catalana. Finalmente, Puigdemont huye a Bruselas, y Quim Torra le sustituye al frente de la Generalitat. El último capítulo (hasta ahora) de esta interminable historia pasa por la histórica sentencia del Tribunal Supremo en este mes de octubre, en la cual se ha condenado a casi todos los políticos independentistas a penas de al menos 10 diez años de cárcel, por delitos de sedición y malversación de fondos.

El juego de la culpa

Ya ha transcurrido casi una década desde que este conflicto empezara a cobrar importancia. Casi diez años que dan para analizar multitud de hechos polémicos provenientes de ambas partes. ¿Es tolerable la instrumentalización partidista del Parlament de parte del sector independentista? ¿Son tolerables las excesivas cargas policiales del 1-O, y más cuando estas se realizan en un referéndum sin validez alguna, a la que acuden individuos que solo quieren decidir el futuro de su región? ¿Es tolerable el clima de crispación y de desencanto creado por ambas partes en este conflicto? A lo largo de todos estos años, las culpas en este conflicto siempre han sido para la otra parte. No hay duda de que la autocrítica de nuestros políticos respecto a este asunto ha estado más bien ausente. Sobre este tema habla también el alcalde de Manacor, Miquel Oliver. “Las dos partes han…

TODAS LAS OPINIONES DE MIQUEL OLIVER, CARLES GRIMALT, CARME GOMILA, NÚRIA HINOJOSA Y MARIA ANTÒNIA SANSÓ, EN LA EDICIÓN IMPRESA DE “MANACOR COMARCAL”.

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